Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

06 junio, 2016

EN LA LÓGICA DEL ENEMIGO

En la lógica del enemigo

Decía el compañero Joan, que a él no le gusta echarle agua al vino de nadie; lo comparto. No es mi objetivo con esta carta fastidiarle la fiesta a nadie; sí, la de expresar mis temores.
Siguiendo los consejos del compañero Julio, he leído con detenimiento el Programa Electoral de Unidos Podemos.
En primer lugar, he echado de menos lo que faltaba en un momento histórico de crisis, donde las élites quieren salir de la coyuntura expropiando a las clases subalternas, la mayoría social, de los bienes comunes, tangibles e intangibles, e hipotecar el futuro de los pueblos del Sur de la UE a través de una deuda externa, eterna, injusta e impagable.
Todo ello, utilizando el Euro como moneda de colonización, y al Parlamento Europeo como coartada democrática.
Y mientras las élites se dan a este tipo de nueva colonización en Europa, en otros lugares se dan a la rapiña a través de la guerra generalizada, como es el caso de Oriente Próximo y África.
Europa vuelve a ser militarizada por los EE.UU y la OTAN, llevando sus misiles a las puertas de Rusia. Esta estrategia guerrera, pone a Europa al borde de un conflicto abierto en su territorio y abre también las puertas a una confrontación mundial.
En este teatro de operaciones, la UE y la OTAN no son instrumentos para la paz y la justicia social, sino todo lo contrario. Dejar estos temas fuera en un programa electoral de carácter democrático es situar de principio, el texto en unas coordenadas favorables al estado actual de las cosas.
Por otra parte, también echo de menos en el programa cuestiones como el modelo de Estado, la devolución de las empresas estratégicas al sector público, la soberanía económica, la auditoria sobre la deuda externa, la salida de la OTAN y del Euro…
Por el contrario, he encontrado en el texto propuestas de carácter reformista, con tintes asistencialistas y de vuelta al pasado en temas como: libertades civiles, derechos laborales…
Es de alagar el esfuerzo en el tema ecológico apuntando a un cambio en el modelo energético que podría favorecer un nuevo modelo de producción, menos expansionista y más cercano a garantizar las necesidades reales de la sociedad.
Podríamos decir que los cincuenta puntos de los que consta el programa electoral están enmarcados dentro de la lógica del enemigo de clase. Es más, y ahí la gravedad del tema, el texto en sí es un retroceso ideológico que legitima ante la mayoría social las clases subalternas, la actuación de los de arriba, y redime a las castas, porque no cuestiona ni ataja las causas.

Efectivamente, con este programa se podría gobernar el Reino de España, si El Banco Central Europeo, La Comisión Europea y El Fondo Monetario Internacional, LATROIKA, no le hubiesen dicho ya al reformismo que ¡NO! y lo pusieron a trabajar para todo lo contrario. Como buen ejemplo de esa colaboración, Syrisa en Grescia.
Con todos mis respetos a los compañeros y compañeras que me hablan de un plan B de la Coalición, aquí el único plan B que se ve es el del PP-PSOE-C´S. Un pacto de Emergencia Nacional o algo parecido.
Si eso se da, Unidos Podemos se encontrará con que hizo un programa que no le era útil para gobernar y tampoco para ser oposición. Se encontrará también un problema añadido; en su lógica por atraparlo todo, ha situado ideológicamente a buena parte de su electorado al lado del enemigo de clase y le costará un mayor esfuerzo, si es su pretensión, plantear un programa de Ruptura.
A pesar de todo lo anterior, el colectivo al que pertenezco valoró la posibilidad de apoyar a la coalición. El debate se terminó el día que nos encontramos con que en nuestra provincia, Almería, la candidatura la encabezaría el Exjefe del Estado Mayor, Julio Rodríguez, uno de los responsables de la invasión de Libia, reconocido defensor de mantener las actuales relaciones con la OTAN.
Nos ha parecido demasiado para personas que llevamos décadas trabajando por la paz mundial y para sacar las bases de la OTAN de nuestro territorio.
Sirva esta carta como una aportación más a la reflexión crítica que todo proceso, de las características que vivimos, necesita.


Marcos González Sedano
(Entre otras cosas, fundador de Asamblea de Andalucía)

17 septiembre, 2015

CON EL FINAL DEL PA NO AGONIZA EL ANDALUCISMO POLÍTICO SINO TERMINA EL REGIONALISMO ANDALUZ

 

Con el final del PA no agoniza el “andalucismo político” sino el regionalismo andaluz

El asesinato de Blas Infante no constituyo uno más entre los múltiples crímenes realizados por la reacción en aquellos aciagos días. Su muerte no sólo formaba parte de la orgia de sangre conscientemente desencadenada por militares y fascistas tras el golpe del 18 de julio. Acabando con él no se pretendía solamente provocar terror y desembarazarse de un enemigo.
Acabar con Blas Infante poseía connotaciones que lo convertía en singular y excepcional. Matándole, los fascistas pretendían excluir del horizonte toda posibilidad de despertar popular. Acallando su voz se buscaba impedir cualquier posibilidad de inicio de un proceso de liberación integral, nacional y social. La sentencia que lo condenó trasluce hasta qué extremo los golpistas lo tenían claro y cómo asesinándolo creían erradicar toda potencialidad futura de levantamiento provocada por esa conjunción letal para el Sistema de insurrección identitaria y de clase, de lucha global como pueblo trabajador, que el ideario andalucista contenía y conllevaba.
Y es que, a pesar de que algunos de los que se autocalifican de seguidores suyos pretenden hoy ocultarlo o minusvalorarlo, Blas Infante no sólo fue condenado por pretender “la constitución de un partido andalucista”, como suelen resaltar. No era sólo el hecho nacional el único peligro representado por él y su movimiento, sino también por haber formado parte “de una candidatura de tendencia revolucionaria”, aspecto este que suelen olvidar citar y obvia intencionadamente el actual “andalucismo” oficial: PA, Fundación Blas Infante, etc.
Para este régimen, heredero y continuador del que le asesinó, el andalucismo y Blas Infante son hoy tan peligrosos como para sus antecesores. De ahí que si entonces se le mato para acabar con su mensaje, y temporalmente se logró, pues nadie quiso o supo continuarlo, desde la instauración del actual se manipule su figura y tergiversen sus ideas. Porque el andalucismo atenta directamente contra el “orden establecido” se le sigue matando hoy intelectualmente.
¿Qué es el andalucismo?
Para comprender el porqué de ese peligro intrínseco representado por Infante y el conjunto de su  ideario para el Sistema habrá que preguntarse qué es el andalucismo. Cuál era el proyecto de país y sociedad propugnado por Blas Infante y el “andalucismo histórico”. Y para responderlo no es necesario realizar sesudas investigaciones, pues lo proclamaron en infinidad de ocasiones. Tanto en las asambleas andalucistas de Ronda y Córdoba como en los escritos del propio Infante se subraya constantemente que el objetivo del andalucismo político era, y por tanto sigue siendo, el hacer realidad, el llevar a la práctica, los contenidos de la Constitución Andaluza de 1883. Y ante todo su primer artículo, el que proclama la soberanía de Andalucía.
Tal y como dejó escrito Blas Infante, su meta política y la del andalucismo era lograr “una Andalucía soberana constituida en democracia republicana”. Una Andalucía libre conformada en República, en Estado soberano propio, tal y como se instituye en el artículo primero de la Constitución Andaluza. Una soberanía que no es concedida. Que nos pertenece por derecho propio y que es ejercida plenamente, sin límites ni condicionantes. Por eso en la Constitución Andaluza, tras proclamar que “Andalucía es soberana”, y especificar que “se organiza en una democracia republicana”, añade que “no recibe su poder de ninguna autoridad exterior”.
Un Estado propio que, además, es expresión jurídica de un poder popular andaluz real y efectivo, como queda igualmente transcrito en dicha constitución. Una lectura de su articulado trasluce el que la conformación de dicho Estado no tiene nada que ver con las “democracias representativas” de los estados burgueses al uso, sino que configura una autonomía nacional y un autogobierno popular. De ahí el que Infante le denominase Estado Libre, porque en lugar de estructura opresora, represora y usurpadora, es expresión de la auto-organización popular.
Por otro lado, el mismo desarrollo de dicho articulado no sólo supondría la construcción de un modelo de democracia popular; directa, horizontalista y asamblearia, sino que conllevaría la prefiguración de una sociedad y una economía socialistas. Que Blas Infante formase parte de “una candidatura de tendencia revolucionaria” no fue una excepción en su trayectoria. A lo largo de toda ella fueron permanentes sus esfuerzos por lograr una unidad de acción transformadora entre andalucistas, marxistas y libertarios. Y no como mera estratégica, sino por el carácter revolucionario del propio andalucismo, derivado tanto del pensamiento de Blas Infante como de esa asunción de los contenidos socializantes de la Constitución Andaluza.
Obviamente el andalucismo era y es un movimiento nacionalista, pues defiende la existencia de una nación andaluza y la de un pueblo andaluz, y como lógica consecuencia, los derechos y libertades inherentes a toda nación y todo pueblo: sus respectivas soberanías. La tan conocida como tergiversada afirmación de Blas Infante acerca de que su nacionalismo antes que andaluz era humano, utilizada hasta la saciedad por el regionalismo para “probar” el carácter no nacionalista de su ideario y el del andalucismo, por el contrario es una inequívoca declaración nacionalista, pero desde una óptica antiburguesa, antiestatista e internacionalista. De ahí lo de “humano”. Ese es el sentido y significado de su supuesto “nacionalismo antinacionalista”.
Pero el andalucismo va mucho más allá. Era y es un movimiento de liberación global, nacional y popular, patriótica y de clase, antiimperialista y anticapitalista, que entronca con la tradición revolucionaria de los movimientos de liberación nacional de los pueblos colonizados. La propia denominación del movimiento conformado como expresión política de aquel andalucismo lo subraya: Junta Liberalista. Ese término, “liberalista”, es adoptado como sinónimo de liberación.
El Partido Andalucista
A  finales de los sesenta surge un grupo político en nuestra tierra con el nombre de Alianza Socialista de Andalucía (ASA). Un pequeño colectivo formado fundamentalmente por profesionales liberales urbanos en torno a la figura y el liderazgo de Alejandro Rojas Marcos, miembro de una opulenta y tradicional familia de la burguesía industrial sevillana, y que ya había demostrado su capacidad de oportunismo político llegando a presentarse y ejercer como concejal “por el tercio familiar” durante la Dictadura, lo cual, por cierto, conllevaba jurar lealtad a Franco y a los “Principios Fundamentales del Reino”. La constitución fascista.
ASA era un grupo más, como tantos constituidos en el tardofranquismo, cuyas aspiraciones no iban más allá del establecimiento de una democracia formal equiparable a las europeas contemporáneas. Un colectivo que, como todos ellos, apenas pasaba de ser algo más que un grupo de amigos, sin presencia en la calle, y menos aún influencia en las clases populares. Que no os despiste lo de “socialista” y lo de “Andalucía”, que no eran más que sinónimo de reformismo y regionalismo.
En el día a día de la lucha antifascista sólo existían los comunistas, el PCE y los grupos marxistas a su izquierda, así como algunos colectivos libertarios. El hecho de que la calle fuese un monopolio de la izquierda fue lo que impulso a muchos de estos grupos a adjetivarse como “socialistas”. Socialismo equivalía a “izquierda moderada”, a progresismo reformista que en lo social no iba más mas allá de las propuestas de “capitalismo con rostro humano” defendidas por una socialdemocracia centroeuropea que tras la II Guerra Mundial abandonó el marxismo, quedando reducida, ideológicamente y en sus metas, a un mero social-liberalismo.
En cuanto a lo de “Andalucía”, no poseía más connotaciones que la de delimitación territorial de actuación. Dado que el espacio político del “socialismo democrático” estatal ya estaban copados por el PSOE y el PSI (Partido Socialista del Interior, posteriormente Partido Socialista Popular), diversos colectivos adoptaron la cuestión territorial como forma de búsqueda de espacio propio. En lo político, su defensa del territorio no pasaba de un mero regionalismo. Una defensa de descentralización de gestión regulada a través de “estatutos de  autonomía”. Así, ASA presentó su propuesta de “estatuto de autonomía” para Andalucía como proyecto estrella.
El autonomismo de ASA no tenía nada que ver con el pasado, con el andalucismo histórico. No era un intento de continuación del proyecto infantista. De hecho aquellos “socialistas andaluces” incluso ignoraban, al principio, la propia existencia de Blas Infante y la del mismo andalucismo histórico. Blas Infante y el andalucismo no fue el origen de ASA sino algo con lo que ASA se encontró con posterioridad y que puso al servicio de su proyecto reformista y regionalista, como una especie de mitología originaria necesaria para justificarlo.
El descubrimiento de Blas Infante y el andalucismo, así como su utilización como basamento mitológico justificativo de un proyecto político sin relación real alguna con ambos, conllevó el inicio de una nueva etapa, con la transformación de ASA en el Partido Socialista de Andalucía (PSA), tras la muerte del Dictador. Un partido que mantendría inalterada la misma ideología reformista y regionalista de ASA pero ahora amparada en la figura de Infante y envuelta en un andalucismo cuya relación con el original no sobrepasaba su propia denominación, así como en la adopción como propia de la simbología andalucista: bandera, himno, etc.
En un principio, al reclamo de esos símbolos y en la creencia del carácter andalucista y socialista de su proyecto, muchos andaluces bien intencionados se unieron a él. El PSA llegó a contener a sectores obreros apreciables y a poseer incluso tendencias revolucionarias en su seno. Pero sus dirigentes siempre supieron detentar el poder y anular cualquier intento de que el partido se convirtiese en algo más que una herramienta al servicio de sus ambiciones.
El PSA pudo haber sido el instrumento político de la liberación de Andalucía y del pueblo trabajador andaluz en la segunda mitad de los setenta. Todo le era favorable. Le hubiese bastado con impulsar el movimiento espontáneo surgido en torno a las manifestaciones de aquel 4 de diciembre y haber mantenido en pie aquella rebeldía popular. En cambio, sus líderes lo sumergieron en el juego de la transición y del autonomismo. EL PSA llegó a ser un elemento clave para el régimen, en aquellos años, a la hora de controlar y desmantelar el espíritu del 4D, así como para el triunfo y asentamiento del sucedáneo autonomista del 28F.
Andalucismo y Partido Andalucista
El Partido Socialista de Andalucía (PSA), posteriormente Partido Socialista de Andalucía - Partido Andaluz (PSA-PA), y finalmente simplemente Partido Andalucista (PA), nunca ha sido un partido realmente andalucista, aunque su nomenclatura y simbología lo aparentase, y sus bases lo creyesen, fruto de una obvia ignorancia ideológica. Sus dirigentes nunca han aspirado ni pretendido que el PA fuese algo más que una organización regionalista utiltarista. Basta con realizar una comparativa entre lo que Infante y el andalucismo pretendía y defendía con las ideas y propuestas del PA para comprobar las abismales e insalvables diferencias.
Aunque pudiese parecer una afirmación contradictoria, cuando pasó a denominarse como PA, con ello simbolizó el final de toda relación con el andalucismo y cualquier grado de engarce con él. No es que fuese entonces cuando lo abandonó, pues nunca llego a adoptarlo más allá de en lo aparente y superficial, sino que a partir de entonces mostró abiertamente su carácter regionalista, interclasista y conservador. La exclusión de la “s”  supuso su visualización.
¿Cómo va a ser andalucista un partido que nunca ha enarbolado la Constitución Andaluza como propia, ni la ha convertido en base de su proyecto político? ¿Cuando algún dirigente del PA ha afirmado de sí y su partido, como lo hizo Blas Infante,  que aspiraban a una “Andalucía soberana constituida en democracia republicana”? ¿Cuándo en un documento del PA se ha declarado algo semejante a lo escrito por aquellos andalucistas en el Manifiesto de la Nacionalidad, sobre “hacer efectiva la prescripción del artículo primero de la Constitución Andaluza… que aspiraba a constituir en Andalucía una democracia soberana y autónoma”?
El PA tampoco ha sido nunca un partido nacionalista andaluz. ¿Cómo va a ser nacionalista andaluz un partido en el que incluso el mismo uso público del término “nación”, en referencia a Andalucía, ha sido considerado “radical” hasta hace unos años? ¿Cómo va a ser nacionalista andaluz un partido en el que el hablar de  “soberanía andaluza” aún hoy es tabú, no digamos ya su pública defensa y la apuesta por una República Andaluza? ¿Cómo va a ser nacionalista andaluz un partido que siempre ha defendido la españolidad de los andaluces, así como la existencia de la compatibilidad entre ambas identidades en el seno de nuestro pueblo?. De la cuestión social y del socialismo andaluz ni hablamos. No hay nada acerca de lo que debatir al respecto en, al menos, los últimos treinta años del  PA.
Un “andalucismo” y un “nacionalismo” reducidos a la adopción de símbolos como la bandera el himno o la figura de Infante, y a vaguedades como el “sentirse orgulloso de ser andaluz”, la defensa de un autonomismo “de primera”, la no discriminación de Andalucía con respecto a otras “comunidades autónomas”, el ser una organización formada por andaluces y con una estructura territorial andaluza, o el velar exclusivamente por los intereses andaluces, no es andalucismo ni nacionalismo andaluz, solo es catalogable como regionalismo andaluz.
¿El final del andalucismo o el del regionalismo andaluz?
Consecuentemente, lo que actualmente agoniza, aquello que se va a dar por finiquitado el 12 de septiembre, no es la versión actual del “andalucismo político”, algo que el PA nunca fue y que sólo representó por suplantación de la denominación, sino la del regionalismo andaluz contemporáneo. Y precisamente ha sido el poseer ese ideario y esas estrategias meramente regionalistas lo que le ha arrastrado hasta su desaparición, no su inexistente “andalucismo”. Es cualquier forma de regionalismo andaluz, no el andalucismo, lo que ya no tiene cabida ni hueco en nuestra tierra. Y mucho menos aún futuro.
Al dejar su “andalucismo” reducido a un mero regionalismo andaluz, este ha sido fácilmente absorbible por los partidos estatalistas. Con ninguno de ellos entraba en contradicción con sus principios y proyectos el asumir una bandera, un himno, la “a” en sus siglas, etc. También ellos podían argüir que sus dirigentes eran autóctonos y enarbolar la defensa de nuestros intereses autonómicos dentro del sacrosanto Estado único, y ese victimismo crónico que siempre miraba al vecino vasco o catalán como culpable pero nunca a España. Así lo hicieron y dejaron al PA sin espacio político distinguible ni argumentarlo diferenciador. Todos ellos se envolvieron en la bandera, alababan a Infante y se rasgaban las vestiduras ante toda supuesta discriminación con respecto a otras “comunidades autónomas”, dejando al PA políticamente desnudo.
Pero lo que nunca han adoptado ni podrían adoptar como propios es el ideario andalucista real y un nacionalismo andaluz coherente. ¿Os imagináis al PP, el PSOE, IU, Ciudadanos, Podemos, etc. asumiendo y proclamando la defensa de una Andalucía soberana constituida en democracia republicana? Un pueblo trabajador andaluz en plena posesión y ejercicio de su soberanía a través de una República propia de carácter democrático-popular es totalmente inaceptable para cualquier proyecto españolista, sea “nacional” o estatal, pues lo impide y excluye.  Ese espacio político nunca podrían cubrirlo, de ahí que el interés de todos ellos radique  en impedir su desarrollo. Todo avance andalucista conlleva un retroceso equivalente del españolismo.
¿Refundación del andalucismo?
El final del PA, el lógico y esperable fin de un regionalismo andaluz que ya carece de utilidad práctica para el Sistema, que lo tiene más que amortizado, habiendo contribuido en gran medida al mantenimiento de la alienación de nuestro pueblo y la dependencia de nuestro país, así como a taponar el reforzamiento de un andalucismo verdadero que revertiese dicha situación, está conllevando el que se hable de la necesidad de la “refundación del andalucismo”, como si el PA lo hubiese representado alguna vez y con su desaparición el “andalucismo político” quedase huérfano de organización.
Si por “refundación del andalucismo” se sobreentiende volver a reeditar un conjunto de ideas regionalistas y proyectos reformistas semejantes a los representados hasta ahora por el PA y otros colectivos “andalucistas” que no han superado aún el autonomismo y esta “democracia”, pero envueltos en nuevas formas de expresarlas y exponerlos (municipalismos, federalismos, democracias participativas, etc.) o en diferentes formas organizativas (movimientos más abiertos, menos estructurados, etc.), significa que no se ha entendido nada. Todo regionalismo andaluz, sea de carácter más “progresista” o “moderado”, está de antemano condenado al fracaso. Esos espacios están ya ocupados, sea por el viejo españolismo y estatalismo de siempre (PP, PSOE, IU, etc.) o el renovado y actualizado (los podemos, ganemos, ahoras, etc.)
Si por “refundación del andalucismo” se sobreentiende la construcción de un movimiento que rechace la senda regionalista y reformista del PA. Que retome el proyecto de liberación global, nacional y social, propugnado por Blas Infante y defendido por el andalucismo histórico, esa “refundación” ya se produjo en los noventa con el surgimiento de la izquierda independentista andaluza. En ella se deposita, renueva y pone en marcha la continuación del proyecto en su integralidad; en sus aspectos soberanistas, populares y nacionales, y en los anticapitalistas. Independencia y socialismo es la traducción al lenguaje de hoy de la Andalucía libre infantista.
Todo nuevo proyecto político andaluz, se llame como se llame, sean cuales sean su intenciones manifestadas, sean quienes sean los que lo impulsen y sean cuales sean sus trayectorias, si no es nítidamente antisistema, o sea, soberanista, antiespañol y anticapitalista, si no propugna sin ambages la ruptura con el régimen actual, si no niega abiertamente su Estado, su autonomismo y su "democracia", si no rechaza toda construcción social y económica que no se asiente sobre bases socialistas, y todo ello no solo en su teorización y metas finalistas, sino en sus praxis, ámbitos de actuación y estrategias, tanto genéricas como concretas, no es ni llegará nunca a formar parte del “andalucismo político”, tan siquiera es o será algo realmente “nuevo”, sólo constituirá otra reedición remozada del PA y, como tal, llamado a desempeñar el mismo papel de siervo del españolismo y a sufrir idéntico fracaso y final.

Francisco Campos López
La Otra Andalucía http://www.laotraandalucia.org/node/3215

20 julio, 2015

PODEMOS POR EL 143

                                                 Imagen: Viva Jerez

22 marzo, 2015

ANDALUCIA,TIERRA Y CULTURA

Andalucía, tierra y cultura

Amanecía el esperanzador 28 de febrero de 1980 cuando con algo más de veinte años me dirigía al barrio cordobés de las Moreras para estar en una mesa electoral. Las Moreras de los años ochenta estaba habitado por familias humildes que vivían en pequeñas casas “portátiles”, aquellas casas “provisionales” que acogieron a varias generaciones. Una abuela gitana del barrio, enlutada, de pelo blanco y un moño perfectamente recogido, fue a votar. Ante la urna, el presidente de la mesa le pidió el carnet de identidad con la mala suerte que se le había olvidado. Se marchó a duras penas ante su falta de movilidad. Lo mejor del día fue cuando poco antes de cerrar el colegio electoral, María se presentó renqueante con carnet en la mano y papeleta para votar por su Andalucía, por su tierra y su gente. Ese instante representó para mí lo mismo que aquel domingo 4 de diciembre de 1977 cuando con la blanquiverde participé en la multitudinaria manifestación de Córdoba para exigir al Gobierno que nos reconociera con los mismos derechos que Cataluña o el País Vasco a través del artículo 151 de la Constitución.

Después de 35 años el pueblo andaluz volverá a votar en un momento social y político muy delicado. Una realidad que requiere la reflexión que hizo Blas Infante en el Ateneo de Sevilla en 1914 con estas palabras: “Este es el problema: Andalucía necesita una orientación política, un remedio económico, un plan cultural”.

Todas las personas que se presentan al Parlamento andaluz deberían prometer ante el estatuto de Andalucía que reconocen a esta tierra, preñada de cultura e historia, como una nacionalidad histórica, y que dignificarán a sus gentes luchando contra la pobreza, el paro y las desigualdades. Posiblemente, con este primer filtro las listas electorales quedarían bastante menguadas. Aún hoy nos llegan de fuera diciendo que nos quieren enseñar a pescar, enseñar a un pueblo que en palabras de Antonio Gala: “fue literalmente el ombligo de un orbe y cuya aportación a la cultura occidental sólo la de Atenas puede parangonarse”.
Miguel, un joven licenciado en la universidad pública, está deseando encontrar un trabajo para regresar de Alemania y enriquecer a su tierra con su inquietud juvenil y su formación intelectual. Dolores, autónoma, está esperando poder abrir su pequeño negocio en el que tenía contratadas a dos mujeres. Nuestros mayores Trini, Antonia, Pedro…, se nos “fueron” antes de que sus familias recibieran la comunicación de tener  derecho a una prestación por su situación de dependencia. Manuel, ejemplo del pequeño-mediano empresario honrado y emprendedor, lleva varios meses esperando que su banco de toda la vida deje de pedirle papeles para concederle un crédito con el que abrir una nueva línea de negocio.
Pepe, un joven criado en un barrio que padece la exclusión social, ha visto como sus abuelos, sus padres y sus hijos siguen siendo víctimas de una política que no ha terminado con las alarmantes cifras de la exclusión social. Sus abuelos engrosaban aquel 30% de pobres que padecía Andalucía en 1998, sus padres, en pleno crecimiento económico de 2004, formaban parte de los 2.5 millones que estaban bajo el umbral de la pobreza, y él con su familia es víctima de una nefasta política, llamada crisis y recortes, que al día de hoy condena a 3.2 millones de andaluces/as a la pobreza y exclusión social mientras los rescates bancarios nos cuestan millones y millones de euros.
En casa de Manoli no entra un euro desde hace varios años y se le cae la cara de vergüenza de hacer colas ante la Cáritas parroquial de su barrio para que le den una bolsa de comida. Antes tuvo que pasarse por su Centro Cívico para que la trabajadora social certificase su estado de pobreza y hacer todo un periplo por diferentes parroquias para que certifiquen que de ellas no recibe alimentos. La Administración pública certifica la pobreza y la iglesia hace la obra de caridad. Stop desahucios la está ayudando para que no la echen de su casa.

Enrique, parado tres años, es uno de los que están en el fatídico número millonario 1.396.000 parados de la EPA (Encuesta de Población Activa). Hace chapuzas para un empresario que se lucra de la economía sumergida que en Andalucía se eleva a 40.500 millones de euros (el 29% del PIB andaluz).
Nuestro entrañable y querido Diamantino García Acosta, el cura jornalero e incansable luchador por la justicia social, decía hace años que los derechos humanos andan torcidos. Sólo la ciudadanía puede enderezarlos desde la calle, el trabajo, el compromiso y el voto que lleve al Parlamento y al Gobierno andaluz a personas que conocen y quieren a su tierra, personas que no hacen de la política una profesión, personas dispuestas a combatir el empobrecimiento dignificando a sus gentes, y personas que se les humedecen sus ojos cuando entonando el himno de Andalucía exclaman: ¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad!
                                                                                     Córdoba, 9 de marzo de 2015
                                                                                      Miguel Santiago Losada .Profesor
 

17 enero, 2014

ALGUNAS SUGERENCIAS DE CINE SOCIAL

40 películas de cine social que no debes perderte

40 películas de cine social que no debes perderte
“El cine en España entra en pánico tras la peor taquilla de su historia”. Así titulaba El País esta funesta noticia el pasado 18 de junio. Sin duda, vivimos malos tiempos para la lírica. La crisis, la pérdida de poder adquisitivo y el impacto de la subida del IVA cultural del 8% al 21% ha supuesto un terrible mazazo para las industrias culturales en general, y para el cine en particular[1], convirtiendo a España en “uno de los únicos países de la zona euro donde no se aplica el IVA reducido en los ingresos en las actividades culturales, como el cine, eventos de música en vivo y teatro” (Eldiario.es, 11/12/2012).
Esta subida del IVA está acarreando diversas consecuencias: reducción de la diversidad cultural y de las inversiones en todo el sector, destrucción de puestos de trabajo, aumento de la piratería…
Pero esta historia de terror para el cine se empezó a fraguar hace algunos años… Ya en marzo de 2008 Público desvelaba las cifras ofrecidas por el Ministerio de Cultura y nos encontrábamos con los primeros signos de la asfixia: “El cine perdió 9 millones de espectadores en 2008”. La crisis económica había llegado al cine. Y aunque algunos “visionarios” como Pedro Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales (Fapae), afirmaron por aquel entonces que el 2009 sería un “año magnífico para nuestro cine”, 4 años después estamos asistiendo al cierre de salas, a la quiebra de productoras y distribuidoras y a la desidia más absoluta de gran parte de la población. ¡Cómo si nos pudiéramos permitir el lujo de perder cultura!
Y si bien es cierto, como se apuntaba anteriormente, que la piratería ha hecho mucho daño a la industria del cine también lo es que no se han buscado alternativas y que el Estado no ha realizado una verdadera apuesta por la cultura, sino más bien por su desmantelamiento. De hecho, un estudio elaborado por la auditora Price Waterhouse sobre la industria cinematográfica demostró que un IVA del 10% generaría más ingresos que el actual tipo del 21%.
Y ante todo este tumulto de cifras creo que es necesario e interesante hacerse un par de preguntas:
  1. ¿Qué tipo de cine queremos?
  2. ¿Qué responsabilidad tenemos los espectadores y espectadoras con el cine y cuál es nuestro compromiso social respecto a la cultura?
Habría que empezar diciendo que la crisis nos ha confrontado de repente con un cambio de época que conlleva un cambio de pautas de consumo y de paradigmas. Y en estos momentos oscuros para gran parte de la población e inciertos para otra parte, los recortes en cultura pasan a verse como un mal menor comparándolos con los recortes en educación o sanidad y en todo caso se recurre al entretenimiento como tabla de salvación para alienarse durante un rato y aislarse de los desahucios, de la corrupción, de la prima de riesgo, del aumento del paro, de la última víctima de la violencia machista, de la pérdida de derechos laborales
Escena de “El Gran Dictador”, con Charles Chaplin. Fuente: cinebelicoalternativo.blogspot.com
Pero esa tabla de salvación tiene un lado siniestro: la trivialidad y la superficialidad en las pantallas nos alejan de la acción. Y por desgracia esa superficialidad tiene mucho éxito.  No en vano, algunas de las películas más taquilleras en el Estado español en lo que llevamos de año han sido El hombre de acero, Fast & Furious 6,  Resacón 3, After Earth El mensajero, entre otras.
¿Y qué sucede con el cine social que se preocupa por los problemas del momento? ¿Acaso hemos perdido la capacidad de pensar? ¿Nos incomoda todo aquello que nos cuestiona y solamente nos dejamos mecer por la banalidad y el espectáculo? ¿El cine es solamente una distracción o debe tener una función social que contribuya a la construcción de un mundo más justo para todas/os?
La reflexión será larga, pero lo que sí podemos ver con claridad si apartamos por un momento los ojos de la vorágine mediática es que si dejamos morir el cine, dejamos morir un arte y silenciamos a un gran testigo de la historia, pero también dejamos morir una parte del futuro, porque tal y como decía Simón Bolívar, “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.
Por ello, para tomar conciencia y sensibilizarnos con lo que pasa a nuestro alrededor, en nuestro mundo, aquí tenéis 40 recomendaciones de cine social (acompañadas de guías didácticas y otros recursos interesantes) que nadie debería perderse para disfrutar este verano en sala, en casa o al aire libre, sin olvidar aquel estupendo estribillo de Luis Eduardo Aute: “Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son”.
  1. Erin Brockovich (2000), de Steven Soderbergh
  2. Ser y tener (Être et avoir) (2002), de Nicolas Philibert
  3. Pan y rosas (2000), de Ken Loach
  4. Te doy mis ojos (2003), de Icíar Bollaín
  5. En tierra de hombres (North Country) (2005), de Niki Caro
  6. El color púrpura (1985), de Steven Spielberg
  7. La lengua de las mariposas (1999), de José Luis Cuerda
  8. En el mundo a cada rato (2004)de Patricia Ferreira, Pere Joan Ventura, Chus Gutiérrez, Javier Corcuera y Javier Fesser
  9. Mi nombre es Harvey Milk (2008)de Gus Van Sant
  10. Los olvidados (1950)de Luis Buñuel
  11. El Cairo, 678 (2010), de Mohamed Diab
  12. Una jornada particular (1977), de Ettore Scola
  13. Las mujeres de verdad tienen curvas (2002), de Patricia Cardoso
  14. Amores perros (2000), de Alejandro González Iñarritu
  15. Slumdog Millonaire (2008), de Danny Boyle y Lovellen Tandan
  16. Los chicos están bien (2010), de Lisa Cholodenko
  17. El gran dictador (1940), de Charles Chaplin
  18. Las tortugas también vuelan (2004), de Bahman Ghobadi
  19. Promises (2001), de Justine Shapiro, B.Z. Goldberg y Carlos Bolado
  20. Philadelphia (1993), de Jonathan Demme
  21. Evelyn (2011), de Isabel de Ocampo
  22. Radio favela (2002), de Helvécio Ratton
  23. El domingo si Dios quiere (Inch’Allah dimanche) (2001), de Yamina Benguigui
  24. Roma, ciudad abierta (1945), de Roberto Rossellini
  25. Billy Elliot (2000), de Stephen Daldry
  26. Los espigadores y la espigadora (Les glaneurs et la glaneuse) (2000), de Agnès Varda
  27. Veronica Guerin (2003), de Joel Schumacher
  28. La voz dormida (2011), de Benito Zambrano
  29. Pa negre (2010), de Agustí Villalonga
  30. Rebelle (2012), de Kim Nguyen
  31. Welcome (2009), de Philippe Lioret
  32. Generación robada (2002), de Phillip Noyce
  33. Persépolis (2007), de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud
  34. A ciegas (Blindness) (2008), de Fernando Meirelles
  35. Madame Brouette (2002), de Moussa Sene Absa
  36. La vendedora de rosas (1998), de Víctor Gaviria
  37. Bowling for Columbine (2002), de Michael Moore
  38. Frozen River (2008)de Courtney Hunt
  39. El señor Ibrahim y las flores del Corán (2003), de François Dupeyron
  40. El patio de mi cárcel (2008), de Belén Macías
Fuente: 
Foto de portada: escena de la película Persépolis obtenida del blog muirisoconnor.wordpress.com
Artículo original procedente del Blog Cristianisme i Justícia