Lectura de manifiesto
Artículo


Sí,
al bueno de Don Blas, al mártir de un sueño sin despertar, al héroe sin
testigos, al líder de una causa perdida desde antes de ser causa, a su
grito contra los brutos que nos oprimen; sí, al propio Padre de
la
Patria Andaluza lo han convertido en emblema de usar y tirar, en imagen
vacía. Todo, por un puñado de votos, por una apuesta barriobajera de a
ver quien se lleva el gato del protagonismo al agua del sumidero. Es la
eterna historia de los mitos, siempre creados por los pueblos
conquistadores y los pueblos perseguidos. En este caluroso agosto, los
mismos que le asesinaron se reencarnan y disfrazan de demócratas
repartiendo codazos, a izquierdas y a derechas, para salir en la foto
de la ofrenda floral. Mientras tanto, los que todavía creemos que su
mensaje tiene sentido y está vigente, ante esta pelea de vecindonas, no
podemos evitar suspirar con desánimo y preguntarnos “SI DON BLAS
LEVANTARA LA CABEZA”. Pues parece que las respuestas nos llueven como
tormenta de verano: “se pondría las manos en la cabeza al ver…, al
comprobar…, al oír…, ante tanto falserío, que su figura se ha quedado en
eso, en figura ahuecada por los mismos de siempre, en símbolo más
representativo de un pueblo que se difumina como pueblo, que de un
pueblo que desea serlo.
Las respuestas las están dando
quienes lo usaron para su propio titular de prensa y después como el
papel que se tira, arrugado y comprimido, no es posible recomponerlo y
devolverlo en su estado original. El roto ya es rotura total.
Esto
es lo que está pasando con la Fundación Blas Infante, con mil euros en
el bolsillo, después de tanta bandera blanca ante sus propios
acosadores. Después de tanta cuerda como le facilitó a su propio
verdugo, después de tanta selectividad en la elección de sus “patronos”
que ni son todos los que está ni están todos los que son; después de
vender por unas limosnas la conciencia contenida en un lugar, en unos
muebles, en una bandera, en un piano, en unas macetas de cintas, en una
cancelilla que le vio marchar hacia la extinción de su vida y obra.
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Que orgullo haber acariciado su bandera, en su casa, después fue portada por mis hijos el 4D antes que se convirtiera en un suvenir político, trofeo de mediocres |
Yo hablo desde el sentimiento de haber estado muchas veces
sentado en su mesa de camilla y tomando café con quemaítos de La Puebla
con su hija Luisa. Yo hablo como testigo de ese andalucismo de señoras
bien de té a las cinco que deciden quienes son los que deben seguir en
la lucha. Yo hablo desde el recuerdo de los muchos que fueron apartados
de la élite verdiblanca. Yo hablo desde las muchas conversaciones con el
siempre presente y tantas veces plagiado por ser el mejor biógrafo de
Blas Infante, José Luís Ortiz de Lanzagorta o desde los tomados como de
inferior grado como el gran corazón andaluz de Manuel Rodríguez Cañón o
del espíritu de lucha de M. Emilio Vaz Lorenzo,
o desde ese núcleo de gente que lo peleó desde Cuidad Aljarafe, y…
tantos más. Hoy esos valores ya no valen, hoy interesan más los
apellidos, la ilustración, el famoseo, el papel couché, la cartelería
que prestigia. No importan ni el sudor ni la honestidad de pensamiento,
basta con las palmaditas, agachar la cabeza y aceptar la limosna.
¡Sangre de horchata!La Fundación Blas Infante, que se
mantenía de subvenciones, ya no puede aguantar más su crítica situación
financiera. La Fundación Blas Infante, presidida por la hija del Padre
de la Patria Andaluza, María de los Ángeles Infante, se plantea el
cierre de la organización en septiembre si siguen sin recibir las
subvenciones que les debe la Junta de Andalucía. Aún con ello, las
relaciones entre ambas instituciones "son cordiales" a pesar del
entuerto en que están inmersas. Una por haber aceptado “depender” de
quienes nunca creyeron en el andalucismo blasinfantista y otra por
comprometerse a financiar algo que siempre debió situarse en la acera de
enfrente, si no podrían haber leído El Ideal Andaluz de Blas Infante y
lo comprenderían. A la hora de apretarse el cinturón, no hay ideario que
sea capaz de vencer al “debe, haber y saldo” de nadie ni de nada. Las
ideas se mantienen con dinero y sin las farsas moneas ni pueblo que
reivindique los derechos que se ganó a pulso el, también aparcado,
CUATRO DE DICIEMBRE.
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Cintas verdes y blancas, su teclado al frecor del pasillo, que pena Don Blas, hoy son objetos protegidos con limosnas obligadas y visitas programadas por profesionales del turismo |
La Fundación Blas Infante debería desaparecer cuando no existiera,
que parece ser el caso, el pueblo andaluz y su proyecto. Nunca por
razones del mardito
parné
que, al fin y al cabo, nunca hicieron conciencia, muy al contrario:
“poned a un anarquista en el trono del mundo y os encontraréis a un
tirano”. Si se cierra la Fundación Blas Infante, se cierra la poca
esperanza que nos queda, aunque no estuviera en la Fundación, es como lo
que se simboliza y desaparece, algo así como la figura de Don Blas que,
de ser nombrado por acuerdo político en Padre de la Patria Andaluza,
ahora saliera un decretazo quitándolo de en medio. Torpes políticos los
que dan estos bandazos.
Si Don Blas levantara la cabeza y escuchara al respetado e histórico Fernando Soto “
pero
de dónde se habéis sacado a Blas Infante, si es un invento de
Alejandrito Rojas-Marcos”. Si don Blas levantara la cabeza y viera,
aunque fuese por Canal Sur, cualquier mitin del Partido Socialista
“Obrero” y muy Español, desde su sucursal de Andalucía, y comprobara que
no hay ni una bandera de Andalucía. Que las banderas de Andalucía sólo
las ondean los béticos, los que acuden a los mítines del PP, sucursal de
Andalucía y la Izquierda Ungida por el agro andaluz que tiene a gala
seguir en la misma brecha pero ahora con la corbata de socio honorífico.
Si
Don Blas levantara la cabeza y volviera por su casa, y viera la
cartelería y la escenografía de lo que llaman “memoria de Andalucía”,
seguro que le daba tres patás a las vitrinas y a tanta estupidez
reciclada por quienes no tienen ni puta idea de lo que allí se coció, de
lo que allí se soñó. Museo que le sobra lo que nunca contuvo, frialdad.
Lugar de encuentro de plagiadores y copiones consentidos por un buen
puñado de pesetas, negociado desde el oportunismo electoral “tú me das
tal cosa y yo te invento tal Consejería ”. Farsa monea que de manos en
manos va y ninguno se la quea.
Hoy, bajo este fuerte y
levantisco lorenzo que nos cubre, hace frío, hay nubarrones que
“abarruntan malos tiempos”, hay repelucos políticos que nos desnudan el
alma y como el otoño vuelve a los verdes, demasiado amarillos y como en
las guerras, los blancos en demasiado rojos. Los colores de “paz y
esperanza” nos lo devuelven de “sangre y oro” para seguir frente al
mismo toro del tópico pero que cada día arremete con más soltura y
saber por donde cornearnos.
La Fundación Blas Infante cerrará si los euros no lo impiden, si la
Junta no ampara a la Fundación como hace con otras fundaciones de su
amparo, cerrará porque es la Junta de unos y la Desjunta de otros. Si la
Fundación Blas Infante cerrara, será porque Blas Infante está en tantas
manos y su memoria depende de tantos que el personal ya no sabe a quien
creer, si a los que llaman oficial a la ofrenda floral, a los que
ofrecen las fotos del acto para que conste que están, a los que se
apuntan al andalucismo una vez al año, a… Son tantos los grupos que por
su cuenta y convocatoria restringida van al santuario de La Gota de
Leche cada agosto que ya ni se distinguen entre ellos.
Si Blas Infante levantara la
cabeza y se viera convertido en arma arrojadiza y competencia desmadrada
entre andaluces de mil colores, seguro que gritaría de nuevo
¡¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE... DE HIPÓCRITAS!!