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31 enero, 2019
14 septiembre, 2015
RÉQUIEM POR EL PARTIDO ANDALUCISTA
Réquiem por el Partido Andalucista.
Dr. Manuel Ruiz Romero
Centro de Estudios Históricos de Andalucía.
Hemos sido parte de su ilusión el tiempo que nos ha durado. Somos porción
de su legado y parte de su culpa. Para muchos, algo tan existencial como el manque
pierda. Ahora que entonamos cánticos para un merecido reposo todo indica que
sólo logra ser noticia en su entierro. Es posible que su liturgia estéril comenzase
cuando se conformó con obtener los diputados que le faltasen al PSOE para
gobernar. O quizás antes. La mano abierta “a punto de agarrar el futuro”, como
expresase Enrique Iniesta, inicia su sentencia cuando acepta en el 79 un cambio de
alcaldías del que deriva un vacío por algunas provincias. Hoy, pese a tantos errores
hábilmente aprovechado el contrario, justo es recordar la singularidad de una
colectivo que durante el sexenio autonomista de nuestra particular transición vive
su Siglo de Oro. Un colectivo que, sin plañideras ni condolencias, no ha sabido
evolucionar desde el 78 conforme exigían los tiempos. Hace unos años era el Quo
vadis. Hoy, entonamos una solemne oración de despedida.
Pese a su carácter anecdótico o testimonial durante sus últimos años, no
debe restársele importancia en una época donde su presencia fue decisoria para la
conquista de una autonomía de primer orden competencial en este país de países.
Fue necesidad hoy no. En su origen, sus círculos promotores fueron parte de la
resistencia antifranquista y militaron en plataformas de oposición cuando otros
partidos y líderes de hoy andaban ausentes o desapercibidos. Fue el PSA quien
primero presenta un articulado estatutario (mayo 1976) cuando nadie hablaba de
autogobierno. El primero en realizar un mitin regionalista en Sevilla (febrero de
1976), y quien años antes de su reconocimiento presentaba el disco del himno
vigente creado por los liberalistas (junio 1977). Ante una estrategia de unidad
socialista, sus siglas son las únicas que obvian integrarse en el PSOE. Su cabecera
Andalucía Libre, ya estudiada, fue la revista andaluza con más duración aquellos
A la iniciativa de la asociación Averroes, el PSA fue el primer grupo político
que asume la convocatoria del 4 de diciembre de 1977 como Día reivindicativo y
espetó a los entonces parlamentarios a que la secunden. Fruto de aquella
movilización sin precedentes y gracias a los andaluces en el exilio económico, es la
inédita presencia de dos diputados andalucistas en el Parlament. Fue quien
superando sondeos en las primeras macro encuestas que daban un escaño, alcanzó
cinco (finalmente siete) en la I Legislatura. Aquella inesperada irrupción, aún
tímida en un balance global, permitió la formación de un Grupo Parlamentario en
el Congreso, hecho vital para abanderar alternativas para Andalucía y emprender
soluciones políticas al bloqueo del 28F. Referéndums sobre el que aún hay que
recordar al discurso oficial que, con la Ley en la mano, no se supera.
Lo tengo muy estudiado, publicado y por su defensa me han marcado. De no
ser por las iniciativas parlamentarias del Grupo Andalucista, documentadas
siempre como las primeras en el tiempo y a las que se suman la de otros partidos
en su sustanciación en la Cámara, el autogobierno no se desbloquea. Pese a ser
reconocido así en los manuales de Derecho, aún fluyen interesados comentarios
que repiten la imaginada venta de nuestra autonomía a UCD. Aquel acuerdo, que el
PSA no supo o pudo explicar, evitaba repetir la consulta de nuevo con aquellas
perversas condiciones y modificaba una Ley de Referéndums a través del interés
nacional (sólo citado en el art. 144) Norma por la que el bipartidismo de entonces
(UCD y PSOE) pactaron unas exigencias tan brutales y sobre las que callan aún.
Aquellos hechos resultarían hábilmente manipulados y enmarcados en un
escuredismo pseudoandalucista con el que el PSOE se traviste hasta que deja de
interesarle. La prensa escrita un día después de aquella Declaración de Confianza
demuestra su gratitud por el desbloqueo.
Después de aquello el desierto y la deriva electoral: un parlamentario
europeo, dos diputados en el Congreso, diez como número máximo en la cámara
andaluza y ocho sumisos años en un gobierno andaluz de coalición que finaliza
otorgando al PSOE una nueva mayoría. Sobre ese escenario cada vez más
debilitado, súmenle alcaldías emblemáticas así como tantas rupturas como
integraciones. Si el ingente capital humano dilapidado que ha pasado por sus filas
hubiese operado más como un sociogrupo y no como un psicogrupo, como ya
apuntara Jerez Mir en 1985, su trayectoria hubiese sido muy distinta. Si los
intentos de Julian Álvarez y Pilar González hubiesen dado sus frutos. Pero ya es
tarde y la realidad otra: no se ha aprendido de los errores pese a iniciar imposibles
refundaciones, solicitar perdón o demandar clemencia. Inútil es echarle la culpa a
la ciudadanía, mientras se ha continuado enrocado en mensajes, exclusividades y
consignas que ahora, de un día para otro cambian y resucitarán el bululú grupal
que siempre ha sido. Su definición ideológica ha sido un mero papel orgánico o un
intuitivo sentimiento. Lo cierto es que sus proclamas no han sabido estar al frente
de esa forma tan crítica de padecer la crisis que sufrimos los andaluces. Hace
tiempo que sus siglas no se perciben como útiles.
Ahora ya no existen recetas mágicas. Ya lo he escrito: mesura y reflexión,
nada de prisas y relevo generacional. Por ahora, encuentro complicado y
razonablemente inútil crear nuevas siglas y seguir abanderando una patente de
exclusividad que a algunos no hace falta. Sólo los necios asocian desaparición del
instrumento con la imposibilidad de un Ideal con el que muchos seguimos
comprometidos. Ahora sólo queda el descanso eterno a sabiendas que hemos
peleado por lo que hemos creído y hemos dado lo mejor de nosotros. Fuimos parte
del problema y hay solución. Estamos de luto. Con el instrumento fallecen unas
siglas y unas formas nunca una lucha. Descanse en paz.
Dr. Manuel Ruiz Romero
Centro de Estudios Históricos de Andalucía.
Hemos sido parte de su ilusión el tiempo que nos ha durado. Somos porción
de su legado y parte de su culpa. Para muchos, algo tan existencial como el manque
pierda. Ahora que entonamos cánticos para un merecido reposo todo indica que
sólo logra ser noticia en su entierro. Es posible que su liturgia estéril comenzase
cuando se conformó con obtener los diputados que le faltasen al PSOE para
gobernar. O quizás antes. La mano abierta “a punto de agarrar el futuro”, como
expresase Enrique Iniesta, inicia su sentencia cuando acepta en el 79 un cambio de
alcaldías del que deriva un vacío por algunas provincias. Hoy, pese a tantos errores
hábilmente aprovechado el contrario, justo es recordar la singularidad de una
colectivo que durante el sexenio autonomista de nuestra particular transición vive
su Siglo de Oro. Un colectivo que, sin plañideras ni condolencias, no ha sabido
evolucionar desde el 78 conforme exigían los tiempos. Hace unos años era el Quo
vadis. Hoy, entonamos una solemne oración de despedida.
Pese a su carácter anecdótico o testimonial durante sus últimos años, no
debe restársele importancia en una época donde su presencia fue decisoria para la
conquista de una autonomía de primer orden competencial en este país de países.
Fue necesidad hoy no. En su origen, sus círculos promotores fueron parte de la
resistencia antifranquista y militaron en plataformas de oposición cuando otros
partidos y líderes de hoy andaban ausentes o desapercibidos. Fue el PSA quien
primero presenta un articulado estatutario (mayo 1976) cuando nadie hablaba de
autogobierno. El primero en realizar un mitin regionalista en Sevilla (febrero de
1976), y quien años antes de su reconocimiento presentaba el disco del himno
vigente creado por los liberalistas (junio 1977). Ante una estrategia de unidad
socialista, sus siglas son las únicas que obvian integrarse en el PSOE. Su cabecera
Andalucía Libre, ya estudiada, fue la revista andaluza con más duración aquellos
A la iniciativa de la asociación Averroes, el PSA fue el primer grupo político
que asume la convocatoria del 4 de diciembre de 1977 como Día reivindicativo y
espetó a los entonces parlamentarios a que la secunden. Fruto de aquella
movilización sin precedentes y gracias a los andaluces en el exilio económico, es la
inédita presencia de dos diputados andalucistas en el Parlament. Fue quien
superando sondeos en las primeras macro encuestas que daban un escaño, alcanzó
cinco (finalmente siete) en la I Legislatura. Aquella inesperada irrupción, aún
tímida en un balance global, permitió la formación de un Grupo Parlamentario en
el Congreso, hecho vital para abanderar alternativas para Andalucía y emprender
soluciones políticas al bloqueo del 28F. Referéndums sobre el que aún hay que
recordar al discurso oficial que, con la Ley en la mano, no se supera.
Lo tengo muy estudiado, publicado y por su defensa me han marcado. De no
ser por las iniciativas parlamentarias del Grupo Andalucista, documentadas
siempre como las primeras en el tiempo y a las que se suman la de otros partidos
en su sustanciación en la Cámara, el autogobierno no se desbloquea. Pese a ser
reconocido así en los manuales de Derecho, aún fluyen interesados comentarios
que repiten la imaginada venta de nuestra autonomía a UCD. Aquel acuerdo, que el
PSA no supo o pudo explicar, evitaba repetir la consulta de nuevo con aquellas
perversas condiciones y modificaba una Ley de Referéndums a través del interés
nacional (sólo citado en el art. 144) Norma por la que el bipartidismo de entonces
(UCD y PSOE) pactaron unas exigencias tan brutales y sobre las que callan aún.
Aquellos hechos resultarían hábilmente manipulados y enmarcados en un
escuredismo pseudoandalucista con el que el PSOE se traviste hasta que deja de
interesarle. La prensa escrita un día después de aquella Declaración de Confianza
demuestra su gratitud por el desbloqueo.
Después de aquello el desierto y la deriva electoral: un parlamentario
europeo, dos diputados en el Congreso, diez como número máximo en la cámara
andaluza y ocho sumisos años en un gobierno andaluz de coalición que finaliza
otorgando al PSOE una nueva mayoría. Sobre ese escenario cada vez más
debilitado, súmenle alcaldías emblemáticas así como tantas rupturas como
integraciones. Si el ingente capital humano dilapidado que ha pasado por sus filas
hubiese operado más como un sociogrupo y no como un psicogrupo, como ya
apuntara Jerez Mir en 1985, su trayectoria hubiese sido muy distinta. Si los
intentos de Julian Álvarez y Pilar González hubiesen dado sus frutos. Pero ya es
tarde y la realidad otra: no se ha aprendido de los errores pese a iniciar imposibles
refundaciones, solicitar perdón o demandar clemencia. Inútil es echarle la culpa a
la ciudadanía, mientras se ha continuado enrocado en mensajes, exclusividades y
consignas que ahora, de un día para otro cambian y resucitarán el bululú grupal
que siempre ha sido. Su definición ideológica ha sido un mero papel orgánico o un
intuitivo sentimiento. Lo cierto es que sus proclamas no han sabido estar al frente
de esa forma tan crítica de padecer la crisis que sufrimos los andaluces. Hace
tiempo que sus siglas no se perciben como útiles.
Ahora ya no existen recetas mágicas. Ya lo he escrito: mesura y reflexión,
nada de prisas y relevo generacional. Por ahora, encuentro complicado y
razonablemente inútil crear nuevas siglas y seguir abanderando una patente de
exclusividad que a algunos no hace falta. Sólo los necios asocian desaparición del
instrumento con la imposibilidad de un Ideal con el que muchos seguimos
comprometidos. Ahora sólo queda el descanso eterno a sabiendas que hemos
peleado por lo que hemos creído y hemos dado lo mejor de nosotros. Fuimos parte
del problema y hay solución. Estamos de luto. Con el instrumento fallecen unas
siglas y unas formas nunca una lucha. Descanse en paz.
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Manuel Ruiz,
Partido andalucista,
Partidos
18 febrero, 2014
28 FEBRERO: HISTORIA DE UN FRAUDE
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28 febrero,
Cornelio,
Dia de Andalucia,
Manuel Ruiz,
Paco Campos
03 noviembre, 2013
EL 750 QUE NOS LLEGA
El 750 que nos
llega
Manuel Ruiz Romero
Doctor en Historia.
Centro de Estudios Históricos
de Andalucía.
Jerez acaba de iniciar un año de celebraciones que
prologan la memoria de un hito: la anexión de la ciudad en la Corona de Alfonso
X. Monarca éste que ha pasado a la historia con el sobrenombre de El Sabio, habida cuenta sus tolerantes
intenciones para incorporar bajo su mandato y en favor de sus súbditos,
progresos y saberes alcanzados por otras culturas de su época. Quizás por eso,
el mensaje participativo y conciliador lanzado por los componentes de la
Comisión Ejecutiva creada para la cita, evoque el epitafio de su padre Fernando
III ya adelantado en una de sus Cantigas y escrito en latín, hebreo, árabe y
castellano: “Dios es aquel que puede
perdonar a cristianos, judíos y moros con tal que tengan en Él bien firmes sus
convicciones”.
La ciudad recordará su pasado y hará balance de su
presente para encarar su futuro; sin embargo, nadie solicita un cambio de
tornas en la Historia ni dar lecciones de tolerancia pasados los siglos. Los
hechos fueron como sucedieron y animo a conocerlos más, pero aquellos sucesos
junto a otros de los últimos siglos reposan sobre nuestra piel como inconsciente,
más o menos sentido y asimilado, del que no podemos escapar. No se trata de
despreciar a los vencidos ni injuriar a los vencedores; como tampoco se trata
de negar lo que existió o de aplicar simplonamente al pasado unos deseos
imposibles. La Historia, ninguna historia, puede simplificarse como una mala
película del Oeste con sus buenos y malos ingenua y tópicamente diferenciados.
En ochocientos años hubo de todo. Como lo ha habido en
los siete siglos posteriores. Ni la tolerancia musulmana floreció en la
totalidad de los siglos, como tampoco los reinos cristianos fueron de una
bondad continuada que hiciera honor a su sentido evangélico y dinástico.
Abundaron las luchas fratricidas en uno y otro lado, tanto como sobraron
ambiciones de poder, imposiciones y conquistas. Por eso, con el 750
celebraremos la tolerancia y la multiculturalidad cuando la hubo, y siempre que
exista, porque con ellas intentaremos comprender mejor los procesos que nos han
conducido a lo largo de los tiempos al fanatismo, la exclusión y al
enfrentamiento del que también son hijos, paradójicamente, los Derechos
Humanos. Lamentaremos la sangre vertida ya sea por andalusíes, judíos o
cristianos en todas y cada una de sus excluyentes imposiciones, ambiciones o
disputas, aun aceptando que somos consecuencia de todas ellas, pero sin
ensalzar con ello la violencia como una solución imprescindible. El Jerez de
hoy es el resultante de todas y cada unas de las civilizaciones que habitaron
este solar milenario.
La Historia es progreso si convierte el pretérito en
futuro y se tiñe de civismo en el presente si nos hace más conscientes del
porqué somos así. No se ama lo que no se conoce. Mi padre era descendiente de
sorianos y mi madre gaditana. Pero judío, andalusí o castellano quiero que mis
alumnos vivan la Historia como la suma de errores y aciertos de una Humanidad y
una condición humana, que no deja de asombrarnos a la vez que la intentamos
comprender y enmendar día tras día. A todos ellos los heredo orgulloso, al
tiempo que me alegro en el devenir de los siglos de ejercer como andaluz e
interpretar desde esta sensibilidad así la vida.
El siempre alentador Vaticano II también nos invita a
nuevas percepciones (Nostra Aetate)
con la mano tendida de sinceridad cristiana: “La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios
viviente, misericordioso y todopoderoso. Creador, que habló a los hombres (…)
veneran a Jesús aunque no le reconocen como Dios, honran a María su Madre
virginal y a veces también la invocan devotamente (…) si en el transcurso de
los siglos surgieron no pocas desavenencias entre musulmanes y cristianos, el
Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente la
mutua compresión y actuando en común, defiendan y promuevan para todos los
hombres la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad”. Y
aquello que también es Concilio y por tanto, refuerza “lo que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad”: “La Iglesia no puede olvidar que ha recibido
la Revelación del Antiguo Testamento por medio del pueblo judío. No puede
olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en el que se han injertado las
ramas del silvestre y de quienes preceden en Cristo y de la Virgen María”.
El debate, creo con toda modestia, es más serio que la simple cabeza del
patrón.
Nuestra asociación defiende una visión noble y
positiva de una Historia pasada y
reciente que, en sus peores e indignos capítulos, sólo cabe soportar con
vergüenza y sin resignarnos ante el futuro. Y aplaudiré durante este año la
humildad del intelectual que socializa saberes con palabras ausentes de
narcicismo ególatra y protagonista, que a buen seguro motivará alguna lectura,
la participación en algunos actos o la búsqueda de palabras, conceptos y
personajes por la red. Hasta brindaremos con una copa de Sherrish en la mano, reconociendo que fue este topónimo andalusí
del siglo XI el cual daba nombre a esta ciudad, el que nos permitió ganarle el
pleito sobre la denominación de nuestros vinos a una Gran Bretaña productora de
caldos desde sus colonias reunidas bajo la Commonwealth.
Porque
la Historia no son sólo batallas y reyes, nos interesa más el perfil de una
tierra que convirtió el topónimo de la Frontera,
también en una realidad de diálogo, intercambio y conocimiento. En un escenario
consciente que nos aporta identificación y civismo con el proyecto de
convivencia que nos ocupa hoy y mañana. Ese podría ser el objetivo estimulante
de una conmemoración: sin ensoñaciones históricas de ninguna naturaleza ni
imaginarios fascinantes. Los valores democráticos nos exigen otra interpretación
de la Historia sin negarla por ello en su cruda verdad y superando percepciones
añejas. Aprendamos del pasado para construir un presente riguroso y un futuro
capaz. De todo lo remoto me jacto de heredarlo porque somos su fruto temprano.
Nacido en Sevilla me quedo con Jerez porque es milagro de esa sensibilidad
acumulada e inigualada.
Fuente: Tribuna.
Etiquetas:
CEHA,
Historia Contemporánea de Andalucia,
Manuel Ruiz
10 septiembre, 2013
GIBRALTAR DESDE EL NACIONALISMO ANDALUZ DE IZQUIERDA
Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda.
Recordando el Andalucismo Histórico (I).
Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación
de las doctrinas del Presidente estadounidense Wilson, las democracias
dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un
nuevo orden internacional reconociendo el principio de las
nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Al
hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible
emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus
territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para
Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 noviembre de 1918),
en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en
enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como
sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento y la
Diputación hispalense para que instasen a los Poderes Centrales, la
puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una
autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta
intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una
nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los
nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba,
toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma esta tierra
en el nuevo orden europeo, reclama atención internacional para una
realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de
un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con clásicos los tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.
La conclusión de la I Gran Guerra pareció ser el momento propicio para
la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase
décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de hechos posteriores y
como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila
ante el conflicto, quieren sumar ahora los andalucistas históricos y
junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado
plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un “territorio bajo dominación extranjera”. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra”
que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones,
mediante texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La
afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de
una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del
tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”,
reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin
ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de
unas potencias imperialistas que hicieron inevitables la guerra y la
reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.
Así las cosas, para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todo los males “históricos y coloniales”.
Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta
castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión -identificada
y vinculada a intereses centralistas- trae consigo una cesión por la
que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de
una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar
fue ocupada por tropas catalanas junto a las inglesas y que, por su
apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con el Borbón Felipe V
sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca que también
por Utrecht formó parte del Reino Unido fue recuperada para el Estado
casi un siglo después por medio de otro tratado.
Expuesto así, Andalucía es víctima de Castilla. Tanto por unos hechos,
como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de
los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España
ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que
defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se
explicaría la inhibición del gobierno central ante la reivindicación
territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica
de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para
defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues
especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su
anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen
en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada
Británica en Madrid solicitando la restitución del territorio
gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y
muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba
una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”.
Mientras el Estado callaba los andalucistas históricos hacían valer su
voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las
emergentes nacionalidades.
Fuente: Manuel Ruiz Romero.
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