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08 mayo, 2014

LA POLICÍA POLÍTICA

OPINION | EL Gobierno español está creando una policía política. El regreso de la oscuridad

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Para referirse en España con propiedad a la policía hay que referirse al Estado, el Estado existente es la continuación natural y sin traumas del Estado franquista.
La policía, un cuerpo creado para emplear la violencia, propende por sí misma a adoptar la violencia como ideología, una violencia siempre a favor del Estado y del orden instituido.
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Imaginemos un país donde la policía sólo vigilase, detuviese y golpease a unos ciudadanos y no a otros, que protegiese a los ladrones y reprimiese las protestas de las víctimas del robo, es fácil de imaginar, hasta donde yo sé creo que todos los países son así, y desde luego eso es lo que ocurre en España de un modo muy concreto con la policía antidisturbios. Una policía diseñada para reprimir las protestas contra los desahucios, el paro, los abusos de la banca española e internacional… Si supiésemos alguna vez de una reunión de banqueros enriquecidos con dinero público disuelta por la policía y sus participantes detenidos y conducidos en furgón policial a comisaría, entonces pensaríamos que estábamos equivocados, pero mientras tanto sólo podemos pensar que es una policía al servicio de un grupo social y los políticos que protegen sus privilegios y los representan.
Habrá quien me diga que hay policía antidisturbios en la mayoría de los países y que no la creó este Gobierno, y tendrá razón, lo cual no quita que sea cierto que es un cuerpo de policía política creado específicamente con esa función; sólo añade la evidencia del férreo orden social que protegen partidos con nombres distintos. Pero como no se trata aquí de reflexionar en abstracto sobre la naturaleza del Estado y sus instituciones me referiré a lo que está llevando a cabo este Gobierno: transformando de modo planificado toda la policía en una policía política, cosa propia de un estado totalitario.
Para referirse en España con propiedad a la policía hay que referirse al Estado, el Estado existente es la continuación natural y sin traumas del Estado franquista. Siguieron en sus puestos los mismos jueces, los mismos altos funcionarios del Estado y los mismos generales y mandos de la policía, no hubo depuración alguna, revisión alguna de sus actuaciones. El antifranquismo pretendía la disolución o depuración de “los cuerpos represivos” que no hubo, y podemos comprobar cuánta razón había en ese objetivo. Vemos cada día cómo el Estado protege a Billy el Niño o al capitán Muñecas, funcionarios impolutos, y deja sin protección a sus víctimas. Este Estado está más con los torturadores que con los torturados, es tan simple como evidente. Tengo la completa seguridad de que nuestras fichas policiales siguen existiendo, como cualquier Estado autoritario nos niega el derecho a conocer lo que la policía franquista anotó de nosotros pero no me cabe duda de que es posible que un día volvamos a ser detenidos y el mismo policía u otro nos leerá una ficha que siguió ampliándose desde entonces.
Sin duda la evolución de la sociedad se notó y le benefició el que también llegase a ese cuerpo el sindicalismo, hizo más visible a sus miembros su condición de asalariados, común a los trabajadores. Pero si los mismos torturadores han seguido en activo y ascendido a posiciones de mando es porque el franquismo es una ideología muy asentada en el Estado y concretamente en la policía.
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Y hace unos días supimos de la pretensión del Ministerio del Interior de educar a la policía ideológicamente y cuando este gobierno dice que quiere educar el espíritu nacional sabemos que se trata de “españolizar”, como gusta de hacer Wert a los niños. Es decir, la ideología explícita de la derecha española. De modo que no son anécdotas sueltas el invocar a la Virgen y condecorarla o que se repitan los insultos de carácter xenófobo de policías contra catalanes, por ejemplo. Es evidente que ante la voluntad de gran parte de la ciudadanía catalana y de sus representantes de votar y revisar su situación en relación al Estado, el Gobierno esté utilizando todos los resortes del aparato judicial y policial para reprimir esta pretensión. Por eso sabíamos hace unas semanas de una trama de policías nacionales de Madrid que espiaban la sede de un partido político catalán o el espionaje y difusión de la identidad de jueces proclives a reconocer legalmente la consulta catalana.
Estamos en un momento en que se radicalizan los resabios franquistas dentro de ese cuerpo, conscientemente instrumentalizados por el Gobierno. El proyecto de ley de “seguridad” de Fernández Díaz es un programa de represión autoritaria que conduce a la represión de la libertad de prensa y de expresión, pero la suma de declaraciones y actuaciones de Fernández Díaz al frente de ese ministerio son todo un programa completo de fascistización y la utilización de policías y guardias civiles en operaciones de control y manipulación política son constantes. Constantes las sistemáticas acusaciones de terrorismo a cualquier protesta y el tratamiento de terroristas o simpatizantes a cualquier disidente, el terrorismo es la gran energía que, paradójicamente, debilitó al nacionalismo vasco pero vigorizó al nacionalismo español. Y siempre hizo daño a sus víctimas y a la sociedad en conjunto.
El último caso, escandaloso, es la llamada “operación araña” construida por mandos de la Guardia Civil y que consiste en detener a una serie de individuos que escriben barbaridades en sus cuentas de Twitter y Facebook. Dejemos de lado el asunto de si las redes sociales son un espacio personal o un medio de comunicación, lo que hay es una operación de propaganda ideológica contra el enemigo fantasma, “los terroristas”.  Una serie de personas, desconectadas unas de otras y en ocasiones distintas, escriben animaladas contra la policía o las víctimas de ETA, desahogando su frustración o su rabia. Unas expresiones llenas de odio e impotencia quizá escritas después de mamarse de alcohol o fumados… O hastiados, o humillados, o quizá víctimas de alguna medida política del Gobierno… Es evidente que, de ser faltas, merecen castigo pero no hay ninguna organización terrorista de por medio, es esa investigación la que teje una trama inexistente. Eso se llama “montaje”.
Cuando este Gobierno pase nada será igual a como era antes de llegar, los daños que dejará serán incuantificables. Uno de ellos es el daño que le está haciendo a la Policía como institución, nadie le hizo tanto daño como el que le está infiriendo este Gobierno. Un daño muy difícil de reparar.

30 marzo, 2014

ESTE ES EL VERDADERO CALENTAMIENTO GLOBAL

Los rebeldes, los ejércitos infiltrados, el espionaje y los secretas en los movimientos de liberación/ expresión/ manifestación verdaderos, constituyen desde las últimas guerras en latinoamérica hasta países como Italia, Islandia, Grecia o el Estado español, la verdadera dinamita de la paz y el ejercicio de la libertad de expresión. Los responsables: los (des) gobiernos y sus estrategias de recolonización política y/o económica. 


 Imagen: Disco censurado en los 70. Paco de Lucía e Iturralde.

Carne de cañón

¿Y si resulta que el Gobierno en el 22M utilizó a los antidisturbios como carne de cañón para disparar de muerte a las protestas sociales?  

¿Y si lo que ocurrió en los altercados del 22M es que se abandonó conscientemente a esos quince UIP entre un grupo violento sin prestarles apoyo para conseguir la imagen de policías brutalmente agredidos y el titular de antidisturbios heridos, algunos de gravedad? ¿Y si los responsables políticos utilizaron a los policías como carne de cañón, poniendo en riesgo sus vidas, para criminalizar una protesta que fue mayoritariamente pacífica? Es solo una hipótesis pero tanto las circunstancias como las fuentes que he consultado hacen que sea una posibilidad perfectamente plausible la teoría del montaje que sostienen los organizadores de las Marchas. Analicemos los acontecimientos.
Los hechos. Como sabemos, un retén de solo quince antidisturbios se queda aislado a merced de un grupo mucho más numeroso de manifestantes con el que se inicia una tremenda batalla campal. Los policías piden auxilio pero se produce "un silencio en la emisora durante unos minutos. Pasan demasiados minutos sin apoyo", como ha explicado Miguel Ángel Fernández del Sindicato Unificado de Policía (SUP) y como corroboran el resto de sindicatos policiales.
¿Por qué calla la emisora durante minutos en una situación de altísimo riesgo que requiere una respuesta inmediata? ¿Por qué se quedan aislada una quincena de antidisturbios en un dispositivo de 1.700? Los mandos aseguran que fue un "error humano", que se tardó en reaccionar y que se envió a los refuerzos a la zona equivocada. Además de que sea muy poco creíble que se equivoquen de posición en un área tan abierta y cercana al núcleo del dispositivo, eso no explica los minutos de silencio en la radio ni por qué avanzan 15 policías solos sin la cobertura habitual de los furgones y de otros compañeros.
Fuentes policiales y observadores independientes que han grabado decenas de manifestaciones, aseguran que los antidisturbios tienen perfectamente localizados los focos de violencia y saben cómo moverse en grupos muy numerosos para acordonarlos. Sin embargo, esta vez ocurrió al revés: fueron rodeados por ellos. Además habían recibido una orden estricta y anormal: no utilizar pelotas de goma, lo que les hace infinitamente más vulnerables. Después la tensión se elevó tanto que las utilizaron sin respetar el rebote reglamentario en el suelo. Se creó el escenario para que ocurrieran desgracias en uno y otro lado, como así ha sido. 
La clave está en quién daba las órdenes allí. No fue el jefe de la UIP que no estaba en la calle como es habitual. Su lugar lo ocupaba extraordinariamente el Comisario General de Seguridad Ciudadana, un cargo de confianza del ministro del Interior, nombrado por Jorge Fernández Díaz. Lo normal es que el comisario hubiera estado en su gabinete coordinando el dispositivo, ¿por qué entonces sustituyó en su puesto al jefe de la UIP que desapareció del mapa? ¿A qué se debe este cambio tan inusual? ¿Y a qué se debe que no respondiese a la llamada de auxilio de sus hombres y dejase la emisora en silencio "durante minutos"? Hay silencios que dicen más que mil palabras. Ese silencio podría haberle costado la vida a alguien. Ese silencio solo servía a quienes quieren acallar los gritos en la calle. 
Las consecuencias. El resultado es el que venía persiguiendo el PP antes de la manifestación, criminalizarla como había hecho el presidente de la Comunidad de Madrid al compararla con los nazis de Amanecer Dorado. El resultado es que no se ha hablado del éxito de la convocatoria ni de las legítimas demandas ciudadanas solo de los altercados que se han comparado incluso con los de Ucrania. Cifuentes ha llegado a decir que se intentó "matar policías" y que "no había visto nunca una manifestación tan violenta". El jefe de la policía, Ignacio Cosidó habla de "escalada de violencia". Y la siempre imprudente Ana Botella pide que se limite el derecho de manifestación a una zona de la ciudad. Qué casualidad que el único que ha secundado semejante insensatez ha sido el ministro del Interior. Ha tenido que venir la vicepresidenta a desautorizarlo. Por ahora. Veremos qué dice si sigue escalando la tensión.  
Qué casualidad también que esto ocurre cuando el Gobierno trata de sacar adelante la Ley de Seguridad Ciudadana, puesta en tela de juicio esta misma semana, una vez más, por el poder judicial que advierte al ministro de que contiene muchos elementos inconstitucionales. Luego dice Ignacio González que las Marchas vienen a "subvertir el orden constitucional". Para qué, si ya lo subvierte su partido. Para superar las trabas judiciales qué mejor que generar en la opinión pública la necesidad imperiosa de una ley que ponga freno a la "escalada de violencia" que quiere "matar policías".
La escalada la está propiciando el Gobierno con declaraciones incendiarias que criminalizan la protesta sin distinguir entre la mayoría pacífica y la residual minoría violenta, a la que el 22M hace parecer mucho mayor de lo que es. También propician la violencia al agotar todas las vías pacíficas sin ofrecer más respuesta que el silencio y el desprecio a las reivindicaciones sociales. Y lo peor es que están consiguiendo lo que querían: cada vez hay más agresividad en algunos manifestantes y entre los policías, como prueban los 69 antidisturbios heridos, el joven que ha perdido un testículo de un pelotazo y el que ha perdido la visión también por una pelota. 
En foros policiales se puede leer estos días frases aterradoras que deberían ser motivo de expediente disciplinario como "los gomazos del cuello para arriba", "usar la pistola llegará, solo es cuestión de tiempo" o "tendrá que morir alguien para que se tomen cartas en el asunto". De hecho ya hubo dos policías que desenfundaron sus pistolas. Parece que eso es lo que van buscando los responsables políticos y unos y otros están cayendo en la provocación, lo que solo beneficia al Gobierno. Un muerto sobre la mesa, sea policía o civil, generaría tal alarma social que las manifestaciones quedarían desactivadas o fatalmente estigmatizadas.
Todo esto me lleva a pensar que se ha utilizado a los policías como carne de cañón para disparar de muerte a la protesta. Con un Gobierno instalado en la mentira y tantas circunstancias sospechosas ocurridas en el 22M, me resulta difícil creer que se deban solo a "errores humanos" como sostienen fuentes oficiales. Demasiados errores juntos parecen un acierto premeditado. Los antidisturbios deberían empezar a cuestionar a quienes les utilizan como carnaza por un sueldo de saldo. Muchos ciudadanos hace años que sabemos que nos usan como carne de cañón.