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21 mayo, 2018

TODOS LOS PARTIDOS TIENEN TOPOS: A IGLESIAS LE HA PASADO LO QUE A CIFUENTES.




Una Bescansa con una Montero?. Un partido con ricos y pobres siempre se la mete el rico. Los aristócratas no traicionan a los suyos.

Pobre nacerás y pobre morirás

@RaulSolisEU | El huracán mediático de la polémica de la compra del chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero encierra el modelo de sociedad que los sectores conservadores defienden en su fuero interno y que muchos tontos (in)útiles de la izquierda aplauden desde su concepción de la política como un camino evangelizador. La santa sevillana Sor Ángela de la Cruz, icono popular de la religiosidad, quien fundó una orden religiosa dedicada al asistencialismo a los pobres y enfermos, aunque jamás defendió la sanidad pública ni los derechos de los trabajadores en el XIX, tenía un lema: “Hay que ser pobre con los pobres”, decía la monja asistencialista, que no es lo mismo que justa.
Una de las causas a la que los obispos españoles achacan la falta de vocaciones religiosas es a la mejora de las condiciones socioeconómicas de la población. Los barrios con miles de chabolas insalubres, donde malvivía la clase obrera, fueron una gran cantera de reclutamiento de vocaciones religiosas en el siglo pasado. No en vano, quienes llenan los conventos españoles hoy en día vienen de Latinoamérica y cada vez más del África subsahariana. La pobreza siempre ha sido una buena cantera para la evangelización y también para confundir transformación con justicia.
La izquierda mortadela y la derecha choriza han intentado convertir la compra de una casa en Galapagar por Irene Montero y Pablo Iglesias, que no es precisamente la zona de los ricos de Madrid, por 600.000 euros, con una letra hipotecaria de 1.600 euros al mes entre dos personas con buenos salarios, en la imagen de la traición ideológica de los líderes de Podemos. Ha ocupado más titulares la compra de la casa de los Iglesias-Montero que el ático de lujo en Marbella que le regalaron a Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, por su trato cercano con la mafia que ha saqueado Madrid.
En el fondo, el mensaje que intentan que se convierta en hegemónico es el sueño mojado de la derecha, su objetivo fundacional, su creencia profunda contraria al ascenso social y a que la gente sencilla pueda optar por salir del barrio para vivir más cómodamente si así lo desean. Como palmeros han tenido a todo un ejército de tontos útiles, la izquierda a la que aplaude la derecha, que muchos de ellos conocen los barrios obreros de turismo. Confunden el orgullo de clase con el voto de pobreza perpetuo.
A un comunista de mi pueblo, que gracias a su trabajo pudo ascender, le preguntó un día un señorito: “¡Vaya qué bien vives, jodío, menos mal que eres comunista!”. El comunista le respondió: “Para eso soy comunista, para que todos y todas podamos vivir bien y no sólo vosotros”. Aquel viejo comunista de mi pueblo tenía claro que para defender el ascenso social de los pobres no hacía falta “ser pobre con los pobres”, como le gustaba decir a Sor Ángela de la Cruz. Con los pobres hay que ser justo, pero no pobre.
A Evita Perón la criticaban mucho en Argentina, además de por su origen social –“negra de mierda”, la llamaban con sobredosis de odio de clase-, por poner en marcha el Estado del Bienestar argentino y construir viviendas a modo de chalets adosados en Buenos Aires. “Y los negros por qué no”, le decía Evita Perón a quienes la criticaban por construir buenas viviendas para los pobres argentinos. Y por qué no, por qué no podemos la gente de barrio salir del barrio si nos da la gana, vivir en viviendas cómodas donde criar a nuestros hijos y dedicar el dinero de nuestro trabajo a lo que nos dé la gana, siempre que no fomente la injusticia, no sea ilegal y no corte el ascensor social para que sigan subiendo por él miles de criaturas que aún no han conseguido salir de la pobreza.
El problema no es que se critique a Pablo Iglesias y a Irene Montero, el problema es que ellos dos son la diana con eco mediático donde la derecha asienta su modelo de sociedad desigual y clasista, en el que naces ganador o perdedor, sin posibilidad de subir ningún escalón. Es la sociedad entendida como un castigo divino, donde serás estigmatizado como consigas abandonar el barrio y quieras vivir más cerca de los ricos de lo que a los ricos les gustaría. Y con la ayuda de la izquierda mortadela, la izquierda evangélica que confunde ser pobre entre los pobres con sacar a los pobres de la pobreza.
Ve con miedo de no tener un buen sueldo y una vivienda digna fuera del barrio obrero donde naciste, no vaya a ser que te tachen de impuro o vendido a la burguesía. Los ricos, siempre ricos; los pobres, pobres toda la vida. Pobre nacerás y pobre morirás. Ser pobre con los pobres. Tres eslóganes que los podría firmar Sor Ángela de la Cruz y cualquier líder de la izquierda mortadela o de la derecha fundamentalista que se aprovecha de los tontos útiles de la izquierda para difundir su modelo de sociedad estático de ganadores y perdedores.

27 abril, 2016

FELICES ELECCIONES Y SUELDOS, INEPTOS: NUESTRAS VIDAS E INSTITUCIONES CONTINÚAN PARADAS

La segunda victoria de Rajoy

El líder popular ganó las elecciones y ha ganado las postelecciones gracias al inmovilismo

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No ha cambiado el resultado del partido en la zona Cesarini, expresión balompédica que reconocía el instinto goleador de un futbolista juventino, Renato Cesarini, en la agonía de los últimos minutos.

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Quiso asumir Sánchez el argumento providencial. Por cuerpo y por espíritu, emulaba a esos centrales que suben a rematar las últimas jugadas, rebañando los nervios y los segundos. Compromís le concedió una inesperada asistencia en el tiempo de descuento, aunque la ambigüedad y el boato de la propuesta —"El acuerdo del Prado"— contradecía el pacto con Ciudadanos, incluso transgredía los límites con que acordó encadenarlo el Comité Federal: ni con Podemos, ni con los nacionalistas.
Carecía de sentido recrearse en un ejercicio de especulación, mucho menos invocando el minuto yugoslavo del parlamento catalán. Puigdemont descendió de los cielos in extremis porque las discrepancias ideológicas, económicas, institucionales entre Convergencia y la CUP, quedaron subordinadas a la anestesia o al placebo de la tierra prometida.
No había en Madrid un argumento aglutinador tan rotundo ni idealista. El motivo de cohesión acaso se restringía a la aversión hacia Rajoy, pero las ganas de evacuarlo expuestas por Rivera e Iglesias se resintieron de la incongruencia respecto al modelo de Estado y al criterio económico.
Se le podría agradecer el esfuerzo a Sánchez si no fuera porque ha practicado el ilusionismo como argumento de supervivencia. Y porque su desengaño de este martes —ha llamado a Iglesias traidor— representa un ejercicio de ingenuidad: el líder de Podemos no ha hecho otra cosa que maltratarlo en los vaivenes disciplinarios del castigo y el premio. Iglesias aspira a la hegemonía de la izquierda. Y espera asegurársela el 26 de junio, amarrando las confluencias, revistiendo de utilidad el voto desperdigado de IU.
Mariano Rajoy ganó las elecciones y ha ganado también las postelecciones. Hubiera preferido investirse presidente en la inercia del 20-D con la fórmula paternalista de la gran coalición, pero el escenario secundario de unas elecciones anticipadas premia con asombrosa desmesura su inmovilismo enfermizo. La inhibición le ha permitido asistir al deterioro de sus rivales. Le ha consentido purgar cualquier atisbo de deslealtad en su propio partido. Y le ha permitido incluso atribuir a Sánchez, a Rivera y a Iglesias toda le responsabilidad del fracaso, esperando, por idénticas razones, que los votantes los castiguen ejemplarmente en la segunda vuelta del 26-J.
El despecho es una de las novedades que comporta la convocatoria. Otra, no menos interesante, concierne al porvenir del PSOE. No porque haya alternativas previsibles al liderazgo de Pedro Sánchez, sino porque el presumible crecimiento de Ciudadanos y de Podemos-IU ahoga a los socialistas por el centro y por la izquierda, hasta el punto de poderse añorar el hito de los 90 diputados.

12 noviembre, 2015

ENCUENTRO PARTICIPAMOS



Más Info: WWW.PARTICIPAMOSTRANSFORMAMOS.COM

PODEMOS Y EL ANDALUCISMO: EL QUEO DE PABLO IGLESIAS A ANDALUCISTAS




Las ilusiones de Antonio Manuel y otras personas vinculadas a movimientos protoandalucistas, dirigidas a candidaturas para el senado, que abanderaban un acercamiento con Podemos se desmoronan, a excepción de Asamblea de Andalucía, regida por Moreno, compuesta por ex componentes de PC, PT, IU (pese a que  también coexisten andalucistas y patronos de la Fundación Blas Infante en ella).

05 septiembre, 2015

PODEMOS, PATRONOS Y PTSAT: EL ESFUERZO DE OLVIDAR LOS PERSONALISMOS FRENTE A UNA ANDALUCÍA ALMORZADA

5mentario. 

Los movimientos que se autodenominan "horizontales" son los más verticales... . Si Asamblea de Andalucía  no ha dicho sí a Podemos, Isidoro Moreno no hace mitin de clausura en la Torre de los Perdigones junto a Teresa Rodríguez, Moreno y compañía. Pero si el objeto es nuestra tierra (caben todas las dudas), hay que tragar saliva y contar hasta 1883; sin dejarse llevar por las buenas palabritas que guardan la solera del primer encuentro de Cultura Andaluza. Repensar si es mejor que esto no exista, y conformarnos con la visibilización de ideas andalucistas (no del PA, pobrecito), sería la postura coherente. Pero la asambleas no son veinte que opinen lo mismo y enterrar las 5 opiniones distintas, como viene siendo todo, estratégicamente. 


Podemos inicia negociaciones con Asamblea de Andalucía para la confluencia

Sergio Pascual confirma los contactos con la plataforma impulsada por el catedrático Isidoro Moreno para concurrir a las elecciones generales.
Desea que haya un acuerdo a escala autonómica e insiste en que su partido "es el motor del cambio, pero no quiere patrimonializar esta idea".
Sergio Pascual (Podemos) dice que no limitan la posibilidad de confluencias pero descarta el pacto nacional con IU
El secretario de Organización de Podemos, Sergio Pascual, ha confirmado este viernes que ya se han iniciado los contactos con Asamblea por Andalucía (AA) de cara a una posible confluencia para las elecciones generales que podrían celebrarse el 20 de diciembre. Entiende que la plataforma impulsada por el catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno, reúne las condiciones que persigue Podemos para sumar fuerzas para afrontar los comicios -"tiene el mismo ADN"- y no descarta que la confluencia pueda producirse a nivel regional y no sólo en algunas provincias, donde también están negociando con otras formaciones de este corte, pero "no con partidos", según ha precisado.
"En Andalucía estamos engrasando para afrontar las elecciones generales con las mejores garantías. Hemos tenido una serie de reuniones en esa dirección. (...) Podemos ha hecho un importante esfuerzo por tender la mano en este proceso de cambio, donde somos muchos los actores que tenemos que estar presentes", ha continuado. En la misma línea, ha reiterado las palabras de la secretaria general del partido en Andalucía, Teresa Rodríguez: "Hay que crear espacios de encuentro para listas Podemos guión algo más, que no será una sopa de siglas con muchos partidos que se encadenen". Para proseguir: "Nada que no tenga el ADN de Podemos va a poder acercarse a nosotros". Ese ADN hace referencia a cuestiones como primarias abiertas, debate del programa electoral con la ciudadanía...
En paralelo, buscan sintonía con los sectores más golpeados por la crisis, como pueden ser los pequeños y medianos empresarios o autónomos. "Me consta que hay compañeros que se están moviendo en el resto de las  provincias, pero sería deseable que al ser Andalucía una nacionalidad histórica, se pueda llegar a un acuerdo a escala autonómica", ha confesado.
Preguntado sobre si esta estrategia obedece a los resultados de las últimas encuestas que exhiben que el fenómeno se está desinflando, ha negado que sea así porque estaba previsto "antes del verano". Tampoco responde, ha dicho, al fracaso de negociaciones con IU. "Desde el principio dijimos que no íbamos a llegar a un acuerdo con IU. Otra cosa es que miembros de IU, más señalados o menos, formen parte de esas formulaciones de unidad popular para llegar a encuentros a escala provincial o regional", ha precisado. 
Por último, ha confiado en que la confluencia termine fraguando y cree que es "positivo" que el secretario general, Pablo Iglesias, "haya vuelto a recordar" que Podemos trabaja en esta sintonía con otras plataformas. "Nuestro deseo es que madure porque hace falta mucha gente para el cambio en el país. Podemos es el motor del cambio pero no somos el único actor ni patrimonializamos la idea", ha concluido. 

20 julio, 2015

PODEMOS POR EL 143

                                                 Imagen: Viva Jerez

09 abril, 2015

PROCESOS CONSTITUYENTES DE PODEMOS: PRINCIPE O RANAS

Estimado/a,
Como sabes el adelanto electoral en Andalucía postergó la fase de votación de los órganos autonómicos de dirección de PODEMOS en nuestra Comunidad.
Durante esta semana, desde el día 6 hasta el viernes 10 a las 23.59h los y las andaluzas podréis votar en primarias abiertas no bloqueadas a aquellas personas que estiméis idóneas para la labor de dirección política en este periodo político en el que además ya contamos con 15 diputados y diputadas en el Parlamento Andaluz.
Tu participación es esencial para que esta nueva dirección que enfrentará retos y disquisiciones complejas salga fortalecida de las urnas y traiga consigo la impronta de la participación ciudadana.
Puedes conocer los perfiles de los/las distintos/as candidatas en
http://autonomicas.podemos.info/candidaturas/?c_01
Dos candidaturas presentan propuestas completas encabezadas por dos candidatas Secretaria General:
  • Andalucía Sembrando Futuro, encabezada por Teresa Rodríguez y
  • Andalucía Desde Abajo, encabezada por Rocío Filpo
Otras candidaturas lo hacen a título individual mientras que Podemos Cambiar Andalucia, Podemos Recuperar Andalucía y Podemos Volver Andalucía lo hacen presentando listas sin candidato/a a Secretaria General.
Tu voto es importante, participa en https://participa.podemos.info/es
Comisión de Procesos Constituyentes Territoriales
PODEMOS
 

05 abril, 2015

PODEMOS ANDALUCIA ATACA PODEMOS MADRID OFICIALISTA

Demoledor ataque de la corriente crítica de Podemos Andalucía al oficialismo de Iglesias
Dura crítica a los resultados, a la campaña electoral, la confección de listas, el programa y su funcionamiento poco democrático


31 diciembre, 2014

LA ESTRATEGIA DE PODEMOS

La estrategia económica de Podemos va en la buena dirección pero puede, y debe, ir más allá
Giorgos Kallis · · · · ·
 

 

¿Austeridad o estímulo?

Esta es la cuestión  para  economistas y gobiernos tras las secuelas de la crisis. En Europa la austeridad no está funcionando ni económicamenteni mucho menos socialmente, excepto  para proteger  la riqueza del 1%. En E.E.U.U. se evitó lo peor con las medidas de estímulo impulsadas  por la deuda, pero la recuperación aún está por llegar, lo que indica un "estancamiento secular". Tal como hemos argumentado  en  "Decrecimiento. Un vocabulario para una nueva era",  el propio dilema austeridad vs. estímulo ha quedado obsoleto. Hemos entrado en una nueva era en la cual relanzar el crecimiento, ya sea por medio de la austeridad o del estímulo, no es posible ni sostenible. El rápido crecimiento de la posguerra en Occidente es una excepción histórica, resultado de una reconstrucción después de una catástrofe sin precedentes. Un crecimiento anual del 2% duplica la economíaen 35 años. Al paso al que se están agotando los recursosnaturales baratos, cada vez se hace más difícil mantener este ritmo. Del mismo modo, va a ser muy difícil que demanda e inversiones continúen doblándose en cada generación y, más aún, en las economías maduras. En la década de 1980 y 90 las altas tasas de crecimiento se pudieron mantener a base de burbujas, productos financieros ficticios y de deuda pública y privada, postergando las consecuencias para el futuro. Pero incluso si el crecimiento continuado fuera posible, no sería deseable. Es causa directa del cambio climático y  por encima de un cierto nivel de riqueza tiene más costes que beneficios sociales sin hacernos más felices. Sin embargo, para el economista Tim Jacksonla cuestión central de nuestra época no es austeridad o estimulo, sino como garantizar la prosperidad sin crecimiento, en otras palabras, cómo hacer que el decrecimiento sea estable.

En este terreno, no esperamos  nada de los conservadores o socioliberales que gobiernan Europa. Ambos han abrazado, más o menos, la austeridad con algunos gastos para clientelas seleccionadas. La izquierda tradicional, socialista o keynesiana, está también apegada a la idea del desarrollo de las fuerzas de producción.  Los Verdes, en los lugares donde gobiernan, como en Alemania, apuestan por el mito del “crecimiento verde”. En otros países donde son más radicales, como en España o en Grecia, donde sí hablan de decrecimiento, tienen desafortunadamente una escasa influencia electoral. Así que cuando Podemos, un nuevopartido de izquierda radical formado por treintañeros, nacido de las Universidades y las plazas ocupadas y desde hace unos meses encabezando lasencuestas en España, lanza su estrategia económica, se tiene  curiosidad y esperanza por si se va a apostar por algo distinto. En el documento de Podemos, elaborado por los profesores Navarro y Torres, y publicado el pasado mes, hay muchos elementos positivos desde la perspectiva de la prosperidad sin crecimiento, aunque este no sea  su objetivo.

En primer lugar, da un fuerte respaldo a la redistribución con impuestos más altos para el capital y las rentas altas, una renta  mínima garantizada y límites a las diferencias salariales dentro de las empresas. Si el crecimiento está llegando a su fin, asegurar un mínimo vital para todos y reducir la desigualdad es básico.

En segundo lugar, el documento apela a los  impuestos para frenar las transacciones financieras y la especulación en bolsa y propone una serie de reformas en el sistema bancario para desviar la capacidad de financiación desde las  burbujas hacia las necesidades reales de las pequeñas empresas y las clases trabajadoras. Dirigir las finanzas hacia las necesidades reales con valor social añadido es un paso básico hacia la prosperidad

En tercer lugar, apela al debate democrático para reestructurar y cancelar parte de la deuda privada y pública. De hecho, como argumenta Federico Demaria, no se puede obligar a la economía a crecer artificialmente solo para pagar las deudas que alimentaron el crecimiento ficticio del pasado; parte de la deuda tiene que ser cancelada.

En cuarto lugar, el documento propone una semana laboral de 35 horas. En una economía sin crecimiento, sólo se pueden crear más puestos de trabajo si todos nosotros trabajamos  menos.

En quinto lugar, el documento llama a un cambio en las inversiones hacia las industrias limpias y las energías renovables, imponiendo una moratoria a todos los  megaproyectos en infraestructuras desorbitadamente costosos y corruptos. Esto es parecido  a lo que Naomi Klein llama “decrecimiento selectivo”. También cambia el objeto de la inversión pública hacia  el cuidado y la educación y llama al apoyo de las cooperativas. En una economía de crecimiento nulo o bajo, las cooperativas tienen una ventaja natural: no requieren ganancias crecientes. Y en un contexto de desempleo, los sectores intensivos en trabajo dedicados al cuidado proporcionan más empleo y de mayor valor social.

Los grupos de trabajo de Podemos yun proceso de consulta concretarán la implantación de la estrategia. Una cuestión clave es cómo se va a reestructurar la deuda  privada y pública. No debe ocurrir, como ha ocurrido en Grecia o Chipre, que sean losacreedores o los deudores ricos quienes se beneficien y los pequeños ahorradores, españoles o  extranjeros, los que pierdan. El documento llama también a mejorar la eficiencia del sector público pero, aparte de las buenas intenciones, no concreta ninguna nuevaalternativa de izquierdas a los recortes de los neoliberales, las privatizaciones y la externalización. Se pierde una oportunidad para tomar ideas e inspiración de la floreciente economía cooperativa en España, en la que los grupos de ayuda mutua organizan soluciones asequibles para la salud, educación, alimentación, vivienda o servicios. Estas soluciones podrían regenerar los servicios de bienestar, reduciendo sus costes de manteniendo y profundizando en su carácter público.

El estímulo al consumo está en el núcleode la estrategia, pero los autoreshacen hincapié en que buscan un consumo ecológicamente sostenible. No quieren volver  al período anterior a la crisis con un crecimiento impulsado por la deuda y destructor del  medioambiente. Sin embargo, no está claro cómo ni por qué van a obtener este resultado a partir de la combinaciónde políticas propuesta. Sin ninguna otra medida complementaria la reducción de la deuday la mejora de los flujos de créditopueden relanzar el crecimiento insostenible. La reducción de las horas de trabajo puede liberar tiempo para el consumo material. ¿Qué va a hacer Podemos si de nuevo comienza un crecimiento insostenible?El paquete de medidas propuesto necesita ser complementado con las siguientes medidas:

Primero, límites obligados al  total del  carbono y de los materiales  empleados en la economía española (incluyendo los incorporados  en los productos importados) y   límites a la presión ambiental, como el total de tierras que pueden ser urbanizadas, el agua utilizada en la agricultura o las nuevas instalaciones turísticas permitidas.

Segundo, prohibición de las mega-infraestructuras que debería extenderse a una moratoria de todos los proyectos perjudiciales ambientalmente, como nuevas presas, minas o promociones inmobiliarias (hay muchas viviendas vacías que pueden ocuparse antes de empezar a construir de nuevo).

Tercero, es necesario aplicar controles más estrictos en materia de publicidad.

Cuarto y más importante, se necesita un cambio en la fiscalidad, reduciendo los impuestos sobre el trabajo y redirigiéndolos hacia el uso de los recursos, con un diseño favorable a las rentas más bajas.

La pr
osperidad sin crecimiento no es el objetivo de la estrategia, pero puede ser su resultado. Los autores reconocen que la inversión en el cuidado y la educación a lo mejor no van a aumentar el PIB inmediatamente. Están seguros de que sí lo harán a la larga, pero no dan ningún argumento convincente del por qué. Sea lo que sea, coincido con  Yayo Herrero en que tenemos que “salir de la dicotomía keynesianismo-decrecimiento”. Las políticas públicas y las inversiones también van a ser necesarias en la transición hacia el decrecimiento. Un “keynesianismo” verde no es una mala cosa, aunque como he sostenido en otras partes, es improbable que conduzca al crecimiento. Y las políticas de Navarro-Torres no son Keynesianas estrictamente hablando: ellos no pretenden estimular cualquier consumo, sino el consumo que satisfaga las necesidades básicas. En resumen, las políticas que proponen son buenas, independiente de su efecto sobre el crecimiento. Pero si ignoramos el PIB, como ellos correctamente hacen en su documento, entonces necesitaremos nuevas métricas del bienestar para evaluar el éxito de esas políticas. Y tendremos que asegurar que los objetivos de dichas políticas se puedan alcanzar en el caso de que, tal como yo creo,  el PIB o la actividad económica, de forma más general, se niegue a crecer, lo que significa que Podemos tendría que manejarse con  unos ingresos públicos estancados. Sin crecimiento, una cuestión clave es como se puede asegurar un estándar de vida digno para todos desde la, todavía considerable,  riqueza común aunque no creciente.

En este contexto, será un error si Podemos se rinde en la cuestión de la Renta Básica. El informe de Navarro-Torres sugiere, en su lugar,  una renta mínima garantizada para aquellos que no puedan encontrar trabajo. La ventaja de una renta básica universal como un derecho de la ciudadanía es que elimina el estigma del desempleo. No es un factor disuasorio del trabajo ya que la gente la recibe sin condiciones y proporciona seguridad complementaria para aquellos que quieran trabajar menos horas retribuidas y dedicar más tiempo a la familia, al cuidado, al ocio, al desarrollo personal, al voluntariado  o al trabajo político. Los estudios preliminares muestran que una renta básica mensual de 400 a 600 euros por persona es factible en España sin cambios dramáticos en los impuestos. Si a una Renta Básica le unimos el acceso a un paquete mínimo de recursos (energía, agua, alimentos y vivienda) necesarios para satisfacer las necesidades básicas a  un coste bajo o gratuito garantizado por el Estado, he aquí un nuevo contrato social. Un contrato que puede garantizar la prosperidad de todas y todos sin crecimiento.

Giorgos Kallis es profesor de ICREA del ICTA-UAB
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=7601

02 noviembre, 2014

DEL FELIPISMO AL PABLISMO, O DE LA PERPETUACIÓN DEL ENGAÑO...

 

Del “felipismo” al “pablismo”, o de la perpetuación del engaño electoralista del reformismo


“Lo de hoy es una demostración de algo que pone nerviosos a muchos. Hoy empieza a nacer una organización política que está aquí para ganar y para formar gobierno”. Estas palabras fueron pronunciadas por Pablo Iglesias en la asamblea constituyente de “Podemos” como partido. Un partido del cual Iglesias señaló más adelante su característica fundamental, la que lo distingue de otros proyectos: “la diferencia fundamental es que sabemos cómo ganar”. Y posteriormente aclaró cuál sería la estrategia para lograrlo: “Queremos ocupar la centralidad del tablero porque existe una mayoría que apuesta por la decencia”. Todo ello con el propósito de “cambiar el país”. Ese “país”, claro está, como para cualquier españolismo, es España.  
Además de obviamente españolista, estamos ante un proyecto declaradamente electoralista, puesto que su razón de ser es “ganar” (se sobrentiende que elecciones), y cuyo fin manifestado es el gobernar el Estado (“formar gobierno”), lo que creen que lograrán (“sabemos cómo ganar”) a través de “ocupar la centralidad del tablero” (el espacio del centro político) con una propuesta interclasista (para “la mayoría” que “apuesta por la decencia”). Tras esta asamblea, “Podemos” termina de quitarse la máscara revelándose, no como alternativa al Sistema, sino como mera alternativa de poder dentro del Sistema. Como relevo generacional en la “casta”.
Un proyecto político de estas características no tiene nada de novedoso, aunque pretenda venderse así. Más allá de diferencias superficiales en formas, palabras y gestos, es idéntico al que representó el PSOE durante la llamada “transición” y que presento y logró llevarle al poder en 1982.  Pablo Iglesias nos ofrece, con distinto envoltorio y denominación, el mismo producto de marketing político prefabricado en los laboratorios intelectuales del Sistema que hace treinta y dos años ya le vendió a las clases populares Felipe González. En lo fundamental, Pablo Iglesias y “Podemos” transmiten el mismo discurso de regeneración y honradez de aquel PSOE (“cien años de honradez” era su lema). El mismo proyecto de gobierno de “mayoría social” y la misma propuesta de “cambio” (“Por el cambio” fue el lema de campaña del PSOE en 1982)
Al igual que el actual “Podemos”, aquel PSOE también era una organización de jóvenes totalmente desconocidos e ilusionadores que abarrotaban estadios y estaban constantemente presentes en los medios, y que pretendía representar la esperanza de lo diferente y lo nuevo frente a lo viejo, al que se le adjudicaba la responsabilidad del pasado y el presente. Si ahora lo viejo es el PP o el PSOE, entonces eran los abiertamente franquistas y los comunistas. Si ahora se nos vende a la derecha como origen de nuestros males y se nos propone el: ¡todos contra el PP!, entonces también el problema era la derecha y se propugnaba el: ¡todos contra la UCD!
Aquel PSOE también era un partido de aluvión en militancia, que paso en meses de decenas a miles. Y lo fue también gracias a la amplia campaña propagandística que le ofrecieron los medios de comunicación “progresistas” de entonces. Un partido que, en realidad, no tenía más relación con el PSOE histórico que sus siglas. Aunque se hizo ver el Congreso de Suresnes como una renovación, en realidad se trato de una especie de “golpe de Estado” interno, impulsado por una Internacional Socialista al servicio de los intereses estadounidenses, que acabó con el propio PSOE, modificando hasta hacerla irreconocible su ideología pretextando “renovación” (“hay que ser socialistas antes que marxistas” llegaría a proclamar González), y apartando del poder organizativo a sus dirigentes tradicionales, poniendo en su lugar a jóvenes arribistas y ambiciosos, dispuestos a ser unos files lacayos del imperialismo y los futuros constructores de un continuismo neofranquista al servicio del Capital, del que ellos serían sus gobernantes.
Aquellos jóvenes también eran informales y rompedores, entonces simbolizado por la famosa chaqueta de pana de González como ahora por la no menos emblemática coleta de Iglesias, y utilizaban un lenguaje que huía de antiguos conceptos, supuestamente para así hacerse más cercanos y comprensibles a amplias capas sociales. Por ejemplo entonces Alfonso Guerra no hablaba de la clase obrera sino de “los descamisados”, como ahora Pablo Iglesias lo hace de “los de abajo”. También entonces se despotricaba contra los ricos, en ese sentido los mítines de Alfonso Guerra eran antológicos, para después proponer recetas que no rebasaban los límites de tolerancia marcados por la plutocracia. En “Podemos” resulta ejemplificadora la diferencia entre el discurso “radical” contra la deuda y la disponibilidad programática a pagarla
Aquella otra “nueva izquierda”, así era calificada por los medios, no solo logró instituirse como fuerza hegemónica de la izquierda en las primeras elecciones a las que se presento, las de 1977, sino que cinco años después se hicieron con el poder. Y todos sabemos lo que ocurrió tras su triunfo. El “cambio” que promovieron tanto a nivel local como “autonómico” o estatal es el origen de la Andalucía dependiente actual. Gracias a ellos, junto a la contribución del PCE y después de IU, el régimen neofranquista y neocolonialista ha conseguido asentarse y perdurar a lo largo de más de tres décadas en nuestra tierra. Gracias a ellos, con la inestimable colaboración de los sindicatos “mayoritarios”, el pueblo trabajador andaluz sufrió los más graves atentados a sus derechos y estabilidad laboral conocidos hasta entonces. Infinitamente superiores a los que antes ya les había producido la derecha, entonces la UCD. Baste recordar al respecto las sangrantes “reconversiones industriales” o el invento de los “contratos basura”, justificados con aquello de “Mejor un mal trabajo que no tener trabajo” que decía González.
Hoy los hijos nacidos en aquel “felipismo” incurren en los mismos errores en el que ya cayeron sus padres, y las nuevas generaciones compran la misma estampita trucada que las anteriores, en este timo institucionalizado del tocomocho de la “España constitucional”. Y lo hace porque la supuesta “generación más preparada de nuestra historia” adolece de las mismas carencias que las que le precedieron. Más allá de sus conocimientos técnicos, están inmersos en el mismo mar de alienación social, identitaria y de clase que sus ancestros. Y no es de extrañar, puesto que tanto esta generación, como anteriormente la “felipista”, y aún antes la “madura” de la “transición”, no son más que sendas víctimas y consecuencias del franquismo sociológico. Del mismo condicionamiento social inoculado a las clases populares durante la Dictadura y que ha sido mantenido, e incluso aumentado y perfeccionado, por el régimen neofranquista actual.
Creer o decir que vivimos en un “Estado de derecho” y en una democracia, más o menos imperfeta o necesitada de mejoras, pero democracia. Que el Estado en una mera estructura administrativa neutra y neutral que gestiona y vela por lo común, por la “res pública”, a través de los representantes electos, y que, por lo tanto, basta con que se elija a aquellos que pretendan actuar en beneficio de “la mayoría social” mediante sus decisiones y legislaciones para que la realidad política o económica cambie, o tan siquiera puedan crearse posibilidades o generarse condiciones para intentarlo, sólo puede defenderse desde la más profunda de las ignorancias, el más descarado de los reformismos socialdemócratas o el más inmenso de los oportunismos. Solo un ignorante, en el sentido etimológico del término (aquel que desconoce, que ignora), un reformista, en su significado político (aquel que no pretende transformar la realidad, sólo suavizarla), o un oportunista, en su sentido más peyorativo (aquel que carece de ideología, principios y escrúpulos, y sólo aspira a medrar y obtener poder), podrían aseverarlo.
Éste discurso de la posibilidad del cambio político y económico dentro del propio Sistema, que ahora se nos vende como novedoso por parte de “Podemos” y su marca blanca “Ganemos”, ha sido también el mantenido en nuestra tierra tradicionalmente no sólo por el PSOE, igualmente  lo ha sostenido Izquierda Unida, sus partidos federados (PCA, CUT, etc.) y sus derivados más recientes como Izquierda Abierta o el Frente Cívico de Julio Anguita. Este discurso, además, no es más que el que siempre ha propagado la socialdemocracia desde finales del siglo XIX.
En cuanto a la afirmación de la existencia de democracia, constituye el basamento justificativo y amparador del régimen y aquellos que forman parte de él. El continuismo neofranquista se asienta sobre la “verdad” incuestionable e incuestionada del supuesto final de franquismo con la muerte del Dictador y el establecimiento de una democracia durante la “transición”. De ahí el que se pueda degradar o poner en peligro, porque la hay. Y por eso es susceptible de hacerla más participa, de ampliarla, regenerarla o practicarla de forma más honrada, porque existe.
Tanto en el caso de “Podemos”, “Ganemos” o IU, que la mayoría de sus bases lo crean así y lo mantengan por convicción es creíble, siendo por ello inscribibles en el sector de aquellos que lo hacen por mera ignorancia. Por desconocer. Pero el que lo sostengan sus dirigentes, nacidos políticamente todos en el marxismo-leninismo y amamantados la mayoría intelectualmente con estudios universitarios, hace descartar por completo la posibilidad de la ignorancia y sólo permite el etiquetarlos dentro de una de las otras dos opciones: la del reformismo o la del oportunismo. O éstos dirigentes se han pasado conscientemente a la socialdemocracia, o se han degradado al extremo de que sus fines se limitan a prosperar en lo personal y como grupo. En cualquiera de los dos casos, sus radicalismos se reducen a mera impostación superficial.
A poco que se haya profundizado en el marxismo-leninismo, o tan siquiera se posea una visión amplia y objetiva de la realidad, imprescindible para ejercer cualquier liderazgo, se sabrá que los estados burgueses no son simples organismos administradores de los bienes e intereses sociales. Desde una óptica marxista-leninista o el simple ejercicio de la racionalidad científica, son estructuras ideadas y usadas por el Capital para facilitarse el control popular, el monopolio económico y la explotación social. Son instrumentos de los que se vale la burguesía para ejercer su poder sobre las clases populares y especialmente sobre la obrera. Que los Estados nunca podrán representar o satisfacer los intereses de las clases populares, porque su razón de ser es el imposibilitarlo mediante la imposición, la coerción y el ejercicio del monopolio de la fuerza.
También se sabrá que, dado el carácter intrínsecamente opresor y represor de los estados burgueses, sus democracias, las “democracias parlamentarias”, no son ni pueden ser otra cosa que dictaduras burguesas al servicio del Capital. No son ni podrán llegar a ser expresión de los anhelos populares, ni vías institucionalizadas para su consecución, puesto que se encuentran al exclusivo servicio de su enemigo de clase. No hay ni habrá democracias burguesas favorables al pueblo porque fueron diseñadas contra el pueblo. Para impedir su acceso efectivo al poder.
En cuanto a sus gobernantes, igualmente se sabrá que, dado que los estados burgueses son meras herramientas instrumentales al servicio del Capital y, por tanto, todas sus instituciones simples gestoras y protectoras de sus intereses, sus  gobernantes no deciden o determinan realmente nada, sólo dirigen según se les ordena o impone. Son capataces al servicio del amo, del dueño del Estado y sus instituciones, del único que realmente les dicta: el dictador Capital.
Por último también se sabrá que no hay capitalismos buenos. Que toda economía capitalista es esencialmente negativa, contraía a los intereses y necesidades de las clases populares, pues se funda y se sostiene en la desigualdad, ya que el capitalismo no es más que la apropiación por unos pocos de lo que es común en beneficio propio. Que la mayoría viva en la miseria o la subsistencia para que algunos vivan en el lujo no es mal capitalismo, no es “neoliberalismo” o “capitalismo salvaje”, es simplemente capitalismo, el único existente, despojado de máscaras.
Y como consecuencia de ser plenamente conscientes de que el Estado burgués no es más que una maquinaria creada para controlar y encadenar al pueblo, de que sus democracias no son otra cosa que dictaduras del Capital y de que el capitalismo es una economía intrínsecamente ladrona y explotadora, no podrá creer ni defenderá el “Estado del bienestar”, pues considerará al Estado como la causa de la falta de bienestar popular. No podrá creer ni defenderá el “Estado social de derecho”, puesto que considerará que el Estado burgués es esencialmente antisocial, anti-popular, y su “derecho” no es más que la institucionalización del robo del Capital. No podrá creer ni defender ninguna “democracia participativa” o “real” dentro de la democracia burguesa, puesto que considerará que las “democracias parlamentarias” existen para impedir la participación popular y que el pueblo ejerza cualquier poder real en ellas, de ahí que tradicionalmente se las denominase como “democracias formales”, pues sólo lo son en apariencia, en sus formas y formalismos. Y no podrá creer ni defenderá la posibilidad de una economía más justa, o de un mayor y más equitativo reparto de la riqueza, dentro de la economía capitalista, puesto que considerará que el capitalismo no es ni puede llegar a ser justo, ni equitativo, ni repartidor de riqueza, dado que es imprescindiblemente injusto, carente de equidad y opuesto al concepto de reparto. Sabrá por ello que no existe la “economía social de mercado”. Que “el mercado” es el capitalismo y éste es ajeno a toda idea de colectividad o de bien común. Que una sociedad que pretenda asentarse sobre principios de equidad, apoyo mutuo y solidaridad, deberá para lograrlo haber acabado previamente con el  capitalismo.
Si estas realidades tan básicas y estos principios tan incuestionables como atemporales, que siempre han compartido la totalidad de las teorías de la izquierda revolucionaria (leninistas, consejistas, libertarias, etc.), no se conocen o no se comparten por quién se catalogue como anti-sistema, éste carece de la más mínima capacitación ideológica. Sería un ignorante político. Por contra,  si sí se conocen y se comparten, y aun así se proclama y afirma la posibilidad de la existencia de capacidad de decisión real o de participación determinante en el poder por parte del pueblo dentro de un Estado y una democracia burguesa, así como de lograr éste cuotas apreciables de bienestar, prosperidad, justicia o reparto de la riqueza dentro de la economía capitalista, o se es un socialdemócrata, alguien que ha renunciado a la revolución y la ha sustituido por la mera aspiración a la obtención de migajas sociales temporales a cambio de la rendición popular y el colaboracionismo con el Sistema, o se es un oportunista sin principios ni escrúpulos, capaz de engañar, manipular y utilizar al pueblo en su beneficio y el de su grupo.
¿Quiere esto decir que no se debe o es posible luchar por pequeñas mejoras; por lo concreto, lo inmediato y lo acuciante, o que no se tiene que participar bajo ninguna circunstancia y de ninguna manera en los procesos electorales y en las instituciones del Sistema? Claro que no. El mal del socialdemócrata no es el que luche por reformas sino el que limita la lucha a ellas. El que no las trasciende y no las utiliza como palanca de subversión. El mal del electoralista no es presentarse a unas elecciones sino el entenderlas como el fin de la acción política en lugar de como un posible medio, coyunturalmente útil o inútil según sean las circunstancias, y como un medio más para revolucionar. Y el mal del institucionalista no es el acceder a las instituciones, sino el encauzar la actividad política, la suya, la de trabajadores y la de las clases populares, a través de las instituciones en lugar de contra las instituciones, y el no utilizar las capacidades de las mismas contra el propio Sistema y en apoyo y la protección de las luchas del pueblo.
Ejemplos, a un tiempo, de repuesta revolucionaria y actuación reformista ante una necesidad concreta, inmediata y acuciante, la podemos hallar en el movimiento de ocupación y el anti-desahucios, en sus acciones y alternativas al problema de la vivienda. El que se idee, impulse o participe en algo tan inmediato, concreto y acuciante como el impedir que le quiten a las clases populares sus casas, y el que se propugne la alternativa de la ocupación a la carencias de viviendas, es en sí una acción de un nítido carácter revolucionario, en tanto que además de abordar y solventar una problemática específica, incita al pueblo a ser el protagonista de su destino, actuando por sí mismo en lugar de esperar a que se lo solucionase papa Estado o un benéfico gobernante, así como provoca su enfrentamiento directo contra el propio Sistema, su Ley y su sacro santa propiedad privada. Se desarrolla una actividad que ofrece una alternativa a una situación particular, pero al mismo tiempo se la trasciende, convirtiéndola en un medio de agudizar las contradicciones, potenciar el activismo popular y obligar al Sistema a mostrarse al pueblo con su rostro represivo y opresor más descarnado, contribuyendo así  a aumentar el grado de concienciación de las clases populares y atrayéndolas al campo revolucionario. Es una lucha por lo concreto que a su vez es palanca y herramienta de subversión. Imaginaros lo que hubiese supuesto el mantener, proteger y aumentar exponencialmente el enfrentamiento y la ocupación, así como extender esta última a la toma de fábricas, tierras, distribuidoras, etc. Y no como algo excepcional, coyuntural o propagandístico, sino como política de acción directa de masas, de carácter genérico y permanente, destinada a potenciar la autogestión y el poder popular.
En cambio, cuando se propugna o se acepta la “dación en pago”,  los “alquileres sociales” y los “parques de vivienda pública en alquiler” como salidas a la ocupación y los desahucios, se está limitando el carácter y la trascendencia de la reforma a sí misma, además de encauzando institucionalmente la problemática y extrayendo de ésta toda su potencialidad subversiva. Si impedir a la “justicia” y a las “fuerzas del orden” el que ejecuten desahucios es subvertir “el orden establecido” y colocar al pueblo frente al Sistema, el condicionar dicha oposición a que sólo te quiten la casa, a que no lo hagan durante un tiempo, a que te dejen en ella cambio de un alquiler módico o de otra que te cedan temporalmente igualmente pagando, es subordinar la reivindicación dentro de “los cauces establecidos”, circunscribirla a lo asumible por el Sistema, y conciliar al pueblo con éste. Si el mantener y generalizar la ocupación es anteponer la propiedad colectiva a la propiedad privada y por tanto es acción anticapitalista y priorizar “la finalidad social de la vivienda”, el limitar la ocupación o abandonarla a cambio de daciones en pago y alquileres sociales es anteponer la propiedad privada a la propiedad colectiva, y por tanto la convierte en una acción pro-capitalista encubierta al priorizar una finalidad financiera, especulativa y particularista de la vivienda. Es simplemente reformismo contra-revolucionario.
En cuanto a los procesos electorales y las instituciones del Sistema, dado que se es consciente de lo que son y representan el Estado burgués, su “democracia” y la economía capitalista como instrumentos de opresión y explotación de las clases populares, para el revolucionario, para aquel que pretende transformar de forma radical una realidad social, política y económica contraria al pueblo y a sus intereses, para aquel que quiere acabar definitivamente con esos tres grandes enemigos del pueblo y la clase obrera: el Estado Burgués, su “democracia”, y la economía capitalista, las elecciones y las instituciones no pueden ser tomadas como fines ni medios de la acción política, sino sólo como posibles herramientas, no del cambio social, sino de subversión y apoyatura a la lucha de masas en la calle, contribuyendo a sus victorias contra el Estado, su “democracia” y la economía capitalista, actuando en las mismas como saboteadores y sus “quinto-columnistas”. Por tanto, la participación en procesos electorales e  instituciones dependerán, en cada coyuntura, de la existencia o carencia de unas condiciones objetivas y factibles para hacer posible el utilizar las estructuras del Sistema contra sí mismo.
El revolucionario no pretende la estabilidad y el desarrollo de la democracia burguesa sino su inestabilidad y destrucción. Actúa para lograr socavar los pilares sostenedores del Sistema, el Estado y sus instituciones. Su meta no es mejorarlo sino derribarlo. Hacia ese objetivo último encamina y condiciona todas sus propuestas y acciones. Por lo tanto no aspirará a  “contribuir a la gobernabilidad” del Estado burgués y de su “democracia” sino a su ingobernabilidad. No aspirará a “gobiernos de progreso” sino a acabar con los gobiernos para que el pueblo y sus intereses progresen. No aspirará a “ganar”, a gobernar el Estado, sino a que el pueblo se auto-gobierne anulando el poder del Estado sobre él. No aspirará a la construcción de una más "real" o más “participativa” democracia burguesa, no pretenderá “profundizar su democracia”, sino a destruirla para hacer posible la única democracia real y participativa, el autogobierno popular. No aspirará a una economía y a un mercado más justos y equitativos en el capitalismo, sino a terminar con el Capital para hacer posible una economía y un mercado realmente social, el socialista.
En cuanto al caso específico del Estado Español impuesto, además de encontrarnos ante un Estado burgués al que, por tanto, le es aplicable todo lo expuesto hasta ahora, se le unen dos particularidades determinantes. Dos características propias que lo singularizan. El tratarse de un Estado conformado en régimen continuista neofranquista y el haberse originado en la adaptación del antiguo Imperio Español en superestructura imperialista por el capitalismo.
Si a la represión propia de todo Estado y democracia burguesa, y a la explotación derivada de cualquier economía capitalista, se le suman los pluses ser una “dictablanda” continuadora de las instituciones de un régimen autoritario, así como constituir una superestructura destinada a mantener la ocupación y esquilmación de las naciones y pueblos bajo su control , el sostener la posibilidad del cambio social dentro de dicho Estado o a través de él; de su administración  local, “autonómica” y central, resulta totalmente ridículo y es absolutamente irracional.
Si afirmar la posibilidad de existencia de capacidad de decisión, de participación o incluso de control del poder por parte del pueblo dentro de un Estado y una “democracia” burguesa, de un “proceso de empoderamiento” que dirían los “actualizados”, así como de lograr cuotas apreciables de bienestar, prosperidad, justicia o reparto de la riqueza dentro de la economía capitalista, si no es fruto de la ignorancia lo es del más necio y ciego de los reformismos o el más condenable de los oportunismo, el sostener la existencia de estas posibilidades dentro de un Estado que además es imperialista y colonialista, y de unas instituciones que son herederas de un régimen totalitario, si no es el producto del más desorientado e incapacitante de los desconocimientos lo es el de la más imperdonable y despreciable de las traiciones.
El Sistema se sirve de dos elementos principales para mantener entre las clases populares la ilusión de la participación en el poder y la determinación de decisiones dentro de los estados burgueses y sus “democracias parlamentarias”: Por un lado el de los procesos electorales y los referéndums, y por otro el de los gobiernos y los parlamentos. A través del voto hace creer al pueblo que son ellos los que deciden sus destinos y los de su país, y  mediante los regidores locales, “autonómicos” y estatales le convence de la existencia de una soberanía nacional y popular. De que la nación y sus ciudadanos son libres y los dueños de sí mismos. Es en ambas ilusiones, en ambos opios del pueblo, en los que se asientan la posibilidad y la capacidad del capitalismo de mantener su dominio social y la esclavitud económica. En realidad, ni el voto determina ni el gobernante decide. Al igual que a nivel económico el capitalismo monopoliza los medios de producción, elaboración y distribución, a nivel político monopoliza el poder ejerciendo una férrea dictadura. Nada dentro de sus estados escapa a su más absoluto control. El que no sea visible no indica que no suceda, sólo el grado de perfeccionamiento alcanzado.
Otro de los mecanismos de que se vale el Capital para mantener viva la ilusión de la existencia de democracia es el “pluralismo político”. La supuesta existencia de diversidad de opciones y proyectos políticos y sociales dentro del Sistema resulta esencial para hacer realmente creíble la “democracia parlamentaria”. Lógicamente, tal pluralismo no es más que otra apariencia. Dentro del Sistema sólo se permiten opciones y proyectos que supongan variantes dentro de una misma y unívoca visión de la realidad, la de la ilusión democrática y reformista. Las que no entran dentro de ellas son marginadas o destruidas, dependiendo del riesgo que conlleven para el “orden establecido”, o sea para el mantenimiento del poder por parte del Capital. Y si son toleradas las anti-sistema es solo por no suponer peligro alguno para él en el presente, además de que con esa permisividad controlada se refuerza la ilusión democrática y plural.
El reformista participa del engaño electoral y de gobierno como protagonista fundamental. El reformismo desempeña el papel del representante popular capaz de vehicular esa posibilidad ficticia de acceso al poder “indirecto”, a través de ellos, por parte del pueblo, y de la capacidad por parte de estos de determinar su presente y su futuro a través de gobiernos e instituciones “democráticas”. La realidad es, evidentemente, el que las decisiones las toma el Capital y se las impone a la población mediante esos gobernantes e instituciones. Y esos reformistas lo saben. Saben que si “ganan” serán solo capataces, los manijeros del amo del cortijo, pero en el mejor de los casos, se conforman con ello creyendo que a cambio de su claudicación lograrán del dueño algunas mejoras en las condiciones de vida de las clases populares, siempre y cuando, claro está, estas no alteren su poder y su control. Esa es la mentalidad socialdemócrata. El reformista es un embaucador del pueblo. El que engaña y arrastra a la derrota a las masas. El que lo haga de forma consciente o inconsciente no modifica este hecho. El reformista es el contenedor, desmovilizador y encauzador de los movimientos de masas en favor del Sistema.
El embaucamiento popular del reformismo tiene como objetivo el del mantenimiento del statu quo a través de invisibilizarle a sus enemigos de clase y los porqués de sus problemáticas. Un ejemplo actual es la campaña del reformismo señalando a los gobiernos del Partido Popular como los causantes y los culpables de la situación económica y social. El problema de las clases populares andaluzas no es el PP, que se limita a ejecutar las órdenes recibidas, al igual que lo hizo antes el PSOE y lo hará después el que lo sustituya, el que “gane”, ese es el trabajo de los capataces. El problema del pueblo trabajador andaluz es el capitalismo, el que le ordena a sus capataces políticos, y el Estado que le sirve. Decir otra cosa es mentirle al pueblo y propiciar su derrota desviando su atención y su rumbo de la meta libertadora. Y eso es precisamente lo que se pretende lograr poniéndole delante de sus ojos la venda del PP o la del PSOE. Los capataces también cumplen ese papel, el cargar con las responsabilidades del dueño y la animadversión de los trabajadores para desactivar sus luchas, salvaguardar al amo y protegerle su propiedad.
Desde la coherencia revolucionaria y la responsabilidad para con nuestro pueblo, ni se puede caer en la trampa socialdemócrata ni se puede permitir que el pueblo trabajador andaluz sea de nuevo arrastrado por el engaño del electoralismo reformista más burdo. Lo defienda quien lo defienda y sean cuales fuesen sus intenciones, el resultado será el mantenimiento de la Andalucía dependiente y el de unas clases populares expoliadas. Plantemos cara a los nuevos socialdemócratas y démosles la réplica: Todos contra el PP no, todos contra el Estado opresor, la economía de la explotación y sus servidores políticos. Todos contra España y el Capital.
Francisco Campos López
Fuente: http://www.laotraandalucia.org/node/1966