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14 septiembre, 2015

RÉQUIEM POR EL PARTIDO ANDALUCISTA

Réquiem por el Partido Andalucista. 
Dr. Manuel Ruiz Romero
Centro de Estudios Históricos de Andalucía.
Hemos sido parte de su ilusión el tiempo que nos ha durado. Somos porción

de su legado y parte de su culpa. Para muchos, algo tan existencial como el manque

pierda. Ahora que entonamos cánticos para un merecido reposo todo indica que

sólo logra ser noticia en su entierro. Es posible que su liturgia estéril comenzase

cuando se conformó con obtener los diputados que le faltasen al PSOE para

gobernar. O quizás antes. La mano abierta “a punto de agarrar el futuro”, como

expresase Enrique Iniesta, inicia su sentencia cuando acepta en el 79 un cambio de

alcaldías del que deriva un vacío por algunas provincias. Hoy, pese a tantos errores

hábilmente aprovechado el contrario, justo es recordar la singularidad de una

colectivo que durante el sexenio autonomista de nuestra particular transición vive

su Siglo de Oro. Un colectivo que, sin plañideras ni condolencias, no ha sabido

evolucionar desde el 78 conforme exigían los tiempos. Hace unos años era el Quo

vadis. Hoy, entonamos una solemne oración de despedida.

Pese a su carácter anecdótico o testimonial durante sus últimos años, no

debe restársele importancia en una época donde su presencia fue decisoria para la

conquista de una autonomía de primer orden competencial en este país de países.

Fue necesidad hoy no. En su origen, sus círculos promotores fueron parte de la

resistencia antifranquista y militaron en plataformas de oposición cuando otros

partidos y líderes de hoy andaban ausentes o desapercibidos. Fue el PSA quien

primero presenta un articulado estatutario (mayo 1976) cuando  nadie hablaba de

autogobierno. El primero en realizar un mitin regionalista en Sevilla (febrero de

1976), y quien años antes de su reconocimiento presentaba el disco del himno

vigente creado por los liberalistas (junio 1977). Ante una estrategia de unidad

socialista, sus siglas son las únicas que obvian integrarse en el PSOE. Su cabecera

Andalucía Libre, ya estudiada, fue la revista andaluza con más duración aquellos

A la iniciativa de la asociación Averroes, el PSA fue el primer grupo político

que asume la convocatoria del 4 de diciembre de 1977 como Día reivindicativo y

espetó a los entonces parlamentarios a que la secunden. Fruto de aquella

movilización sin precedentes y gracias a los andaluces en el exilio económico, es la

inédita presencia de dos diputados andalucistas en el Parlament. Fue quien

superando sondeos en las primeras macro encuestas que daban un escaño, alcanzó

cinco (finalmente siete) en la I Legislatura. Aquella inesperada irrupción, aún

tímida en un balance global, permitió la formación de un Grupo Parlamentario en

el Congreso, hecho vital para abanderar alternativas para Andalucía y emprender

soluciones políticas al bloqueo del 28F. Referéndums sobre el que aún hay que

recordar al discurso oficial que, con la Ley en la mano, no se supera.

Lo tengo muy estudiado, publicado y por su defensa me han marcado. De no

ser por las iniciativas parlamentarias del Grupo Andalucista, documentadas

siempre como las primeras en el tiempo y a las que se suman la de otros partidos

en su sustanciación en la Cámara, el autogobierno no se desbloquea. Pese a ser

reconocido así en los manuales de Derecho, aún fluyen interesados comentarios

que repiten la imaginada venta de nuestra autonomía a UCD. Aquel acuerdo, que el

PSA no supo o pudo explicar, evitaba repetir la consulta de nuevo con aquellas

perversas condiciones y modificaba una Ley de Referéndums a través del interés

nacional (sólo citado en el art. 144) Norma por la que el bipartidismo de entonces

(UCD y PSOE) pactaron unas exigencias tan brutales y sobre las que callan aún.

Aquellos hechos resultarían hábilmente manipulados y enmarcados en un

escuredismo pseudoandalucista con el que el PSOE se traviste hasta que deja de

interesarle. La prensa escrita un día después de aquella Declaración de Confianza

demuestra su gratitud por el desbloqueo.

Después de aquello el desierto y la deriva electoral: un parlamentario

europeo, dos diputados en el Congreso, diez como número máximo en la cámara

andaluza y ocho sumisos años en un gobierno andaluz de coalición que finaliza

otorgando al PSOE una nueva mayoría. Sobre ese escenario cada vez más

debilitado, súmenle alcaldías emblemáticas así como tantas rupturas como

integraciones. Si el ingente capital humano dilapidado que ha pasado por sus filas

hubiese operado más como un sociogrupo y no como un psicogrupo, como ya

apuntara Jerez Mir en 1985, su trayectoria hubiese sido muy distinta. Si los

intentos de Julian Álvarez y Pilar González hubiesen dado sus frutos. Pero ya es

tarde y la realidad otra: no se ha aprendido de los errores pese a iniciar imposibles

refundaciones, solicitar perdón o demandar clemencia. Inútil es echarle la culpa a

la ciudadanía, mientras se ha continuado enrocado en mensajes, exclusividades y

consignas que ahora, de un día para otro cambian y resucitarán el bululú grupal

que siempre ha sido. Su definición ideológica ha sido un mero papel orgánico o un

intuitivo sentimiento. Lo cierto es que sus proclamas no han sabido estar al frente

de esa forma tan crítica de padecer la crisis que sufrimos los andaluces. Hace

tiempo que sus siglas no se perciben como útiles.

Ahora ya no existen recetas mágicas. Ya lo he escrito: mesura y reflexión,

nada de prisas y relevo generacional. Por ahora, encuentro complicado y

razonablemente inútil crear nuevas siglas y seguir abanderando una patente de

exclusividad que a algunos no hace falta. Sólo los necios asocian desaparición del

instrumento con la imposibilidad de un Ideal con el que muchos seguimos

comprometidos. Ahora sólo queda el descanso eterno a sabiendas que hemos

peleado por lo que hemos creído y hemos dado lo mejor de nosotros. Fuimos parte

del problema y hay solución. Estamos de luto. Con el instrumento fallecen unas

siglas y unas formas nunca una lucha. Descanse en paz.

03 noviembre, 2013

EL 750 QUE NOS LLEGA



El 750 que nos llega
Manuel Ruiz Romero
Doctor en Historia.
Centro de Estudios Históricos de Andalucía.


Jerez acaba de iniciar un año de celebraciones que prologan la memoria de un hito: la anexión de la ciudad en la Corona de Alfonso X. Monarca éste que ha pasado a la historia con el sobrenombre de El Sabio, habida cuenta sus tolerantes intenciones para incorporar bajo su mandato y en favor de sus súbditos, progresos y saberes alcanzados por otras culturas de su época. Quizás por eso, el mensaje participativo y conciliador lanzado por los componentes de la Comisión Ejecutiva creada para la cita, evoque el epitafio de su padre Fernando III ya adelantado en una de sus Cantigas y escrito en latín, hebreo, árabe y castellano: “Dios es aquel que puede perdonar a cristianos, judíos y moros con tal que tengan en Él bien firmes sus convicciones”.

La ciudad recordará su pasado y hará balance de su presente para encarar su futuro; sin embargo, nadie solicita un cambio de tornas en la Historia ni dar lecciones de tolerancia pasados los siglos. Los hechos fueron como sucedieron y animo a conocerlos más, pero aquellos sucesos junto a otros de los últimos siglos reposan sobre nuestra piel como inconsciente, más o menos sentido y asimilado, del que no podemos escapar. No se trata de despreciar a los vencidos ni injuriar a los vencedores; como tampoco se trata de negar lo que existió o de aplicar simplonamente al pasado unos deseos imposibles. La Historia, ninguna historia, puede simplificarse como una mala película del Oeste con sus buenos y malos ingenua y tópicamente diferenciados.

En ochocientos años hubo de todo. Como lo ha habido en los siete siglos posteriores. Ni la tolerancia musulmana floreció en la totalidad de los siglos, como tampoco los reinos cristianos fueron de una bondad continuada que hiciera honor a su sentido evangélico y dinástico. Abundaron las luchas fratricidas en uno y otro lado, tanto como sobraron ambiciones de poder, imposiciones y conquistas. Por eso, con el 750 celebraremos la tolerancia y la multiculturalidad cuando la hubo, y siempre que exista, porque con ellas intentaremos comprender mejor los procesos que nos han conducido a lo largo de los tiempos al fanatismo, la exclusión y al enfrentamiento del que también son hijos, paradójicamente, los Derechos Humanos. Lamentaremos la sangre vertida ya sea por andalusíes, judíos o cristianos en todas y cada una de sus excluyentes imposiciones, ambiciones o disputas, aun aceptando que somos consecuencia de todas ellas, pero sin ensalzar con ello la violencia como una solución imprescindible. El Jerez de hoy es el resultante de todas y cada unas de las civilizaciones que habitaron este solar milenario.

La Historia es progreso si convierte el pretérito en futuro y se tiñe de civismo en el presente si nos hace más conscientes del porqué somos así. No se ama lo que no se conoce. Mi padre era descendiente de sorianos y mi madre gaditana. Pero judío, andalusí o castellano quiero que mis alumnos vivan la Historia como la suma de errores y aciertos de una Humanidad y una condición humana, que no deja de asombrarnos a la vez que la intentamos comprender y enmendar día tras día. A todos ellos los heredo orgulloso, al tiempo que me alegro en el devenir de los siglos de ejercer como andaluz e interpretar desde esta sensibilidad así la vida.

El siempre alentador Vaticano II también nos invita a nuevas percepciones (Nostra Aetate) con la mano tendida de sinceridad cristiana: “La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios viviente, misericordioso y todopoderoso. Creador, que habló a los hombres (…) veneran a Jesús aunque no le reconocen como Dios, honran a María su Madre virginal y a veces también la invocan devotamente (…) si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias entre musulmanes y cristianos, el Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente la mutua compresión y actuando en común, defiendan y promuevan para todos los hombres la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad”. Y aquello que también es Concilio y por tanto, refuerza “lo que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad”: “La Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio del pueblo judío. No puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en el que se han injertado las ramas del silvestre y de quienes preceden en Cristo y de la Virgen María”. El debate, creo con toda modestia, es más serio que la simple cabeza del patrón.

Nuestra asociación defiende una visión noble y positiva de una  Historia pasada y reciente que, en sus peores e indignos capítulos, sólo cabe soportar con vergüenza y sin resignarnos ante el futuro. Y aplaudiré durante este año la humildad del intelectual que socializa saberes con palabras ausentes de narcicismo ególatra y protagonista, que a buen seguro motivará alguna lectura, la participación en algunos actos o la búsqueda de palabras, conceptos y personajes por la red. Hasta brindaremos con una copa de Sherrish en la mano, reconociendo que fue este topónimo andalusí del siglo XI el cual daba nombre a esta ciudad, el que nos permitió ganarle el pleito sobre la denominación de nuestros vinos a una Gran Bretaña productora de caldos desde sus colonias reunidas bajo la Commonwealth.


            Porque la Historia no son sólo batallas y reyes, nos interesa más el perfil de una tierra que convirtió el topónimo de la Frontera, también en una realidad de diálogo, intercambio y conocimiento. En un escenario consciente que nos aporta identificación y civismo con el proyecto de convivencia que nos ocupa hoy y mañana. Ese podría ser el objetivo estimulante de una conmemoración: sin ensoñaciones históricas de ninguna naturaleza ni imaginarios fascinantes. Los valores democráticos nos exigen otra interpretación de la Historia sin negarla por ello en su cruda verdad y superando percepciones añejas. Aprendamos del pasado para construir un presente riguroso y un futuro capaz. De todo lo remoto me jacto de heredarlo porque somos su fruto temprano. Nacido en Sevilla me quedo con Jerez porque es milagro de esa sensibilidad acumulada e inigualada.

Fuente: Tribuna.

10 septiembre, 2013

GIBRALTAR DESDE EL NACIONALISMO ANDALUZ DE IZQUIERDA


Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda.
Recordando el Andalucismo Histórico (I).

              Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación de las doctrinas del Presidente estadounidense Wilson, las democracias dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un nuevo orden internacional reconociendo el principio de las nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Al hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 noviembre de 1918), en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento y la Diputación hispalense para que instasen a los Poderes Centrales, la puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba, toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma esta tierra en el nuevo orden europeo, reclama atención internacional para una realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con clásicos los tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.

              La conclusión de la I Gran Guerra pareció ser el momento propicio para la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de hechos posteriores y como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila ante el conflicto, quieren sumar ahora los andalucistas históricos y junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un “territorio bajo dominación extranjera”. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra” que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones, mediante texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”, reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de unas potencias imperialistas que hicieron inevitables la guerra y la reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.

              Así las cosas,  para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todo los males “históricos y coloniales”. Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión -identificada y vinculada a intereses centralistas- trae consigo una cesión por la que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar fue ocupada por tropas catalanas junto a las inglesas y que, por su apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con el Borbón Felipe V sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca que también por Utrecht formó parte del Reino Unido fue recuperada para el Estado casi un siglo después por medio de otro tratado.

              Expuesto así, Andalucía es víctima de Castilla. Tanto por unos hechos, como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se explicaría la inhibición del gobierno central ante la reivindicación territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada Británica en Madrid solicitando la restitución del territorio gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”. Mientras el Estado callaba los andalucistas históricos hacían valer su voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las emergentes nacionalidades.

              Desde aquel instante la voz de Andalucía se hizo valer como interesada ante un conflicto como el gibraltareño, el cual todavía provoca amplios titulares y levanta aireadas veleidades patrioteras y centralistas. Más allá de la voz de España, Andalucía es la primera interesada en culminar su integridad territorial ya sea desde Utrecht en 1713 o desde Rota y Morón desde 1963. Y es cierto también que el Estado español siempre ha reivindicado el Peñón como parte de su geografía, pero no es menos cierto que ha sabido interpretar dicha causa histórica como más le ha convenido según sus intereses, si bien incluso alguna vez abrazó la idea de ocupar la roca mediante el uso de la fuerza. Hitler en el famoso encuentro con Franco en Hendaya hizo desistir al dictador de sus intereses ofreciendo prioridad a los suyos. La impotente España no dudó entonces en ocupar Tánger en 1940 amparada por la tutela del único país que reconoció esta acción ajena a toda medida diplomática: la Alemania de Hitler sacó así cierto provecho del apoyo gibraltareño a la causa de Franco. Más tarde, la pretendida política Franquista de procurar su asfixia económica mediante el cierre de la frontera española no hizo sino motivar la crispación e incrementar la identidad pro británica y colonial de los gibraltareños, aprovechando la vieja democracia para realizar un referéndum entre los habitantes de la roca para refrendar su vínculo e introducir en la Constitución del peñón un punto tranquilizador por el que Reino Unido se compromete a no realizar ninguna acción diplomática sobre Gibraltar sin contar antes con sus habitantes. Todo un cambio de estatus político en unos breves kilómetros cuadrados que, sin embargo, siguen manteniendo tratamiento de colonia pese a que la ONU ya pidió en 1965 el establecimiento de conversaciones para acabar con dicho status.

Fuente: Manuel Ruiz Romero.