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19 abril, 2015

EL CAOS COMO APUESTA PARA EL NUEVO ORIENTE MEDIO

El caos como apuesta para el nuevo Oriente Medio


¿A quién beneficia lo que ocurre?, es la pregunta que debemos hacernos en cualquier análisis de una realidad. ¿A quién beneficia la radicalización y el yihadismo en Oriente Medio?
Arabia Saudí emplea armas estadounidenses en sus intervenciones en países... también árabes.

Ciudad Vieja de Saná, capital de Yemen /Foto: Olga Rodríguez, 2010
Ciudad Vieja de Saná, capital de Yemen /Foto: Olga Rodríguez, 2010

La crisis europea, la corrupción en el seno de algunos Gobiernos de nuestro continente, el aumento de la desigualdad y de la pobreza nos dejan poco espacio para prestar atención a lo que ocurre en Oriente Medio. Y, sin embargo, deberíamos tener un ojo siempre puesto en la región vecina, pues en ella se viven algunos de los acontecimientos más convulsos de su ya de por sí agitada historia reciente, y en ellos participan e influyen, de un modo u otro, países occidentales.
Las alianzas tejidas en Oriente Medio son cada vez más complejas y enrevesadas. Siria, Libia, Yemen e Irak son los cuatro puntos más calientes. Libia es un territorio caótico en el que las fuerzas aliadas de la OTAN introdujeron armas y permitieron el descontrol durante su lucha contra el gobierno de Gadafi en 2011. No era dificil adivinar -y así lo advertimos muchos en diversos artículos o libros- que el reparto de armas entre grupos radicales, la intervención de ejércitos extranjeros y las luchas por el poder surgidas a raíz de la caída del régimen de Gadafi fueran a extender el caos y el belicismo más allá de las fronteras libias.
Irak representa el principio de esta nueva tragedia en la región. Desde la invasión y ocupación ilegal del país en 2003 el territorio iraquí se ha convertido en un infierno. El Ejército estadounidense ocupó territorios, allanó casas, humilló a familias, torturó a presos, arrestó a miles de inocentes, permitió los saqueos y el caos, y de hecho hizo de ello, del caos, su estrategia política para la región. Las consecuencias de la mal llamada guerra de Irak no son producto de errores militares y políticos, sino el resultado buscado en una región que, cuanto más débil y caótica sea, más controlable resultará para las potencias que quieren seguir aprovechándose de ella.
Aunque en los últimos años Occidente ha querido mirar más a Asia, lo cierto es que en Oriente Medio se siguen midiendo pulsos, marcando poderes, controlando bases militares y extrayendo petróleo. Su estratégica situación geográfica, entre Asia y Europa -imprescindible lugar de paso para gaseoductos y oleoductos- su riqueza en materias como el oro negro y el gas, la presencia en ella de bases militares clave, su cercanía geográfica con Rusia y China, la composición de su sociedades, llamativamente jóvenes, y la existencia en ella de un país como Israel mantienen esta zona como un perpétuo tablero de ajedrez que demasiado a menudo se transforma en campo de batalla abierta.
Sería un error simplificar análisis concluyendo que lo que ocurre en la actualidad es consecuencia de los intentos de revolución y de las revueltas en varios países árabes en 2011. Aquello fue, en varios casos, un genuino intento de irrupción social por parte de sectores que reclamaron pan, libertad y justicia social en naciones marcadas por políticas dictatoriales, injerencias extranjeras, medidas económicas impuestas por organismos internacionales ajenos a los intereses de estas sociedades y expolios causados primero por el colonialismo y después por el neocolonialismo. Pero rápidamente esas revueltas fueron secuestradas o reconducidas por actores interesados en mantener el statu quo anterior o, incluso, en aprovechar la situación a su favor para hacerse con más cuotas de influencia y poder en la región.
Es el caso de Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos desde hace décadas. La monarquía absolutista de Riad no ha dudado en extender sus tentáculos en Siria, Irak, Egipto o Yemen, con el objetivo de aplastar revueltas, controlar gobiernos y marcar influencia, sin importarle para ello apoyar a grupos fundamentalistas y distribuir armas entre combatientes radicales.
¿A quién beneficia lo que ocurre?, es la pregunta que debemos hacernos en cualquier análisis de una realidad. ¿A quién beneficia la radicalización y el yihadismo en Oriente Medio? A las dictaduras árabes. A quienes en nombre de la seguridad están dispuestos a sacrificar la posibilidad de libertad, democracia e independencia de los países de la región. Beneficia a las potencias extranjeras necesitan justificar sus intervenciones militares y sus injerencias políticas. Beneficia a quienes temen un Oriente Medio libre y democrático, con naciones árabes y musulmanas unidas trabajando por su bien común. Como suele decir un amigo palestino que vive en los territorios ocupados, “cada vez que Al Qaeda instrumentaliza nuestra causa hablando de Palestina, nos está disparando en la cabeza”.
Los países del Golfo han financiado a grupos fundamentalistas en Libia, Irak y Yemen, a milicias enfrentadas en Siria y al sector golpista en Egipto. Arabia Saudí y Emiratos enviaron tropas a Bahrein para aplastar a los manifestantes que exigían libertad en las revueltas de 2011. Arabia Saudí contribuyó activamente a la represión de los Hermanos Musulmanes en Egipto pero ahora busca su alianza en Yemen. Estados Unidos permite la actuación de Irán en su lucha contra el Estado Islámico en Irak pero se posiciona a favor de Arabia Saudí en Yemen - facilitando armas a Riad- en su lucha contra las milicias hutíes que reciben aliento de Teherán. En cuanto a Siria, Washington ha jugado a mantener un peligroso equilibrio consistente en evitar el exceso de poder de los bandos implicados, para que nadie gane, para que todos se desgasten.
Por más guerras y contradictorios juegos de alianzas que se tejan, lo cierto es que el recorrido lógico -e inevitable, si no fuera por la contumaz apuesta por el caos de las potencias involucradas- en Oriente Medio exigiría dos medidas urgentes: la ruptura de las alianzas clave de Occidente con países como Arabia Saudí y el fin de la ocupación israelí de los territorios palestinos. Las negociaciones en Lausana de Estados Unidos con Irán -en las que han participado Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania- planean sobre todos los acontecimientos que están ocurriendo en Oriente Medio. No es casualidad que Arabia Saudí, con el apoyo de varios países árabes, comenzara a bombardear Yemen mientras se desarrollaban las conversaciones con Teherán.
Yemen, el país árabe más pobre del mundo, en el que se calcula que hay 60 millones de armas, está siendo utilizado como uno de los elementos para condicionar las negociaciones con Irán, negociaciones que Arabia Saudí e Israel desearían sabotear. Ya sabemos por tanto para qué están “sirviendo” las armas que Estados Unidos ha vendido a la monarquía absolutista saudí, en una transacción a plazos que, si no se interrumpe, será la mayor venta de armas estadounidenses de la historia: Arabia Saudí emplea  equipamiento militar estadounidense - y también europeo- para intervenir en otros países...árabes, contribuyendo activamente a una mayor desestabilización de la región.
Yemen es el cuarto país árabe en el que Arabia Saudí actúa militarmente en menos de tres años. A estas alturas no cabe duda de que potencias regionales e internacionales apuestan no por políticas que desembocan en errores -como más o menos inocentemente afirman algunos analistas- sino por políticas que garantizan el caos, el debilitamiento, la división de Oriente Medio. Porque desde el caos se puede perpetuar el control de territorios ajenos. Porque desde el caos se pueden mantener gobiernos títeres. Porque el caos facilita la dominación y 'justifica' las dictaduras como mal menor. Porque el caos fragmenta Estados y crea territorios serviles, elementos clave del nuevo mapa de Oriente Medio.
 

11 enero, 2015

CON LOS CRÍMENES DE HEBDO NOS LA METEN DOBLADA OJO

 

Lo más peligroso es la islamofobia

Viernes 9 de enero de 2015. Nodo50 | Descargar artículo en PDF
El atentado fascista en París contra la redacción del semanario Charlie Hebdo, que ha arrebatado la vida a 12 personas, entre ellas a los cuatro dibujantes Charb, Cabú, Wolinsky y Tignous, deja una doble o triple sensación de horror, pues está agravada por una especie de eco amargo y sucio y por una sombra de amenaza inminente y general.
Está sin duda el horror de la matanza misma por parte de unos asesinos que, con independencia de sus móviles ideológicos, se han situado a sí mismos al margen de toda ética común y por eso mismo fuera de todo marco religioso, en su sentido más estricto y preciso.
Pero está también el horror de que sus víctimas se dedicaran a escribir y a dibujar. No es que uno no pueda hacer daño escribiendo y dibujando -enseguida hablaremos de esto-; es que escribir y dibujar son tareas que una larga tradición histórica compartida sitúa en el extremo opuesto de la violencia; si se trata además de la sátira y el humor, nadie nos parece más protegido que el que nos hace reír. En términos humanos, siempre es más grave matar a un bufón que a un rey porque el bufón dice lo que todos queremos oír -aunque sea improcedente o incluso hiperbólico- mientras que los reyes sólo hablan de sí mismos y de su poder. El que mata a un bufón, al que hemos encomendado el decir libre y general, mata a la humanidad misma. También por eso los asesinos de París son fascistas. Sólo los fascistas matan bufones. Sólo los fascistas creen que hay objetos no hilarantes o no ridiculizables. Sólo los fascistas matan para imponer seriedad.
Pero hay un tercer elemento de horror que tiene que ver menos con el acto que con sus consecuencias. Ahora mismo -lo confieso- es el que más miedo me da. Y es urgente advertir de lo que nos jugamos. Lo urgente no es impedir un crimen que ya no podemos impedir; ni tampoco condenar asqueados a los asesinos. Eso es normal y decente, pero no urgente. Tampoco, claro, espumajear contra el islam. Al contrario. Lo verdaderamente urgente es alertar contra la islamofobia, precisamente para evitar lo que los asesinos quieren -y están ya consiguiendo- provocar: la identificación ontológica entre el islam y el fascismo criminal. La gran eficacia de la violencia extrema tiene que ver con el hecho de que borra el pasado, el cual no puede ser evocado sin justificar de alguna manera el crimen; tiene que ver con el hecho de que la violencia es actualidad pura, y la actualidad pura está siempre preñada del peor futuro imaginable. Los asesinos de París sabían muy bien en qué contexto estaban perpetrando su infamia y qué efectos iban a producir.
El problema del fascismo y de su violencia actualizadora es que se trata siempre de una respuesta. El fascismo está siempre respondiendo; todo fascismo se alimenta de su legitimación reactiva en un marco social e ideológico en el que todo es respuesta y todo es, por tanto, fascismo. El contexto europeo (pensemos en la Alemania anti-islámica de estos días) es la de un fascismo rampante. En Francia concretamente este fascismo blanco y laico tiene algunos valedores intelectuales de mucho prestigio que, a la sombra del Frente Nacional de Le Pen, llevan calentando el ambiente desde púlpitos privilegiados a partir del presupuesto, enunciado con falso empirismo y autoridad mediática, de que el islam mismo es un peligro para Francia. Pensemos, por ejemplo, en la última novela del gran escritor Houellebecq, Sumisión (traducción literal del término árabe “islam”), en la que un partido islamista gana al Frente Nacional las elecciones de 2021 e impone la “charia” en la patria de Las Luces. O pensemos en el gran éxito de las obras del ultraderechista Renaud Camus y del periodista político del diario Le Figaro Eric Zemour. El primero es autor de Le grand remplacement, donde se sostiene la tesis de que el pueblo francés está siendo “reemplazado” por otro, en este caso -obviamente- compuesto de musulmanes extraños a la historia de Francia. El segundo, por su parte, ha escrito El suicidio francés, un gran éxito de ventas que rehabilita al general Petain y describe la decadencia del Estado-Nación, amenazado por la traición de las élites y por la inmigración. Hace unos días en Le Monde el escritor Edwy Plenel se refería a estas obras como depositarias de una “ideología asesina” que “está preparando Francia y Europa para una guerra”: una guerra civil- dice- “de Francia y Europa contra ellas mismas, contra una parte de sus pueblos, contra esos hombres, esas mujeres, esos niños que viven y trabajan aquí y que, a través de las armas del prejuicio y la ignorancia, han sido previamente construidos como extranjeros en razón de su nacimiento, su apariencia o sus creencias”.
Este es el fascismo que estaba ya presente en Francia y que ahora “reacciona” -puro presente- frente a la “reacción” -pura actualidad asesina- de los islamistas fascistas de París. Da mucho miedo pensar que a las 7 de la tarde, mientras escribo estas líneas, el trending topic mundial en twitter, tras el tranquilizador y emocionante “yo soy Charlie”, es el terrorífico “matar a todos los musulmanes”. La islamofobia tiene tanto fundamento empírico -ni más ni menos- que el islamismo yihadista; los dos, en efecto, son fascismos reactivos que se activan recíprocamente, incapaces de hacer esas distinciones que caracterizan la ética, la civilización y el derecho: entre niños y adultos, entre civiles y militares, entre bufones y reyes, entre individuos y comunidades. “Matad a todos los infieles” es contestado y precedido por “matad a todos los musulmanes”. Pero hay una diferencia. Mientras que se exige a todos los musulmanes del mundo que condenen la atrocidad de París y todos los dirigentes políticos y religiosos del mundo musulmán condenan sin excepción lo ocurrido, el “matad a todos los musulmanes” es justificado de algún modo por intelectuales y políticos que legitiman con su autoridad institucional y mediática la criminalización de cinco millones de franceses musulmanes (y de millones más en toda Europa). Esa es la diferencia -lo sabemos históricamente- entre el totalitarismo y el delirio marginal: que el totalitarismo es delirio naturalizado, institucionalizado, compartido al mismo tiempo por la sociedad y por el poder. Si recordamos además que la mayor parte de las víctimas del fascismo yihadista en el mundo son también musulmanas -y no occidentales- deberíamos quizás medir mejor nuestro sentido de la responsabilidad y de la solidaridad. Pinzados entre dos fascismos reactivos, los perdedores son los de siempre: los inmigrantes, los izquierdistas, los bufones, las poblaciones de los países colonizados. Una de las víctimas de los islamistas, por cierto, era policía, se llamaba Ahmed Mrabet y era musulmán.
Del yihadismo fascista no espero sino fanatismo, violencia y muerte. Me repugna, pero me da menos miedo que la reacción que precede -valga la paradoja einsteiniana- a sus crímenes. El “matad a todos los musulmanes” está de algún modo justificado por los intelectuales que “preparan la guerra civil europea” y por los propios políticos que responden a los crímenes con discursos populistas religiosos laicos. Cuando Hollande y Sarkozy hablan de “un atentado a los valores sagrados de Francia” para referirse a la libertad de expresión, están razonando del mismo modo que los asesinos de los redactores del Charlie Hebdo. No acepto que un francés me diga que defender los valores de Francia implica necesariamente defender la libertad de expresión. Por muy laica que se pretenda, esa lógica es siempre religiosa. No hay que defender Francia; hay que defender la libertad de expresión. Porque defender los valores de Francia es quizás defender la revolución francesa, pero también Termidor; es defender la Comuna, pero también los fusilamientos de Thiers; es defender a Zola, pero también al tribunal que condenó a Dreyfus; es defender a Simone Weil y René Char, pero también el colaboracionismo de Vichy; es defender a Sartre, pero también las torturas de la OAS y el genocidio colonial; es defender mayo del 68, pero también los bombardeos de Argel, Damasco, Indochina y más recientemente Libia y Mali. Es defender ahora, frente al fascismo islamista, la igualdad ante la ley, la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia y la ética, pero también defender la destrucción de todo eso en nombre de los valores de Francia. Da mucho miedo oír hablar de “los valores de Francia”, “de la grandeza de Francia”, de ”la defensa de Francia”. O defendemos la libertad de expresión o defendemos los valores de Francia. Defender la libertad de expresión -y la igualdad, la fraternidad y la libertad- es defender a la humanidad entera, viva donde viva y crea en el dios que crea. La frase de “los valores de Francia” pronunciada por Le Pen, Hollande, Sarkozy o Renaud Camus no se distingue en nada de la frase “los valores del islam” pronunciada por Abu Bakr Al-Baghdadi. Son en realidad el mismo discurso frente a frente, legitimado por su propia reacción asesina, que bombardea inocentes en un lado y ametralla inocentes en el otro. Pierden los de siempre, los que pierden cuando dos fascismos no dejan en medio ni el más pequeño resquicio para el derecho, la ética y la democracia: los de abajo, los de al lado, los pequeños, los sensatos. De eso sabemos mucho en Europa, cuyos grandes “valores” produjeron el colonialismo, el nazismo, el estalinismo, el sionismo y el bombardeo humanitario.
Mal empieza 2015. En 1953, “refugiado” en Francia, el gran escritor negro Richard Wright escribía contra el fascismo que “temía que las instituciones democráticas y abiertas no sean más que un intervalo sentimental que preceda al establecimiento de regímenes incluso más bárbaros, absolutistas y pospolíticos”. Protegernos del fascismo islamista es proteger nuestras instituciones abiertas y democráticas -o lo que queda de ellas- del fascismo europeo. La islamofobia fascista, en Europa y en las “colonias”, es la gran fábrica de islamistas fascistas y una y otro son incompatibles con el derecho y la democracia, los únicos principios -que no “valores”- que podrían aún salvarnos. Buena parte de nuestras élites políticas e intelectuales están más bien interesadas en todo lo contrario.
Descansen en paz nuestros alegres y valientes compañeros bufones del Charlie Hebdo. Y que nadie en su nombre levante la mano contra un musulmán ni contra el derecho y la ética comunes. Esa sí sería la verdadera victoria de los fascismos de los dos lados.

FUENTE: http://info.nodo50.org/Lo-mas-peligroso-es-la-islamofobia.html
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¿Qué es “Charlie Hebdo” y por qué lo atacaron los yihadistas?

  • 12 personas fallecieron, entre ellas dos policías

  • Ataque habría sido perpetuado por dos terroristas

7 de enero de 2015
10:06 am


charlie hebdoEl medio fran­cés, “Char­lie Hebdo“, fue ata­ca­do du­ran­te un ti­ro­teo que se pre­sen­tó este miér­co­les en su sede en París, Fran­cia. Tres hom­bres ves­ti­dos de negro, con ca­pu­chasy ar­ma­dos con fu­si­les ka­lash­ni­kov en­tra­ron en la sede del se­ma­na­rio gri­tan­do “Alahu al akbar” (“Dios es gran­de”).
En el te­rri­ble hecho, ca­ta­lo­ga­do como una ma­sa­cre, aca­ba­ron con la vida del di­rec­tor del medio, Charb, y tres ca­ri­tu­ris­tas y di­bu­jan­tes, Cabu, Tig­nous y Wo­lins­ki, entre otros. El saldo es de al menos doce muer­tos y 20 he­ri­dos.

Las imá­ge­nes del ata­que

Pero, ¿de qué trata este se­ma­na­rio sa­tí­ri­co y por qué se die­ron los ata­ques?
Char­lie Hebdo es un medio sa­tí­ri­co y muy crí­ti­co, fun­da­do en 1992. Su nom­bre viene de una pu­bli­ca­ción sa­tí­ri­ca que exis­tió entre 1969 y 1981 (pri­me­ro como Ha­ra-ki­ri, Ha­ra-ki­ri hebdo y fi­nal­men­te como Char­lie Hebdo).
Desde 2006, había pro­vo­ca­do la ira de los mu­sul­ma­nes que se ha­bían mo­les­ta­do por la de­ci­sión del di­rec­tor del medio de pu­bli­car al­gu­nas ca­ri­ca­tu­ras sobre el pro­fe­ta Maho­ma. El di­rec­tor del medio, Step­ha­ne Char­bon­nier co­no­ci­do como “Charb”, ya había re­ci­bi­do ame­na­zas de muer­te y por eso an­da­ba siem­pre cus­to­dia­do por guar­daes­pal­das. Poco pu­die­ron hacer hoy para pro­te­ger­le.
En 2011, el medio su­frió un ata­que a su ofi­ci­nas con coc­te­les mo­lo­tov, luego de que pu­bli­ca­ran una ca­ri­ca­tu­ra del pro­fe­ta, ha­cien­do re­fe­ren­cia a la Ley Mu­sul­ma­na. Tras ese aten­ta­do, ce­rra­ron por va­rias se­ma­nas.
Re­cien­te­men­te la re­vis­ta pu­bli­có vía Twit­ter una ca­ri­ca­tu­ra del líder del Es­ta­do Is­lá­mi­co, Abu Bakr al Bagh­da­di. (Ver ima­gen al final). Eso en­fu­re­ció a los yiha­dis­tas.
El medio es he­re­de­ro de una tra­di­ción fran­ce­sa de los có­mics, el humor grá­fi­co y las ca­ri­ca­tu­ras. A lo largo de los años, ha pu­bli­ca­do ca­ri­ca­tu­ras sa­tí­ri­cas tan po­lé­mi­cas que de­fi­nen su línea de in­for­ma­ción. Entre ellas, están la re­pre­sen­ta­cio­nes de Maho­ma, así como ilus­tra­cio­nes de la po­li­cía sos­te­nien­do ca­be­zas en­san­gren­ta­das de in­mi­gran­tes, mon­jas que se mas­tur­ban y papas usan­do un con­dón.
El medio siem­pre ha man­te­ni­do su tra­di­ción crí­ti­ca y desde el XVIII de­nun­cia­ba es­cán­da­los de todo tipo, es­pe­cial­men­te de la mo­nar­quía. Más re­cien­te­men­te, los po­lí­ti­cos y temas re­li­gio­so eran su blan­co.
El medio se ha ca­rac­te­ri­za­do por de­fen­der sus pu­bli­ca­cio­nes en nom­bre de la “li­ber­tad de ex­pre­sión” y por con­si­de­rar que es más pe­li­gro­so au­to­cen­su­rar­se que pu­bli­car.
“Si nos plan­tea­mos la cues­tión de si te­ne­mos de­re­cho a di­bu­jar o no a Maho­ma, de si es pe­li­gro­so o no ha­cer­lo, la cues­tión que ven­drá des­pués será si po­de­mos re­pre­sen­tar a los mu­sul­ma­nes en el pe­rió­di­co, y des­pués nos pre­gun­ta­re­mos si po­de­mos sacar seres hu­ma­nos… Y al final, no sa­ca­re­mos nada más, y el pu­ña­do de ex­tre­mis­tas que se agi­tan en el mundo y en Fran­cia ha­brán ga­na­do”, había ase­gu­ra­do en una en­tre­vis­ta con el dia­rio es­pa­ñol El País.
Desde el aten­ta­do que se pre­sen­tó en el año 2011, Charb, di­rec­tor del se­ma­na­rio, vivía con per­ma­nen­te cus­to­dia po­li­cial, y según él, si esa era la con­di­ción para ex­pre­sar­se li­bre­men­te en Fran­cia, “se­re­mos pro­te­gi­dos por la po­li­cía. Pre­fie­ro tener dos agen­tes a mi lado du­ran­te un tiem­po, así no se de­di­can a ex­pu­sar gi­ta­nos”, ase­gu­ró en una oca­sión.
Entre las doce per­so­nas fa­lle­ci­das en el ti­ro­teo que se re­gis­tró este miér­co­les, fi­gu­ran dos po­li­cías. Según in­di­có el pre­sin­den­te fran­cés, François Ho­llan­de, este “es un acto de bar­ba­rie con­tra un pe­rió­di­co, es decir con­tra la ex­pre­sión de la li­ber­tad, un acto de bar­ba­rie con­tra pe­rio­dis­tas que ha­bían mos­tra­do que po­dían ac­tuar en Fran­cia con la li­ber­tad que la Re­pú­bli­ca pro­te­ge”, dijo el man­da­ta­rio.

Fuente: http://www.crhoy.com/que-es-charlie-hebdo-y-por-que-lo-atacaron/