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11 noviembre, 2014

TRATADO TRASATLÁNTICO: AMERICANIZACIÓN EUROPEISTA



Y la presidenta de la Junta con la jefa del Burger King la semana pasada. Como dicen The Vagos: "No seremos gays pero nos cabe el ave". 

(Por supuesto sin ánimo de faltar) .





Los desastrosos efectos del Tratado Transatlántico (TTIP)

Albert Borràs Rius⎮Rebelión⎮2 octubre 2014
Una amalgama de siglas está apareciendo para describir lo mismo. Y no es sin razón. La opacidad por la cual está siendo tratado este nuevo tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea, induce a la falta de consenso entre los actores mediáticos. Aun así, en la prensa se han aceptado de manera general las siglas en inglés, puestas en disposición por las instituciones supranacionales, de TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership, por sus siglas en inglés) [1]. Sin embargo, la sopa de letras no se termina con elTTIP. CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement) y el SPA (Strategic Partenship Agreement) son acuerdos, de carácter comercial y político entre los países de la Unión y Canadá. Éste servirá como puente para implementar el TTIP. El 26 de setiembre de 2014, las negociaciones entre los dos actores han finalizado a la espera de la ratificación del tratado en el Consejo y Parlamento Europeo (ente competente) y en los respectivos parlamentos de los estados comunitarios (si su constitución lo exige).

PERO, ¿QUÉ ES EL TTIP?

Parece entendido que este tratado supone, de manera general, organizar el mercado de libre comercio más grande de todo el mundo, que aglutinaría más de 800 millones de consumidores y más de la mitad del PIB mundial (54%) permitiendo, asimismo, dopar las economías europeas en 120.000 M€ y las americanas en 95.000 M€ (datos elaborados por Center for Economic Policy Research) [2]. Con esta mirada económica, un ciudadano europeo no dudaría de su implantación, pero… ¿por qué entonces tanto secreto?

El TTIP sobrepasa con creces los “simples” acuerdos de libre comercio, puesto que persigue tres objetivos importantísimos a esclarecer. El primero, consistiría en la supresión de los últimos derechos de aduana (barreras tarifarias), de por sí muy bajos [3]. El segundo, por su parte, pretende “armonizar” las barreras no tarifarias (normas) entre los países involucrados [4]. Por último, consiste en garantizar mecanismos legales, llamados ISDS (Investor-State Dispute Settlement), para que los inversores no se encuentren con trabas reglamentarias o legislativas en los mercados que pretendan introducirse, y en caso de encontrarlas, poderlas esquivar. Dicho en otras palabras, el TTIP (o también elCETA) pretende priorizar los intereses de las grandes empresas sobre los Estados, con la evidente pérdida de soberanía que esto conllevaría. [5][6]

De hecho, las negociaciones han estado instigadas por numerososlobbys americanos [7] y europeos [8], pero de manera oficial son los funcionarios de los respectivos gobiernos quienes lo están tratando [9]. Las negociaciones finalizarán, teóricamente, el año que viene, pero serán precedidas por un largo proceso de ratificación en el Consejo y el Parlamento Europeo así como en los países que su legislación lo exija. Este proceso no será tarea fácil en este período de crisis económica, social y política en Europa (sobre todo en el Sur). De este contexto más la incertidumbre sobre las posibles consecuencias del TTIP se deduce la impermeabilidad de las instituciones [10].

¿QUÉ VENTAJAS O DESVENTAJAS ACARREARÁ EL TTIP?

Las ventajas o desventajas hacia las sociedades europeas o americanas son diferentes según cada caso, y según el prisma ideológico desde el que se mire. Según el informe preparado por el lobby banquero CEPR para la Comisión Europea (quién, asimismo, afirma que es una predicción económica y como es obvio carece inevitablemente de certidumbre), las ventajas están vinculadas al crecimiento económico (aumento del 0,5% del PIB de la UE y de un 0,4% por el de EUA) sobretodo en unos sectores determinados: especialmente el sector automovilístico (40% de incremento de las exportaciones), el sector metalúrgico (+12%), la comida procesada (+9%), los productos químicos (+9%)… Al respecto del empleo, el estudio encargado para la Comisión predice un traspaso de empleos entre sectores (con relación a 7 empleos de cada 1000 en 10 años) y no realmente la creación del mismo. ¡Esto es importante! Los políticos siempre juegan la baza de la creación del empleo para justificar el tratado de libre comercio (u otros intereses de dudosa legitimidad) cuando realmente no se adhieren a los datos de los estudios oficiales de las instituciones las cuales ellos representan.

Además, las desventajas se materializan en múltiples niveles más, las cuales no están mencionadas en el estudio de la CEPR (de análisis demasiado economicista): el tratado arriesga el nivel social, económico, sanitario, cultural, del medio ambiente, político e incluso geopolítico… Por ejemplo, los ocho derechos fundamentales propuestos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son adoptados por los países integrantes de la UE. En contrapartida, solo dos de ellos son ratificados por el gobierno de los Estados Unidos. La experiencia de los tratados de libre comercio nos sugiere que la “armonización” de las normas se establece a partir del mínimo denominador común, cosa que conllevaría a una pérdida de derechos fundamentales por la parte de los trabajadores europeos, sección puntualmente mencionada por el CEPR quién afirma, de hecho, la necesidad de la desregularización del empleo.

Otro ejemplo que proponemos, por su sensibilidad social, son las amenazas sobre el medio ambiente. Un mercado de libre-cambio incrementará el tráfico de mercancías así como el gasto en energía y, consigo, la contaminación. Por otra parte, la libre entrada y utilización de determinadas tecnologías contaminantes tales como la extracción del gas de esquisto (fracking), permitir la utilización de productos químicos agro-industriales (¿os gusta el pollo bañado con cloro y la carne de vaca con hormonas? sic.) o abrir las puertas a los OMG (aunque en España la práctica de los transgénicos está muy arraigada [11])… serían algunos de estos efectos a considerar.

Para terminar este punto, mencionaremos el más preocupante: la pérdida de democracia. Constantemente, políticos y ciudadanos afirmamos rotundamente que vivimos en una democracia. Pero la democracia no está o deja de estar, sino que se tiene más o menos según la estructura productiva y la interlocución de los actores competentes dentro del sistema (donde la sociedad es el actor legítimo en una democracia). La falta de transparencia de la Unión Europea en torno a un TTIP de por sí poco democrático, denunciada por el tribunal de Justicia de la Unión Europea (CURIA), es sintomática de la pérdida de calidad democrática que ocasionarán los tratados. La economía está desbancando la política y definitivamente sometiendo la sociedad a las leyes del mercado.

LA “ANARQUÍA” DEL MERCADO (NEO) LIBERAL

Una Europa sumisa a los dictámenes de las grandes transnacionales conllevará una transformación del sistema productivo, y por tanto del sistema social, así como un retroceso en la soberanía de los Estados (la poca que ya les queda después de firmar el traslado de soberanía en los tratados de Lisboa). Una liberación de la capacidad de acción de las grandes empresas, quienes aumentarán la competencia (híper-competencia), induce a un escenario donde los pequeños productores pueden verse muy castigados si no son capaces de adaptarse a estas nuevas circunstancias, ocasionando conflictos en todos los niveles de la sociedad. Los monopolios, oligopolios… tendrán la oportunidad de incrementar su capacidad de acción en contra de los Estados, quienes estarían desprovistos de herramientas legales para ello (recordemos los mecanismos de arbitraje estado-empresa ISDS). Las reformas estructurales, vividas de manera extrema en España, son la base para que la libre circulación se pueda instaurar. Esta última, si se llega a materializar, será un nuevo escalón hacia la globalización económica, con Estados Unidos partiendo con cierta ventaja gracias a la influencia de los gigantes de Internet: Google, Amazon, Facebook, Microsoft… Esta desregularización de los mercados agravaría asimismo las posibilidades de crisis. Primero, fruto de la especialización productiva en el territorio, que tendería a intensificarse en contra de la diversidad productiva cuya resistencia a las seculares crisis económicas del capitalismo es más efectiva. Segundo, los Estados, como mediadores de las fuerzas sociales y las fuerzas patronales, carecerían de competencias para evitar la caída del sistema productivo. La pérdida de democracia a favor del control de la economía es el precio final.

Notas:

[1] http://ec.europa.eu/trade/policy/in-focus/ttip/index_fr.htm

[2] El CEPR es una organización (lobby) financiada por distintos bancos privados.

[3] Según la Organización Mundial del Comercio las barreras tarifárias en Europa varían según los productos pero la media se encuentra en 5,8 %. Los productos que contienen una carga tarifária mayor son los productos agrarios con una media de 13,24 %. En contrapartida, los derechos de aduana impuestos en los productos industriales son muy inferiores, 4,2 %.

[4] Según un estudio realizado por la Fondation Res Publica, el 16 de Setiembre de 2013, la “armonización” de las normas se va a hacer desde “abajo”. Es decir, se cogerán las normas nacionales o supranacionales cuyas restricciones sean menos “dañinas” para los flujos del capital.

[5] La multa de casi 9.000 M€ impuesta al grupo bancario francés de BNP Paribas por parte del Gobierno de los Estados Unidos por una supuesta inversión en países bajo embargo de los EUA (Cuba, Irán y Sudan) nos augura que la ley económica americana prevalecerá sobre las otras. Parece paradoja que cuando se está gestando un tratado transatlántico donde prevalecerán los intereses de las multinacionales defendidas por futuros tribunales internacionales, el gobierno americano pueda imponer su ley (dado su control sobre el dólar) a las empresas europeas.

[6] Nos parece importante matizar que el principal interés estadounidense es de carácter imperialista y, por lo tanto, geopolítico (o geoestratégico). La razón viene condicionada por la nueva postura proteccionista del gobierno Chino, sobre todo en lo referente a la protección de sus propias marcas de alta tecnología para el consumo nacional. Asimismo, sus ambiciones monetarias persiguen rivalizar con el dólar poco a poco (aunque esto quede alejado). Además, EUA quieren reequilibrar su déficit comercial de estos últimos años así que garantizar la hegemonía sobre las legislaciones de los productos industriales. Esto induciría la necesidad adaptativa de estados terceros a las reglas productivas del tratado Transatlántico. Mientras que los intereses europeos, por su parte, restan como simples cuestiones mercantilistas (sin ninguna ambición política para contrarrestar el dominio americano), EUA persigue mantener su hegemonía a toda costa, cosa que conllevará el intento de marginalizar China y Rusia. El proceso no es fácil, puesto que estos últimos están buscando aliados para contrarrestar la hegemonía americana. El ejemplo más claro lo encontramos con la reunión de los BRICS en Brasil coincidiendo con el Mundial de fútbol; así como la gira de Vladimir Putin en Latino América. Remarcable su acuerdo para realizar un Banco de inversión común entre los BRICS y el gaseoducto que unirá China y Rusia.

[7] De los cuales, la industria agroalimentaria, la industria cultural o, más aún, la industria de las nuevas tecnologías informáticas serían de los sectores más interesados. Según, Corporate Europe Observatory.

[8] Los grupos industriales alemanes, sobre todo los productores de vehículos, son los más interesados en este proceso quienes ven una oportunidad de deslocalizar parcialmente su industria en el territorio americano. Este último está modernizando fuertemente su tecnología industrial y contiene una legislación más laxa en el ámbito del trabajo.

[9] Del 14 al 18 de Julio se han llevado a cabo la sexta ronda de negociaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea en Bruselas. Entre el 29 al 3 de Octubre, la séptima ronda de negociaciones tendrán lugar en Maryland (EUA).

[10] Asimismo, la opacidad de las negociaciones han facilitado la elección del “ultra liberal” Jean-Claude Junquer que sustituyera a José Manuel Durao Barroso en la Comisión Europea. Este último inició las negociaciones transatlánticas con los Estados Unidos en 2013.

[11] http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/

Albert Borràs Rius es licenciado en geografía y estudiante de Master 2 en Geopolitica en el Institut Français de Géopolitique.

13 noviembre, 2013

ELECTORALISMO, UNA ENFERMEDAD SENIL DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONALIZADA

 

Imagen: Vuelven los villancicos, las bandas de música a la vieja usanza y los Sainetes de los Hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero.Es lo que tienen los derechistas y la izquierda progresista conservadora de "Mani y Becerrita"*.

* Hacen acto de presencia en las manifestaciones y luego toman sus tapas en el conocido restaurante Enrique Becerra.

Electoralismo, una enfermedad senil de la izquierda institucionalizada

Sábado 9 de noviembre de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF
Fuente : Rebelión
Por Emilio Pizocaro en Rebelión
Uno puede estar de acuerdo o no con Julio Anguita pero no cabe duda alguna que su figura es reconocida por su valentía, honestidad y coherencia. En reciente artículo de Mundo Obrero Anguita lanza un dardo que da justo en la diana : “el problema en esta hora no estriba en poner los cinco sentidos en procesos electorales”.
Lo relevante de esta opinión es que no se puede pretender seriamente que Anguita es anti-partido o anti-política electoral. Lo que dice es simplemente constatar la borrachera electoral que viven sus compañeros de IU.
A nadie medianamente informado se le escapa que el llamado bloque político-social de IU no es más que una delimitada estrategia para ganar los votos de los “indignados”. O que es lo mismo; juntar escaños en las Cortes para gobernar con el PSOE en la próxima legislatura.
Es un secreto a voces que la élite de la formación saca cuentas alegres. Por lo pronto, en los pasillos de sus reuniones federales se sueña con la formación de gobiernos tripartitos en las autonómicas.
La gran aspiración “estratégica” de IU es repetir a nivel estatal la experiencia de Andalucía. De ahí no pasan. ¡Que lejos está esta comportamiento político de la famosa consigna de Anguita “primero programa”!
En su tiempo Rossana Rossanda, denunció el oscuro destino de los partidos de izquierda que se transforman en “un comité electoral” . Simplemente desaparecen como el PC italiano o deviene en una frankestein social-demócrata.
Una izquierda transmutada en máquina electoralista abre irremediablemente un espacio para todo tipo de demagogias populistas de derechas.
El caso del partido comunista francés es un ejemplo de esta deriva. Desde que gobernaron con el “socialista” Jospin han perdido casi toda su influencia en la clase trabajadora. Y de paso han pavimentado el camino para que creciera en los sectores populares la ultraderecha del Frente Nacional que hoy amenaza con llegar al poder.
La patología electoralista es siempre una ilusión engañosa: sus partidarios creen que “tocando” el poder institucional se consigue un atajo que ahorra el largo camino de la lucha de masas. Lo que ocurre en realidad, tal como pasa en España, es que los partidos se transforman en agencias de empleo y sus dirigentes empiezan a gozar de los privilegios del sistema.
El electoralismo es una excrecencia del viejo pragmatismo estalinista. Es una política miope y coja, que no conduce a ninguna parte. Y en el actual escenario español puede llegar a ser letal para los demócratas de verdad.
Hay que ser muy ciego para no ver que el eje de la política española no pasa por las próximas elecciones. Lo que está en juego es mucho más trascendente, la sobrevivencia de la restauración borbónica.
Por el momento el eslabón mas débil para el régimen es el proceso independentista catalán. Porque las élites no tienen un pelo de tontas mueven ficha todos los días para seguir usufructuado del poder con les confirió la constitución del 78.
Los hechos están a la vista del que quiera ver.
- El Príncipe empieza ejercer de hecho como Rey y se posesiona en defensa de una España mítica.
- Rubalcaba se auto-declara embajador entre la Moncloa y la Generalitat Catalana y logra rápidamente abrir las conversaciones entre CIU, el PP y el PSOE.
- Rosa Diez, figura de recambio, planta cara y exige con demagogia unas Cortes Constituyentes.
Todos estos movimientos tienen como objetivo salvar una institucionalidad agonizante. La clase política empieza a negociar una modificación de la actual constitución desde arriba. Un gatopardismo puro y duro cuyo objetivo es dejar a los pueblos de España mirando a la carnicería.
La “clase política-económica” trata de impedir que se ejerza la soberanía popular. Doce millones de pobres y una destrucción masiva del estado de bienestar es potencialmente un peligro muy grande.
¿Que dice IU ante en este escenario? No se oye padre.
Sus grises voceros olvidan reiteradamente que entre sus acuerdos está el compromiso de impulsar un proceso constituyente desde abajo.
Esta idea fundamental está fuera del discurso de sus lideres. De hecho no implementan ninguna política que movilice a sus militantes tras un objetivo de cambio revolucionario que podría ilusionar a todos los pueblos de España.
Pareciera que no comprenden que la realidad exige definiciones políticas de fondo.
La única alternativa real es cortar el nudo gordiano de las contradicciones del estado español con un proceso constituyente. Este no es otra cosa que la ruptura con el actual régimen y sus políticos corruptos. No es más ni menos que ejercer el sagrado derecho a decidir de todos los pueblos de España respecto de la forma de estado y los derechos sociales.
Por lo tanto, dice bien Julio Anguita cuando afirma " …la tarea más urgente, más dramáticamente urgente es ayudar a organizarse a la mayoría social, a la Nación, al Soberano como se quiera decir. La recompensa, si la hay, será mucho mayor: construir otra realidad…"
Otro gallo cantaría sí el esfuerzo de la izquierda institucionalizada se dirigiera a unir a los movimientos sociales y a los sindicatos tras un objetivo mayor que sacar unos cuantos parlamentarios. Peor aún, en unas elecciones que indefectiblemente empujaran la perpetuación del régimen y su secuela de corruptelas.
En medio de este verdadero páramo de mediocridad política los movimientos sociales sacan sus propias conclusiones. Movimientos y mareas ciudadanas se dan cuenta que las elecciones no están a la orden del día. Que lo fundamental es el trabajo anónimo para echar las bases de una nueva forma de hacer política.
Como ha ocurrido en los procesos latinoamericanos, llegará el momento en que los pueblos de España irán libremente a las urnas sin las ataduras que dejo el post-franquismo. Para lograrlo es necesario una revolución democrática que destierre a la política de los salones devolviéndola al verdaderamente soberano.

Fuente: Rebelión

11 marzo, 2013

APUNTES PARA LA DESOBEDIENCIA ELECTORAL


Apuntes para la desobediencia electoral

Fernando Lores Masip


¿Vivimos en una arcadia democrática donde gobierna el pueblo o en una dictadura del capital financiero donde las políticas que adoptan los gobiernos electos están determinadas por la presión de corporaciones privadas? Dictadura real ya, no hay que buscar en el pasado, está aquí y habita entre nosotros.


Las visiones legitimistas de la democracia expresan a menudo su crítica política en clave de “democracia fallida”, donde la corrupción aparece como la apropiación indebida de lo público –incluida la representación de los intereses públicos o generales- por parte de personas, facciones o corporaciones políticas. Esta es una visión legitimista porque juzga inadecuado el estado actual de cosas en relación con el modelo ideal o ideológico, lo que la democracia debería ser pero no es –por la acción inapropiada y voluntarista de algunos. En esta visión no hay rastro de una interpretación estructural, por ejemplo, no existe la posibilidad de que “corrupción” sea concebida como una expresión común para referir la unión íntima de la política con la economía, y concretamente del poder con el capital. Además, es una visión legitimista de la cosmovisión democrática porque las posibles soluciones a ese estado mejorable de cosas siempre pasan por los mismos procedimientos que dice criticar, por los formalismos y ritualizaciones que sacralizan el poder de su sociedad, presentando la estrategia electoral como la vía de “cambio” predecible, y hasta cierto punto deseable. Lo primero, entonces, sería desencantar el punto de vista políticamente encantado y considerar las cosas tal y como son y en el sentido en el que son, algo muy spinozista. Abreviando: la democracia no es lo que debiera ser, el gobierno del pueblo representado en las Cortes –eventualmente corrompido-, sino el eufemismo político que permite hacer pasar el gobierno y los intereses de las élites como el ejercicio legítimo de la voluntad popular. Preñado de populismo, el discurso democrático cala en todas las mentalidades –cultas y populares- dado que es la ideología dominante, y viceversa. La democracia es lo que es: la instrumentalización por parte de élites corporativas de minorías sociales cautivas electoralmente, a partir de las cuales se constituyen artificiosamente mayorías parlamentarias que forman gobierno sobre la totalidad –la lista más votada gobierna al total de la población, en una proporción de 1 a 5. Todo ello se desarrolla en el escenario de una amenaza larvada y difusa que se expresa, por abajo, como la posibilidad de una anarquía y, por arriba, como la sombra de una dictadura. Los antagonismos fantasmagóricos que funcionan como coerción ideológica, como la anarquía (en el sentido peyorativo de caos, no de auto-gobierno) y la dictadura (como la amenaza de un totalitarismo reversible, de un pasado horribilis que siempre está aquí como potencialidad), hacen creer que lo que se vive no es al fin y al cabo un gobierno tan autoritario ni caótico, tan despilfarrador ni arbitrario o ineficiente; en definitiva, hacen creer aquello tan churchilliano de que la democracia es la peor forma de gobierno exceptuando todas las demás. Así se cumple la funcionalidad del tótem político y de todo el lenguaje político que lo nombra mediante eufemismos: la imposibilidad de pensar más allá del tótem, más allá de la democracia.

El discurso democrático es una versión de la biopolítica orientada a producir las subjetividades gobernables y funcionales para el (mejor) desarrollo del capitalismo neoliberal; en este sentido es un proceso cultural, por tanto social e histórico, es decir, heterogéneo y contradictorio, no una cosa o un estado de cosas. Su capacidad para capilarizar el tejido social es asombrosa: incluso la disidencia lo es gracias al lenguaje de su dominación (democracia real ya). Mucho discurso anti-capitalista, sí, pero por efecto de la magia eufemística del tótem político, poca disidencia frente a su forma de gobierno y su fuente de legitimación: la democracia. La democracia no como algo separado –y virtualmente antagónico- de la economía capitalista, no. La democracia como la forma de dominación política, de producción de cuerpos dóciles y subjetividades gobernables, de agregación de poblaciones a la conducta política normalizada que es solidaria de los modos de explotación de la economía capitalista, particularmente en la órbita del capitalismo regional euro-americano –aunque por efecto de su difusión cultural enraíce en otras culturas políticas hibridizándose promiscuamente en sistemas más localizados. En pocas palabras, la democracia es esa tecnología de gobierno, de conducción de la conducta política parafraseando a Foucault, que actúa como un discurso mistificador del expolio social y natural al que son sometidas sistemáticamente porciones crecientes de las poblaciones, de los bienes comunes y naturales del planeta. Esta operación ocupó, en nuestro contexto nacional, lo que el establishment del momento llamó la Transición, pero que quizá los historiadores del futuro designarán más apropiadamente, siguiendo las inveteradas tradiciones historiográficas, como la II Restauración Borbónica.

Particularmente, la violencia simbólica del discurso democrático se expresa a través del manejo del voto, de toda su simbolización y de su sentido práctico: “somos los legítimos representantes elegidos en las urnas”, dicen. Del otro lado, en las coordenadas de un campo político cuya divisoria establece un antagonismo artificial entre izquierda y derecha, la negación del voto (abstención) se interpreta en términos individualistas y sin texturas políticas: sujetos desconectados que actúan sin pretensiones políticas, expresando así el estatuto de idiotas funcionales al que son reducidas las mayorías sociales desde la óptica de gobierno –masas aborregadas que prefirieron ir a la playa o a los toros, quedarse en casa por el mal tiempo. Esa violencia simbólica tan particular que está en el origen de la legitimación del gobierno democrático, la de la representatividad delegada, aparece como una retórica en la que continuamente se encastillan las corporaciones políticas, los dirigentes y cargos públicos, y a la cual recurren sistemáticamente para criminalizar la crítica o la disidencia –presentándola como “antisistema” o “golpismo”. Esto pone la estrategia electoral en el primer plano de la resistencia social frente al mal gobierno: la necesidad imperiosa de neutralizar su fuente de legitimidad, el voto. La simbolización del voto es el mayor reto (u escollo, según se mire) que afronta la resistencia civil, puesto que la estrategia electoral actúa como un principio articulador de la dominación política en la sociedad democrática neoliberal, ritualizando la consagración de la jefatura de la tribu. La centralidad del voto como domesticación política es tal que hace difícil concebir siquiera su negación: no votar, no delegar. ¿Interpretar el voto como un dispositivo de normalización política al servicio de la sacralización del poder, es decir, funcional a la reproducción del sistema político que legitima el capitalismo; o bien como una estrategia de transformación social, de acceso al poder con voluntad de emancipación? Las últimas décadas han sido taxativas: instrumentalizando por la vía del voto a los diferentes sectores del mercado electoral se logran justificar eficientemente, legitimándolos, los intereses que orientan las estrategias de acceso al poder de las élites directivas. Así, el voto se presta a producir una plusvalía de legitimidad necesaria para dar una vuelta de tuerca a la reproducción ampliada del capital. La imbricación creciente de los procedimientos electorales en esta reproducción ampliada del capital, aportando la necesaria cuota de legitimidad (y de normalización política), es el precio pagado por esa suerte de Pax Romana que las corrientes neoliberales euro-americanas establecieron en el convulso período entre 1973 y 1989.

Así las cosas la desobediencia electoral no es una opción. Cada vez más se presenta como un horizonte políticamente fértil. Tampoco es un destino trágico, sino una fuente de alegría política: la posibilidad muy bajtiana del carnaval. Habrá nostálgicos del voto que no puedan disimular su disenso; sí, aquello de que “en este país murió mucha gente para que podamos votar, y si no votamos gobernará la derecha… o vendrá la dictadura… o será un caos”. Nostalgia de lo que nunca se ha perdido, lo cierto es que la dictadura está aquí, nunca se fue, siempre estuvo gobernándonos y seguimos gobernados por gobiernos autoritarios. La cuestión es si estamos dispuestos a seguir legitimándolos a través del uso irreflexivo de esa maquinaria electoral que se traga el sentido representativo y delegado de los votos. Huérfanas de los mecanismos de su representación, las mayorías sociales pueden confluir, no en el programa político de un partido minoritario que nunca se convertirá en política pública, sino en la desobediencia como espacio político a significar, a fortificar, a cultivar en todas sus dimensiones, en suma, como esa arena política a donde puedan afluir las mareas en una riada de desacato y de negación. Ocupar las calles y plazas, las portadas y editoriales, tejer las redes en el hogar, en el vecindario, en el lugar de trabajo o estudio. Y no dejar de echar esas redes, para ir sumando. La gente. Sí. Con la cabeza bien alta, los indecentes son los otros. Cargados con muchas ideas razonables y plausibles, no quimeras mercantilistas. La gente dispuesta en la dirección de exigir la transformación política del Sistema, no el solo cambio de Gobierno. ¿Qué hacer con la fuerza constitutiva del voto cuando ellos nos llamen a las urnas, nos convoquen a su fiesta de la democracia? No delegar, no hipotecar la fuerza constitutiva que entraña el voto. Al contrario: reservar colectivamente esa fuerza para hacerla rendir más prometedoramente, agregando la desobediencia en un bloque de resistencia civil, de nuevas prácticas y sentidos políticos. La desobediencia electoral es un capital político que pueden movilizar las mayorías sociales desposeídas de todo lo demás, cada vez más: es el juego estratégico con la norma, no la aceptación irreflexiva de su acatamiento.

Recientemente, las últimas elecciones en Grecia e Italia indican que la pluralidad social está reñida con la gobernabilidad democrática. La supuesta ingobernabilidad de parlamentos heterogéneos –en un gesto nostálgico del funcional bipartidismo- nos hace pensar con más fuerza en la necesidad de cambiar las reglas del juego y aspirar a otra forma de gobierno y, sobre todo, a otra manera de formar gobiernos. Las mayorías sociales están en las calles pidiendo a gritos un carnaval político, un período políticamente extraordinario en el que se inviertan las jerarquías y se genere anti-estructura, donde las mayorías establezcan un nuevo criterio de ordenación política, donde la fuerza constitutiva se transforme en un acontecimiento constituyente. Hasta ir minando esa legitimidad que hoy atesoran como un capital las corporaciones políticas, tendremos que pensar en la posibilidad de dar un sentido colectivo, unitario y confluyente, de bloque, a la fuerza política que reside en la denegación de la legitimidad por las urnas: el principio de no delegación. Secuestrar el voto para forzar el regateo, las transacciones con el poder. Secuestrarlo hasta que el campo político que ahora patrimonializan celosamente se abra a la decisión colectiva, de modo que el formalismo electoral del voto pueda ir más allá de un colaboracionismo a la francesa o de un quintacolumnismo, esa forma cínica de justificar o callar ante las fuerzas de ocupación enemigas. Entre tanto se nos reprochará que con ello sólo favorecemos la llegada de la dictadura o del caos. Pero tenemos una urgencia: el mal gobierno ya está aquí; y nos hemos impuesto una tarea: desbancarlo del poder.

Fuente: Rebelión. Bajo Licencia CC del autor.

02 agosto, 2012

DERECHO A DESOBEDECER





En Rebelión el 18-07-2012

Derecho a desobedecer



El pueblo español y otros europeos hemos comenzado a vivir bajo una tiranía.
Las autoridades imponen políticas que provocan daños económicos, físicos y morales a la mayoría de la población. Reducen los ingresos y aumenta la pobreza y la exclusión (solo entre 2009 y 2010 aumentó en 1,1 millones el número de personas pobres en España). Disminuyen la financiación de los servicios públicos básicos, lo que hace que aumente la mortalidad, las enfermedades y todo tipo de daños psicológicos y personales (la tasa de mortalidad ha aumentado un 20% en Portugal desde que empezaron a adoptarse las políticas de ajuste y la esperanza de vida ha bajado por primera vez en España). Recortan los derechos de los más desfavorecidos al mismo tiempo que aumentan los privilegios de quienes gozan de más renta y riqueza (la desigualdad aumentará en España un 9% en 2012 como consecuencia de los recientes ajustes fiscales del PP).
Además, imponen estas medidas recurriendo a todo tipo de mentiras.
Dicen que las toman para mejorar la economía pero esta está peor que antes de tomarlas. Nuestra prima de riesgo esta más de 400 puntos por encima de la que había en mayo de 2010 cuando empezaron los recortes que Zapatero y luego Rajoy dijeron que había que tomar para que bajase.
Dicen que las reformas del mercado laboral son para crear empleo y lo que sucede es que la tasa de paro está cinco puntos más alta que antes de aprobarse.
Dicen que hay que reducir el gasto social para disminuir la deuda y resulta que ahora está casi 17 puntos más arriba en porcentaje sobre el PIB que hace dos años porque lo que ocurre, lógicamente, es que con menos gasto público se generan también menos ingresos en todas las actividades.
Dicen que hay que reducir el gasto en personal público porque no hay dinero pero privatizan servicios a base de contratos a favor de empresas privadas que son más caros que el personal que ahorran. Así ha pasado, entre otros muchos casos, con la privatización del servicio de expedición de vidas laborales de la Seguridad Social pagando 4,7 millones de euros a una empresa privada.
Dicen que no hay dinero pero se sacan de la manga cuando les conviene miles de millones para salvar a los banqueros corruptos, conceden amnistías fiscales, desmantelan la lucha contra el fraude fiscal y renuncian a obtener los ingresos que podría proporcionar combatirlo de frente y eficazmente. Solo en pago de deuda ilegítima que deberíamos repudiar nos hemos gastado en 2008, 2009 y 2010 algo más de 122.800 millones de euros.
Dicen que todas esas medidas son imprescindibles para salir de la crisis pero la realidad indiscutible es que no hay ninguna experiencia en el mundo de algún país que haya salido de una parecida adoptando este tipo de políticas. Al revés, le han hecho frente mejor quienes hacen lo contrario.
Y entre tanta estafa y falsedad, nuestras instituciones han quedado viejas y resultan inútiles. Ni el PP ni el PSOE son capaces de aportar soluciones a la situación ni de enfrenarse con inteligencia, valentía y dignidad a las imposiciones de los poderes financieros. Pero no tienen inconveniente en repartirse cerca de 25 millones de euros en subvenciones solo para el primer trimestre de 2012, según acaba de publicar el Boletín Oficial del Estado.
El Presidente del Gobierno ha reconocido ante el Pleno del Congreso de los Diputados que en España no tenemos libertad, y ninguna institución, ningún juez, ningún fiscal, ningún partido pide cuentas por reconocer que la voluntad del pueblo ha sido secuestrada.
El Rey, cuya función constitucional es la de arbitrar con equidistancia, toma partido y gobierna a favor de la oligarquía que se beneficia de estas políticas y de los recortes con los que está en desacuerdo el 70% de la población española.
La Constitución es un papel mojado porque no garantiza el ejercicio de derechos básicos, ni la soberanía nacional, ni el libre albedrío de todos sus ciudadanos, ni la defensa de nuestro patrimonio ni la de los intereses económicos de la Nación española, ni, por supuesto, la libertad que Rajoy reconoce sin inmutarse que nos han robado.
Y en Europa se asienta el cerebro del Tirano: no hay manera democrática de hacer frente a las imposiciones de la banca, cuyos antiguos directivos han tomado al asalto las grandes instituciones, y donde sus autoridades incluso comienzan a declararse, como en el Estatuto del Mecanismo Europeo de Estabilidad, inmunes e inviolables (artículo 35.1) decidan lo que decidan y hagan lo que hagan.
Los españoles no tenemos por qué aceptar la traición de nuestros gobernantes y la imposición de políticas injustas y basadas en mentiras, que solo benefician a las minorías privilegiadas, ya salgan de La Moncloa, de Bruselas o del mismo infierno. “Cuando el gobierno viola los derechos de los ciudadanos la insurrección es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”, tal y como decía el artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1793, porque, como también afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Preámbulo, el pueblo tiene el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.
Si los pueblos no hubieran ejercido estos derechos, si no hubieran desobedecido leyes injustas como las que se imponen ahora, si en lugar de ello hubieran obedecido “con responsabilidad”, como pide la Secretaria General del PP, todavía habría esclavitud, todavía los negros serían considerados seres de rango inferior, y las mujeres ni podrían votar ni tomar decisión alguna sin el permiso de sus padres o maridos.
¡Ya está bien de obedecer a los tiranos que gobiernan contra el pueblo! Hay que reclamar sin miedo elecciones generales para acabar con la estafa electoral protagonizada por el PP y con la ineficacia y corrupción de los partidos instalados en el sistema nacido de la transición, hay que abrir paso a una nueva Constitución que salvaguarde de verdad nuestra soberanía nacional y el ejercicio de los derechos básicos, que combata la corrupción como a un cáncer maligno, que obligue a respetar los principio de equidad y justicia fiscal, que proporcione nuevos medios de participación social y ciudadana… que no permita nunca más la vergüenza de estar gobernados por un presidente al que le dé igual que hayamos perdido la libertad.
Quienes nos imponen estas políticas cuentan ya con un determinado grado de respuesta y rechazo social (“pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”, decía Menem en julio de 1997 en la Argentina que sufría entonces lo mismo que ahora los pueblos europeos). Por eso no basta con respuestas aisladas y desunidas. Hay que reaccionar frente al tirano con el único medio al que nunca podrán vencer: la máxima unidad ciudadana, la desobediencia civil y el sabotaje pacífico, siempre pacífico, y democrático de sus normas e imposiciones. Sin miedo y con esperanza, porque Gandhi lo dijo bien claro: “Siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre”.
Juan Torres López. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

10 diciembre, 2010

ASSANGE, CONTROLADORES Y EL FASCISMO DE LOS GOBIERNOS



El gobierno español ha actuado con los controladores como un estado fascista, al igual que EEUU actúa contra una persona como Julian Assange. Quieren encarcelar al periodista por abusos sexuales, como sin más remedio hicieron con los impuestos a Al Capone. Hay pruebas silenciadas respecto a los controladores: fueron a trabajar la mayoría y cerró AENA el espacio aéreo para echarle la pelota en el tejado de ellos, tras largos periodos de negociaciones.Es un conflicto laboral que ha gozado de la falta de solidaridad de todos los ciudadanxs ENGAÑADOS. En todos los casos existen trabajadores que se han rebelado contra el poder obligado e impuesto. Assange con la información ajena y los controladores con una paralización de su trabajo. Los medios y el gobierno siempre CRIMINALIZAN con su armamento aquello que no controlan.
DESDE NUESTRO ÁMBITO EXTENDEMOS OTRA OPINIÓN.


NOTICIA

Intelectuales australianos, secundados por Chomsky, respaldan a Assange

Agencias


El renombrado intelectual estadounidense Noam Chomsky se unió a la petición de periodistas, abogados y escritores australianos para que la primera ministra de Australia exprese "un apoyo firme" al fundador del portal WikiLeaks, Julian Assange, de nacionalidad australiana.

La "retórica cada vez más violenta" contra Julian Assange genera "graves preocupaciones" por la seguridad del fundador de WikiLeaks, dice la carta dirigida a la jefa del gobierno australiano, Julia Gillard.

"Le pedimos condenar, en nombre del gobierno australiano, los llamados a atacar físicamente a Assange y a decir públicamente que usted asegurará que Assange reciba las protecciones a las que tiene derecho" aunque las amenazas vengan de individuos o estados, señala la carta publicada en la página web de la televisión australiana ABC.

La carta fue escrita por el profesor Jeff Sparrow, de la universidad de Victoria, y por Lizzie O'Shea, abogada especializada en los Derechos Humanos.

Según Jeff Sparrow, se enviaron algunas invitaciones para firmar el documento, y rápidamente muchos firmantes se unieron.

El equipo fue contactado por Noam Chomsky, lingüista y profesor en la universidad del MIT (Massachusetts Institute of Technology).

"Chomsky se puso en contacto con nosotros porque creo que alguien le pasó la carta", declaró a la AFP Sparrow.

"Creo que la impresión de que Assange es tratado de forma injusta no se limita a Australia", añadió.

Entre los firmantes figuran el senador del partido verde Bob Brown y varios escritores australianos, como Raimond Gaita, Christos Tsiolkas y Helen Garner.

Según la carta, una declaración de la parte la primera ministra "no tendría que crear controversia. Es un simple compromiso a favor de los principios democráticos y de la ley".

"Si no hacemos nada para evitar estas incitaciones a la violencia contra Assange, un precedente perturbados se habrá establecido en el mundo anglófono", destaca el texto.

A finales de noviembre, el gobierno australiano declaró, a través del fiscal general Robert McClelland, que apoyaría a Washington en caso de acción judicial contra WikiLeaks.


Fuente: Rebelión


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Wikileaks ha optado por hacer un sistema de mirrors (espejos) que ellos mismos puedan sincronizar a través de rsync, para eso tienes que darles acceso ssh a tu máquina. Puede ser un poco peligroso si alguien malintencionado consigue la clave privada de SSH de Wikileaks, así que algunas medidas de segurirdad en tu server son más que opcionales.

En Hacktivistas.net han elaborado un manual con las instrucciones necesarias y algunas medidas de seguridad adicionales.

- Y por supuesto, la más importante de las ayudas, REVELANDO SECRETOS.

Si tienes acceso a información clasificada de tu ayuntamiento, nación, o empresa, no lo dudes, que no quede nadie sin desenmascarar.

Fuente: CGT Andalucía