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08 octubre, 2012

SI LAS ESTADÍSTICAS FUERAN LO QUE NO SON

 
 
Imagen: Sello del desaparecido negocio de coleccionismo musical en  Sevilla. 
 
 

El 77% comparte los motivos del 25-S

Dos de cada tres ciudadanos apoya los argumentos de la protesta y el 91% augura más manifestaciones

La protesta del 25-S era solo la espuma de un mar de fondo de malestar que ha calado entre los ciudadanos, aunque el presidente del Gobierno se apunte a su favor a los silentes.
Mariano Rajoy alabó la pasada semana a “la mayoría de españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa y que no abren los telediarios” y la contrapuso al 25-S o a cualquier otra muestra de descontento ciudadano en las calles. Daba a entender que las protestas son minoritarias. Sin embargo, es mayoritario el número de ciudadanos que están indignados aunque se mantengan aún silentes. En la Plaza de Neptuno solo estuvieron varios miles de ciudadanos, pero hay un caldo de cultivo evidente para lo que se ha dado en llamar el otoño caliente.
Hasta un 77%, tres de cada cuatro ciudadanos, comparte los argumentos de los manifestantes del 25-S en las proximidades del Congreso, según la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS.
La mitad de los encuestados asegura compartir los argumentos de la convocatoria y también las manifestaciones, lo que no coincide con la valoración del presidente del Gobierno en la que daba a entender que la mayoría la forman los españoles que se quedan en casa porque apoyan al Ejecutivo. Hay otro 27% que está en sintonía con los motivos de la protesta, aunque no con que se celebrara esa manifestación, en las proximidades del Congreso de los Diputados.
El Gobierno ha pretendido identificar la protesta con la intentona golpista del 23-F, con un acto de radicales violentos y con actitudes que tenían que ver con delitos contra las instituciones del Estado. Para eso aprovechó que la manifestación carecía de una organización estructurada y que tenía un programa de máximos que incluía reivindicaciones imposibles como la dimisión del Gobierno y hasta la apertura de un proceso constituyente. Sin embargo, solo un 17% dice no compartir los argumentos de la protesta, porque los ciudadanos deducen que se trataba de mostrar el malestar por la crisis económica y política. Significativamente, hasta un 61% de los votantes del PP, es decir, seis de cada diez, comparte los motivos, lo que refleja que el pesimismo, la desilusión y el malestar llegan incluso a quienes apoyaron a Rajoy hace 11 meses.
La comprensión hacia la protesta hace que cale la idea de que la actuación policial ese día fue excesiva. Esta tesis la apoya el 57% de los encuestados, frente al 32% que dice que fue adecuada y el 5% que hubiera estado a favor de mayor dureza contra los concentrados. El mensaje del Gobierno apoyando la actuación policial y tachando de violenta la protesta no ha prendido.
En este apartado, hay discrepancias notables entre los votantes populares y los socialistas: entre los que apoyaron al PP son mayoría quienes ven adecuada la conducta de los policías (66%) y, entre los segundos, quienes creen que se excedieron (80%). De esa manifestación y los posteriores incidentes, hubo una secuela en forma de propuesta de restringir el número de manifestaciones. O, más concretamente de “modular” el derecho de manifestación, según el verbo utilizado por la agitadora de la polémica, la omnipresente delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes.
La política del PP pretendía subirse a una ola de supuesto malestar ciudadano frente a la avalancha de protestas que supuestamente colapsan la capital. Sin embargo, esa sensación no es mayoritaria porque solo el 22% considera que el número de protestas es excesivo. El 50% entiende que es el adecuado y un 22% asegura que es insuficiente, es decir, que debería haber más protestas en las calles. Obviamente, la encuesta se ha hecho en toda España y no solo en la capital que es donde, según Cifuentes, la abundancia de manifestaciones incómoda a los ciudadanos.
En todo caso, los ciudadanos vinculan las protestas a la situación de crisis y a los recortes y auguran que las manifestaciones no han hecho más que empezar. Un 91% de los encuestados asegura que en breve habrá manifestaciones masivas frecuentes y un 79% ve próximas protestas ciudadanas violentas.
Hoy mismo hay una manifestación en Madrid convocada por el Foro Social que agrupa a sindicatos y asociaciones y el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, hizo ayer un llamamiento a sus militantes a sumarse a las protestas contra los Presupuestos.
Las otras consecuencias en las calles de la recesión y las dificultades de los ciudadanos serán, según el sondeo, mayor inseguridad ciudadana (84%), asaltos a comercios (64%) y boicots a bancos (61%). Un panorama muy negro acorde con el sentimiento de pesimismo que domina casi todas las respuestas de la encuesta. Por ejemplo, un 86% asegura que la situación política es mala o muy mala y un 46% culpa de los líderes políticos.
El malestar no solo toma la forma de disposición a salir a la calle y en rechazo a los políticos, sino también en una crítica a las instituciones y al marco legal. La Constitución, el referente del actual sistema democrático, sufre el desgaste por ese rechazo y aumenta notablemente el porcentaje de españoles que desean modificaciones en profundidad. Hace dos años, predominaban de forma clara (58% frente a 37%) quienes pensaban que solo precisaba retoques parciales, ahora los porcentajes se han invertido. Un 49% pide reformas y cambios profundos, mientras que el 44% se queda en los retoques parciales. Sumando ambos porcentajes, la conclusión es que hasta el 93% de españoles está a favor de modificar, en distinto grado, la Constitución, y solo un 7% está satisfecho. Mientras, los dos principales partidos han mantenido bloqueadas hasta este momento todas las reformas. La única excepción fue la reforma hace poco más de un año para incluir la llamada regla de oro contra el déficit, que se hizo en tiempo récord. Hubo acuerdo entre PSOE y PP para el cambio constitucional urgente porque fue impuesto por la UE.
El 93% de españoles está a favor de modificar, en distinto grado,
la Constitución
El PSOE ahora ha empezado a promover una reforma constitucional en profundidad, que requeriría la celebración de un referéndum y que llevaría a convertir el Estado autonómico en un Estado federal. El PP se opone pero, significativamente, no hay casi diferencias entre los votantes de los dos partidos al defender la necesidad de cambiar la Constitución.
La desazón de los ciudadanos hace que se añoren los tiempos de los pactos y los consensos de la Transición. Ese periodo de la historia reciente, del que es heredero el actual sistema democrático, sigue situado en el ideario de los españoles, como ejemplo para afrontar los momentos de dificultad. Un 73% asegura que ese periodo debe ser motivo de orgullo y solo un 18% lo rechaza. Ese tiempo de pactos y consensos se contrapone con el actual en el que lo extraño y llamativo es el acuerdo. La rareza en este momento es la foto del comunicado conjunto de la Conferencia de Presidentes celebrada esta semana en el Senado. El consenso es más añorado por los votantes del PP que por los del PSOE. El 78% asegura que en la Transición los partidos anteponían el interés general a sus propias estrategias del corto plazo. El 90% de los españoles considera que se ha abandonado ese espíritu. Ese porcentaje era doce puntos más bajo hace dos años, cuando había un Gobierno en minoría obligado a pactar cada una de sus decisiones, mientras que ahora hay un Ejecutivo con mayoría absoluta y en disposición de sacar adelante todas sus iniciativas. En la mayoría de los casos lo hace con decretos que ni siquiera requieren una larga tramitación parlamentaria. Ese 90% entiende que los partidos solo piensan en sus exclusivos intereses y no en lo que sea más conveniente para la sociedad en su conjunto.
La pulsión de cambio institucional alcanza al modelo de Estado, en el momento en el que un partido (PSOE) ha modificado su estrategia para pedir el avance hacia un Estado federal y otro (CiU) promueve una consulta de autodeterminación en Cataluña.
Según el sondeo, solo un 26% defiende el mantenimiento del actual estado de las autonomías. Este porcentaje es el más bajo de toda la serie histórica de encuestas de Metroscopia. El efecto, no obstante, es centrípeto y la opción más apoyada es la de ir hacia un Estado centralista. La opción del Estado federal solo la apoya el 19% de los encuestados.

Fuente: El País

02 septiembre, 2011

EL ARTÍCULO 135 DE LA CONSTITUCIÓN Y LOS CAMBIOS


Imagen: Diario de Sevilla. Van Rompuy y Sami Nair. Dos europeos de pro. Aparentemente este tipo de personas no tienen nada que ver con la economía europea y las reformas en los países "comunitarios" (comunitarios quiere decir que se unen los más fuertes para robarle a los más débiles: Alemania, Francia roba a Grecia y Portugal) , pero busquen perfiles similares... .


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Comparativa entre nuevo artículo 135 Constitución Española propuesto frente al vigente

La reforma de la Constitución que ha planteado el Gobierno y apoyada por la oposición introduce una modificación en el artículo 135 en el que el pago de deuda se coloca como prioritario sobre cualquier otro pago y/o gasto que deba hacerse.

En Asamblea comentamos este artículo y varios de l@s vecin@s recalcaron que se trata de una manera de elevar a categoría Constitucional lo que hasta ahora se está haciendo de manera sistemática y que es una forma de blindaje ante impagos como los que pudieron suceder en otros países europeos a lo largo del pasado año.

La prioridad absoluta que nos quieren imponer sólo responde al dictado de los especuladores financieros: primero la Banca y, si sobra algo, para el pueblo.

Este es el texto de la reforma, clic

Esta es la información sobre la primera reforma, clic.

Comparativa entre nuevo artículo 135 Constitución Española propuesto frente al vigente

Rojo : introducido nuevo Verde : en vigor

Artículo 135

1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.

2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una Ley Orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario.

3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por Ley para emitir deuda pública o contraer crédito. Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión. El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación al producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

4. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.

5. Una Ley Orgánica desarrollará los principios a que se refiere este artículo, así como la participación, en los procedimientos respectivos, de los órganos de coordinación institucional entre las Administraciones Públicas en materia de política fiscal y financiera. En todo caso, regulará: a) La distribución de los límites de déficit y de deuda entre las distintas Administraciones Públicas, los supuestos excepcionales de superación de los mismos y la forma y plazo de corrección de las desviaciones que sobre uno y otro pudieran producirse. b) La metodología y el procedimiento para el cálculo del déficit estructural. c) La responsabilidad de cada Administración Pública en caso de incumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.

6. Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus respectivos Estatutos y dentro de los límites a que se refiere este artículo, adoptarán las disposiciones que procedan para la aplicación efectiva del principio de estabilidad en sus normas y decisiones presupuestarias.


Disposición adicional única

1. La Ley Orgánica prevista en el artículo 135 de la Constitución Española deberá estar aprobada antes de 30 de junio de 2012.

2. Dicha ley contemplará los mecanismos que permitan el cumplimiento del límite de deuda a que se refiere el artículo 135.3.

3. Los límites de déficit estructural establecidos en el 135.2 de la Constitución Española entrarán en vigor a partir de 2020.

Disposición final única

La presente reforma del artículo 135 de la Constitución Española entrará en vigor el mismo día de la publicación de su texto oficial en el Boletín Oficial del Estado. Se publicará también en las demás lenguas de España.

Breves comentarios tras un simple vistazo a las modificaciones propuestas:
  • Llama la atención poderosamente la insistencia “machacona” en la idea de la estabilidad presupuestaria a toda costa, aplicando directrices económicas liberales. Las diferencias entre la redacción vigente (que sólo incluía los párrafos en verde con unas mínimas reglas económicas fijadas) y la nueva propuesta, son evidentes.
  • Especialmente llamativa es la nueva coletilla introducida en el artículo 135.3 (inserta entre los dos únicos párrafos existentes actualmente) referida a los créditos para satisfacer la deuda pública: “… y su pago gozará de prioridad absoluta.” Parece que a los “inversores” no les vale con la garantía de devolución del Estado, y necesitan prioridades absolutas, caiga quien caiga.
  • La disposición adicional, en su punto número 3, establece que la adecuación a los límites de déficit entrará en vigor a partir de 2020. ¿Para qué entonces además tantas prisas?

FUENTE: http://dosdemayo.tomalosbarrios.net/2011/08/28/comparativa-entre-nuevo-articulo-135-constitucion-espanola-propuesto-frente-al-vigente/?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

29 agosto, 2011

REFORMA CONSTITUCIONAL Y LO QUE HAY DETRÁS

Una décima parte de los Diputados o de los Senadores puede solicitar un referéndum vinculante sobre el establecimiento de un límite al déficit público

El Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha hecho un anuncio inesperado este martes en el pleno extraordinario: reformar la Constitución para introducir un límite al déficit público.

El límite al déficit no es algo abstracto: es lo que va a determinar que tengas o no acceso a la educación o a la sanidad, entre otras muchas cosas. Limitar el déficit es limitar la inversión en la sociedad. Con esto, el Gobierno podrá dejar a personas como tú en la cuneta. Pero podemos detener esta iniciativa.

La Constitución no exige que esta modificación sea aprobada por referéndum vinculante. Para que los ciudadanos seamos consultados sobre esta cuestión fundamental que va a afectar al resto de nuestras vidas es necesario que una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras lo solicite tras su aprobación en el Congreso y el Senado.

Los ciudadanos debemos poder votar en un asunto tan fundamental como este. Pide a los Diputados y Senadores de todos los grupos políticos que se comprometan a solicitar la celebración del referéndum para su ratificación como permite la Constitución en su artículo 167.3.

Es muy importante que se movilice la población para que se exija que una medida de tal envergadura se vote en referéndum por la población española. Esta medida afectaría muy negativamente al Estado del Bienestar español que está hoy financiado predominantemente a nivel de las CCAA. Limitar su gasto implica limitar el poco desarrollado Estado del Bienestar.

Animo a mis amigos del movimiento 15-M, así como a todos los demócratas en España a que se movilicen. La democracia española es de las menos participativas de las existentes en la Unión Europea y es escasamente democrático que una medida de tal envergadura se apruebe por las Cortes Españolas sin haber sido consultado el pueblo español.

Esta medida puede significar un ataque frontal al Estado del Bienestar español que tiene uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la Unión Europea. Aunque se habla genéricamente de gasto público, la realidad es que este gasto constituye la mayoría del gasto público y los recortes que se han hecho han sido predominantemente en las pensiones y en el empleo de los servicios del Estado del Bienestar, tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social, pensiones de vejez y otras, así como otros componentes del Estado del Bienestar.

Para más información: http://www.vnavarro.org/

Al firmar la petición estarás enviando esta carta

Destinatario: Todos los Grupos Parlamentarios del Congreso y del Senado

Señorías,

El Presidente ha anunciado su intención de promover la reforma constitucional para incluir un límite al déficit público.

Se trata de una modificación que de acuerdo con la Constitución Española no exige necesariamente la celebración de un referéndum vinculante.

Este asunto es de tal importancia y va a ser tan determinante para nuestro futuro que le pido que si esta modificación es finalmente aprobada por las cámaras, su grupo parlamentario se comprometa a solicitar que esta reforma sea sometida a referéndum para su ratificación tal y como recoge el artículo 167.3 de la Constitución Española.

Atentamente,

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Los Trileros Mayores del Reino y la clave de la reforma constitucional

No hace ni siquiera un mes Mariano Rajoy decía a los cuatro vientos que cuando ganase las elecciones "volverá el déficit cero" (es decir, que en ningún caso la administración pública podría gastar más de lo que ingresara). Antes, le había propuesto a Rodríguez Zapatero reformar la Constitución para introducir la obligación de alcanzarlo y el Presidente del Gobierno se rió de la propuesta en el debate sobre el Estado de la Nación de 2010: “Una reforma que, como saben, es rápida, dado cómo es nuestro procedimiento de reforma constitucional, y que sería muy eficaz para combatir la coyuntura de la crisis. Ésa ha sido toda la reforma original que le hemos oído en los últimos meses y que no tiene ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad”. El ahora candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba terció en el debate y también descalificó la propuesta de reforma constitucional diciendo: “Como todos sabemos, la Constitución es una ley que se cambia fácilmente y en un plis-plas nos arregla la crisis” y en marzo de 2011, durante una sesión de control al Gobierno, Rubalcaba recalcó de que "no vamos a imponer por ley del Estado un techo de gasto a las comunidades autónomas, no lo vamos a hacer porque creemos que va contra la Constitución".

Ahora, de repente, estos tres grandes dirigentes han desarrollado un auténtico trile para hacer que la población mire a otro lado cuando se disponen a someter los intereses nacionales a los poderes financieros con una ilegítima y muy dañina reforma de la Constitución.

Quien decía que la reforma constitucional no tiene fundamento, ni eficacia ni capacidad, propone en el Parlamento llevarla a cabo urgentemente. El opositor que defendía el déficit cero acepta ahora una fórmula que en la práctica puede permite que los gobiernos de turno se salten la estabilidad presupuestaria cuando les venga en gana. El candidato que ironizaba sobre la propuesta de los conservadores afirmando defender posiciones más progresistas, tercia en el debate y entre los tres desvían la atención de los ciudadanos para aprobar una reforma mucho más lesiva para los intereses sociales que el simple control del déficit.

Veamos qué es lo que ha ocurrido.

El Pacto que no es lo que decían que iba a ser

El pasado 23 de agosto Zapatero anunció en el Congreso su propuesta de modificar la Constitución para controlar los déficit presupuestarios e inmediatamente Rajoy le mostró su apoyo. Enseguida hay protestas incluso en el propio grupo parlamentario socialista, cuyos miembros han sido ninguneados y en la sociedad y Rubalcaba se incorpora al debate proponiendo que el acuerdo contemple suficiente flexibilidad en la aplicación del principio de estabilidad (que en realidad es malo en sí mismo y no en función de que sea más o menos flexible).

En unas horas se presenta el acuerdo y aparece entonces la sorpresa que la inmensa mayoría de los ciudadanos son incapaces de descubrir porque sus representantes ocultan lo fundamental del pacto para seguir hablando de lo que en realidad ha terminado por resultar accesorio.

Lo que ha ocurrido es que el PSOE el PP han “descafeinado” la propuesta que ambos habían hecho con anterioridad.

Inicialmente hablaban de constitucionalizar el déficit cero en sentido estricto, en la misma línea del artículo de la constitución alemana que terminantemente pone un límite al déficit público. Pero en lugar de eso el acuerdo señala que una posterior ley orgánica establecerá un límite al "déficit estructural", un concepto mucho más sutil que puede permitir que el gobierno de turno tenga mucha más facilidad para saltarse el principio de estabilidad que defienden.

El concepto de déficit estructural no es el resultado del simple saldo de las cuentas anuales del Estado sino el saldo que tendrían esas cuentas en unas condiciones ideales: cuando la economía estuviera en pleno empleo y, por tanto, cuando el PIB realmente registrado fuese igual al potencial (el que se alcanza cuando se utilizan todos los recursos de una economía). El acuerdo político que ampara la reforma lo define como "aquel que se deriva de no considerar los ingresos y gastos públicos relacionados con las expansiones y recesiones normales de los ciclos económicos, garantizando así la sostenibilidad a largo plazo de los servicios públicos fundamentales".

En la práctica esto significa que a la hora de calcular el saldo presupuestario (estructural) al que se le pondrá techo en la próxima ley orgánica habrá que descontar los ingresos y los gastos que no sean "estructurales" (es decir, los que sean resultado de circunstancias más o menos "anormales" que alejan a la economía de esa situación ideal, por ejemplo de una recesión). Pero su cálculo es muy problemático ya que la forma en que se haga será siempre discutible, nunca objetiva y, además, muy fácilmente manipulable.

Por eso, como dice David Lizoain (El insoportable error del 0,4%) limitar el déficit estructural del país al 0,4% (que es lo que se prevé que establezca la futura ley orgánica) es "una política radicalmente aberrante para una economía avanzada". En primer lugar sostiene con razón, siguiendo el análisis de Nick Rowe (What is a "structural" deficit?), que este concepto de déficit estructural no tiene mucho sentido económico ya que responde a criterios políticos más que económicos. Por ejemplo, si dos gobiernos hacen exactamente lo mismo generando un déficit de la misma cuantía pero uno había anticipado lo que pensaba hacer con los ingresos y gastos cuando llegara una recesión y el otro no hubiera adelantado nada sino que se hubiera limitado a hacer lo mismo una vez que se produjo la recesión, la consideración de su saldo debería ser distinta. En el segundo caso se consideraría que el déficit es estructural (porque sería teóricamente resultado de la recesión) y en el primero no.

Y además, Lizoain indica que la medida es completamente irreal: ni la zona euro ni la OCDE en su conjunto tuvieron un déficit estructural inferior al 0,4% ni un solo año en los últimos veinte.

Podemos concluir, por tanto, que lo que finalmente han pactado los dos partidos mayoritarios no ha sido el criterio de déficit cero como habían dicho sino algo muy irrealista y que seguramente solo se pueda cumplir manipulando los registros presupuestarios. Posiblemente, porque así pueden vender a la población, como está haciendo Rubalcaba, que así no hay peligro de que la estabilidad presupuestaria ponga en cuestión los programas sociales (que es lo que lleva consigo la política de estabilidad presupuestaria, sobre todo, en países con déficits sociales como España, tal y como he explicado en mis artículos Razones económicas para rechazar el acuerdo neoliberal entre el PSOE y el PP y Acuerdo PSOE-PP sobre la deuda: un pacto que perjudica a España). Pero eso no quita que, al mismo tiempo, al introducir en la Constitución el principio de la estabilidad, se esté imponiendo (y además sin debate social) la filosofía neoliberal que implica renunciar a la política fiscal discrecional, con los efectos negativos que ello conlleva y que he tratado de explicar en esos mismos textos.

El contenido verdaderamente nefasto del acuerdo

Pero lo que realmente han conseguido de esta manera los líderes de ambos partidos, es decir, haciendo creer que asumen rígidos criterios de austeridad cuando en realidad no los van a ser, ha sido comportarse como verdaderos trileros porque mientras llamaban la atención sobre el debate del techo presupuestario lo que estaban haciendo era incluir, sin apenas comentarlo públicamente, un nuevo precepto en la Constitución que da "prioridad absoluta" al pago de la deuda y los intereses frente a cualquier otro compromiso de pago del Estado.

Es decir, los parlamentarios del Partido Popular y del PSOE están dispuestos a aprobar sin recurrir al referéndum que permitiera que el pueblo se pronuncie al respecto que si en algún momento faltaran ingresos se dejarían de pagar los servicios más básicos del Estado para hacer frente antes que nada a los compromisos de la deuda.

Esta es, pues, la auténtica clave de la reforma. Una concesión vergonzosa a los poderes financieros que es muy grave por cuanto que supone una cesión de la soberana capacidad de decisión del pueblo español para determinar en un momento dado la prioridad que quisiera darle a sus compromisos de financiación.

En mi opinión, quienes promueven esta medida siguiendo el mandato de intereses extranjeros están traicionando a los intereses nacionales y al impedir que el pueblo español, que es el verdadero poder constituyente que podría cambiar con legitimidad la Constitución, se pronuncie sobre una cuestión tan fundamental están prostituyendo la Carta Magna y convirtiéndola en papel mojado para quienes de verdad asuman los principios del constitucionalismo democrático. Como acaba de señalar claramente Rubén Martínez Dalmau en su artículo ¿Quién puede reformar legítimamente una Constitución democrática?

"Cualquier modificación de la Constitución por parte de un órgano que no es el poder constituyente, aunque sea legal -también autoritarismos y fascismos se han fundamentado en la legalidad- no es otra cosa que la apropiación de la soberanía popular por un órgano ajeno al pueblo; es decir, el fin del constitucionalismo democrático (...)
Si la Constitución no es otra cosa que la voluntad del poder constituyente, la respuesta a esta pregunta, desde el constitucionalismo democrático, no puede ser otra: sólo el pueblo puede modificar legítimamente su Constitución. Lo contrario es negar la naturaleza de la legitimidad del sistema democrático en el que creemos vivir. Si la Constitución queda en manos de otras personas -gobiernos, mayorías en los parlamentos, reyes.-podremos hablar de otra legitimidad del poder político, de democracias más o menos limitadas, de decisiones mayor o menormente acordadas. pero nunca de constitucionalismo democrático".

La alternativa, Asamblea Constituyente

Frente al engaño con que se quiere llevar a cabo esta reforma ilegítima de la Constitución que además puede comportar en el futuro un grave daño para los intereses de la nación no cabe otra alternativa, como también indica Rubén Martínez, que activar un nuevo poder constituyente que elabore una nueva Constitución en una nueva Asamblea, un horizonte que me parece fundamental que asuman los movimientos que giran en torno al 15-M y, en general, todas las personas sin distinción de ideologías o posiciones políticas que deseen vivir en una verdadera democracia.

Juan Torres López

http://www.juantorreslopez.com/component/content/article/137-articulos-de-opinion-y-divulgacion-2011/2470-los-trileros-mayores-del-reino-y-la-clave-de-la-reforma-constitucional