Bajo
el título de “la Juventud Comunista de Sevilla defiende una semana
santa de cultura popular y sin privilegios” las juventudes del PCE de
Sevilla han emitido un sorprendente y aberrante comunicado, que podéis
leer en la web de la UJCE de Andalucía (www. jcandalucia.org), en el que
defienden la Semana Santa como “espacio de convivencia” y de
“solidaridad obrera”.
El comunicado comienza afirmando que “la Semana Santa ha sido y es un
espacio de convivencia del pueblo sevillano desde hace siglos, siendo
predominantes en él el compañerismo y la solidaridad obrera, pero desde
el franquismo, el conservadurismo de la ciudad se ha apropiado de esta
expresión popular, de la que han intentado expulsar a todo lo que no
huela a ellos. La cultura del pueblo sólo pertenece al pueblo, no a los
sectores más adinerados y rancios de la ciudad”.
Estos jóvenes “comunistas”, por tanto, catalogan una celebración
religiosa, impuesta al pueblo trabajador andaluz como elemento de
humillación, sometimiento y alienación, como “espacio de convivencia del
pueblo”. El pueblo no ideó ni escogió libre y espontáneamente la Semana
Santa. Fue obligado a participar en ella, como en otras celebraciones y
actuaciones que hoy algunos deniminan como "cultura popular". Durante
siglos, todo aquel que no hacía pública ostentación de religiosidad
católica era sospechoso y corría riesgo de detención por la Inquisición.
Y ya se sabe lo que esto significaba: expropiación de bienes, carcel,
tortura y muerte. Ese es el origen de la gran participación popular en
la misma, así como de tan exacerbada, exuberante y exteriorizada
exhibición devocional, la conservación de la vida y la hacienda. Mostrar
y demostrar que se era "adicto al régimen".
Nunca ha sido una fiesta del pueblo trabajador andaluz sino contra el
pueblo andaluz. Como tal fue concebida y se mantiene. No la hizo
reaccionaria el franquismo, es reaccionaria per sé. El que el pueblo la
haga suya, no es necesariamente un signo o prueba de que la misma sea
una fiesta popular. En este caso lo es de las consecuencias de siglos de
represión y condicionamiento social. Y lo único que alguna vez ha
tenido de "compañerismo" y "solidaridad obrera" se encontraba entre
aquellos estibadores portuarios que hasta hace unos decenios, y a cambio
de una remuneración, portaban las imágenes bajo los pasos para disfrute
de sus opresores.
Pero ahí no queda la cosa, estos “revolucionarios” continúan
realizando otras afirmaciones aún más absurdas. Según ellos, “los
comunistas no hemos sido ajenos a esta tradición. Cabe recordar que en
1932, los sectores conservadores de la ciudad intentaron boicotear la
fiesta para que ninguna cofradía saliese a la calle, y el pueblo creyese
que la República prohibía la Semana Santa. Fue la Hermandad de la
Estrella (*) (“que es del pueblo, al pueblo se debe, que es tanto como
decir que se debe al Régimen constituido legalmente; es decir, a la
República”, rezan sus archivos) quien salió a la calle, ganándose así el
sobrenombre de La Valiente”.
Si en los años treinta un comunista hubiese defendido públicamente
esta visión de la Semana Santa habría sido expulsado del PCE por
mentalidad pequeñoburguesa y planteamientos socialdemócratas. Los
comunistas y los obreros concienciados de la época eran completamente
ajenos y radicalmente contrarios a la Semana Santa. Una cosa es que
aquellos comunistas respetasen la religiosidad personal y colectiva, asi
como sus manifestaciones, y como tal acto de respeto las tolerasen e
incluso amparasen, y otra muy diferente que un comunista la compartiese.
Prueba de ello ese mismo ejemplo de La estrella. Además, como el propio
texto que incluyen subraya, tras esas salidas procesionales había un
trasfondo político, razón por la que aquellas clases populares
reaccionaron como lo hicieron, con independencia de motivaciones de
religiosidad inculcadas e inducidas por las clases dominantes, que no
originadas en la propia y libre voluntad popular.
Y ahora viene “la alternativa revolucionaria” a la actual Semana
Santa ofertada por los jóvenes del PCE: “La UJCE Sevilla plantea su
desacuerdo en la opulencia de la festividad pagada con el dinero de
todos los contribuyentes, destinado además a instituciones tan opacas,
machistas y retrógradas como la Iglesia Católica (…) ¿No sería mejor que
ese dinero lo gestionaran directamente las hermandades de forma
transparente?”. Además de la propia ridiculez de la propuesta, aquí ya
no sólo denotan su desconocimiento de la filosofía marxista y del pasado
de nuestro pueblo, sino de la propia realidad. La que controla la
economía de la Semana Santa no es directamente la Iglesia sino esas
hermandades, que, por cierto, forman parte de dicha Iglesia, a la que
están sometidas. Lo cual no significan que no sea la benefiaciaria
financiera, junto a las élites empresariales. Por cierto que son estas
hermandades tan “populares” las responsables de esa “opulencia” que
tanto critican. Curiosamente la estructura eclesial es refractaria a
ella.
Si queríais un ejemplo del grado de degradación ideológica alcanzada
por el PCE, este comunicado constituye una muestra palpable. Que un
colectivo que se autodenomina “comunista” y que, por tanto, se supone
que asienta sus análisis sobre el materialismo histórico y en el
dialéctico, realice este tipo de declaraciones o las permita, demuestra
hasta qué extremo este partido ya sólo conserva de comunista su
nomenclatura.
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Las UJCE de Sevilla terminan su comunicado señalando, como ejemplo de
actitud comunista ante la Semana Santa, el que “en 1978 el poeta
gaditano Rafael Alberti, militante del PCE, escribía unos versos sobre
la Macarena y el Baratillo (*) que hacían tirarse de los pelos a la
prensa conservadora sevillana. Con estos dedicados a la Esperanza de
Triana (*) resume muy bien el pensamiento de muchos sevillanos: Flor del
vergel sevillano, sangre de tu santa tierra, de la paz, no de la
guerra, jamás de Queipo de Llano”. Estos versos, aunque evidentemente no
se trata de ningún manifiesto ideológico, sólo de un ejercicio
literario que intenta utilizar la temática religiosa para verter ideas
antifranquistas, no constituyen un ejemplo de actitud comunista sino de
todo lo opuesto. Muestra las altas cotas de desviacionismo ideológico ya
alcanzadas por entonces en el PCE. Alberti no era un militante más. Era
miembro de la Dirección del partido.
(*)
Nota: cofradias y vírgenes sevillanas.
Fuente: La Otra Andalucía